El Comercio

«Sin esa infancia no tendría madurez», dice la niña de Aldeas Infantiles

Por la izquierda, María José González, Siddhartha Kaul, Isabel Hevia, Pedro Puig y Raquel López.
Por la izquierda, María José González, Siddhartha Kaul, Isabel Hevia, Pedro Puig y Raquel López. / M. ROJAS
  • Raquel López, que creció con la oenegé, narró su experiencia en un coloquio sobre la organización en la Universidad de Oviedo

Acoger a un niño no es solo meterlo en casa. Es ayudarlo a que crezca. Es darle cariño y consejo. Es mantenerlo con sus hermanos e intentar que se mantenga con su familia biológica. Llevan 70 años en esa labor y piden colaboración para seguir haciéndolo, además de más atención de las autoridades. Ese fue el mensaje que transmitieron ayer los participantes en un coloquio sobre Aldeas Infantiles que se celebró ayer en el Paraninfo de la Universidad de Oviedo. La protagonista del encuentro fue Raquel López, tinerfeña acogida junto a su hermana por la organización y hoy licenciada en ADE y empresaria junto a otros compañeros de infancia, que recuerda como plena, estructurada y normal.

«Viviendo lo que he vivido, se me ha dado la oportunidad de jugar y desarrollarme de manera cómoda. Sin esa infancia, no tendría madurez para poder tomar ciertas decisiones», relató. «Sigo recibiendo ayuda día a día y estoy agradecida. Cuando quiero algo, tengo un hermano para cada cosa, y nos reunimos por los cumpleaños y todas las Navidades en el hogar».

Por su parte, el dirigente nacional de Aldeas Infantiles, Pedro Puig, empezó su intervención recordando un dato demoledor: «En España casi 1 de cada 3 niños está en riesgo de pobreza, viven con menos de 11 euros y medio al día». Sus actuaciones van en tres líneas de trabajo: dar una familia a los niños que no la tienen o no pueden estar con la suya, reforzar a las familias en situación de riesgo e intentar convencer a los gobiernos para que pongan las necesidades de los niños en su agenda de prioridades. «Lo importante es que el niño sea feliz día a día».

Puig también recordó que realizan programas de formación en los colegios. En la actualidad, uno sobre respeto y convivencia, para combatir el acoso escolar. «Los niños que tenemos no son predelincuentes ni pre nada, que a veces hay ese prejuicio. Son niños», recalcó.

El presidente mundial de la organización, Siddhartha Kaul, repasó la historia de Aldeas Infantiles y subrayó que en la actualidad hay 220 millones de niños en el mundo que necesitan cuidado permanente. «No podemos decir 'es culpa de la guerra y ya está'», afirmó Kaul, que reconoció que se sienten «pequeños» ante el problema.

«Cuando los adultos, sobre todo los políticos, deciden sobre niños, no piensan a largo plazo. Los gobiernos han fracasado», declaró el presidente. Defendió que el problema de la pobreza infantil no es de falta de recursos, sino de voluntad política, porque «lo primero que recortan es en Sanidad y Educación, no en Defensa», insistió en el acto de la tarde. No obstante, gracias al Princesa, tendrán una «carta de presentación» que les «ayuda mucho». Por ejemplo en zonas de conflicto como Siria, donde están presentes desde hace 30 años. Se nutren de un 20 % de fondos públicos y un 80 % de donaciones privadas. María José González, asturiana afincada en Tenerife y madre de acogida de la oenegé, aseguró que para colaborar solo hacen falta «ganas de dar cariño y levantarse todos los días con ilusión, estar ahí, sentirlo». Considera que la experiencia no le ha hecho perderse nada, sino todo lo contrario: «A nivel personal he ganado mucho, he aprendido cada día con ellos».

El encuentro fue moderado por la profesora de Ciencias de la Educación de la Universidad de Oviedo Isabel Hevia, que fue planteando interrogantes en la conversación, y presentado por el rector, Santiago García Granda.