El Comercio

Teresa Salgueiro y sus horizontes prodigiosos

Teresa Salgueiro derrochó sensibilidad sobre las tablas del Teatro de la Laboral.
Teresa Salgueiro derrochó sensibilidad sobre las tablas del Teatro de la Laboral. / FOTOS: PURIFICACIÓN CITOULA
  • Ofreció un repertorio en el que hubo ecos de su paso por Madredeus, con atención particular a las composiciones propias de su último disco

  • La cantante lisboeta llenó de sensibilidad el Teatro de la Laboral vistiendo con alma contemporánea el fado ancestral

Como ha explicado con su voz dulce y apasionada en declaraciones a EL COMERCIO, Teresa Salgueiro (Lisboa, 1969) tiene profundas raíces en lo que llama la portugalidad musical, de la que forma parte indisoluble el fado. Y, dentro de este género, al que describe como la expresión de un lamento que no puede callar el corazón, su referencia fundamental y gigantesca es la de Amália Rodrigues.

Sin duda, esa enorme figura artística que la inspira abrió las puertas al universo de unas partituras melancólicas intransferibles, colmadas de dolor y amor. Pero de los magisterios excelentes suele ocurrir que broten ramificaciones de un signo igual de brillante.

El concierto que ayer ofreció Teresa Salgueiro en el Teatro de la Laboral ante 600 espectadores, antesala de la gira que la llevará por la rosa de los vientos de todo el mundo, fue una estampa sensible, poderosa, tierna, seductora, en la que se pudo adivinar que la noble admiración por los manantiales siempre encuentra cristalización en aquellos que se inundan de las mejores herencias.

Regaló con quince minutos de retraso sobre el horario previsto la cantante lisboeta que fuera el timbre vocal de Madredeus un repertorio en el que tuvo cabida la feliz memoria de aquel grupo emblemático, sumando o multiplicando la singular aventura que ha emprendido a partir de los principios de esta década, cuando se decidió a desvelar 'O mistério' e hizo revelaciones milagrosas con letras propias. Así que la demora estuvo perdonada desde la primera sílaba cantada con una voz que es pura transparencia. Y más que eso cuando, tras la segunda canción, hizo declaración de alegría por estar de nuevo en España «y en esta bellísima ciudad de Gijón».

Pero la novedad principal que trajo vino desde la delicada geometría que ha escrito y pautado en su reciente creación discográfica, 'O horizonte', lo que también quiere decir que no hay raíces sin frutos, fado ancestral vestido de alma contemporánea. Pasado, presente y futuro. Lo desgranó al completo ante el público gijonés y lo explicó: 'O horizonte' remite a «un camino donde cumplir nuestros sueños».

Se ha dicho de manera llena de verdad que Amália Rodrigues poseía unas cuerdas vocales de soprano que incluso desbordaban las fronteras del fado. Un tributo a las dos riberas. Teresa Salgueiro logró en esta velada gijonesa, con una luz tenue en el escenario que procuraba una atmósfera íntima de taberna de Alfama, añadir ecos de bóveda a esas vertientes.

Por ejemplo, cuando cantó al inicio del recital: «É este afinal o encanto/Que determina o meu ser/Se nâo for amar tanto/De que me sirve viver?». Podría ser la quintaesencia. El horizonte de Teresa Salgueiro es el porvenir del fado. O sea, en palabras suyas, una invitación necesaria a la esperanza. Esa fe que transmitió mediante una elegancia y un talento exquisito a un público tan especial como ella misma. El prodigio de los horizontes compartidos. Y un colofón incendiado de aplausos.

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