«Siento que mi voz está contenta con Wagner»

Maribel Ortega, en el Teatro Campoamor de Oviedo.
Maribel Ortega, en el Teatro Campoamor de Oviedo. / MARIO ROJAS

La cantante jerezana lleva más de un año preparándose para debutar en Oviedo en el personaje de Brunilda en 'Siegfried'Maribel Ortega Soprano

M. F. ANTUÑA OVIEDO.

Es la encarnación de la antidiva. Maribel Ortega (Jerez de la Frontera, 1970) ha ido paso a paso forjando una sólida carrera en el mundo de la lírica que no para de ganar en envergadura. Ahora incorpora a su repertorio el papel de Brunilda en 'Siegfried', la ópera de la tetralogía de Richard Wagner que el próximo 6 de septiembre llega al Teatro Campoamor de Oviedo. Ilusionada, nerviosa, feliz... Y con los deberes hechos vive estas vísperas de ensayos.

-¿Cómo se siente ante un debut?

-Son emociones encontradas. Es como cuando te vas a casar y estás con los preparativos. Para mí este debut de Brunilda es muy importante, es un punto de inflexión. Llevo desde hace más de un año trabajando, de modo que el estreno será como un día de boda o un parto... Es algo que se va gestando poco a poco y con la sensación de que puede cambiar tu vida, puede significar un antes y después.

-Entiendo que los nervios afloran.

-Por supuesto. Es Wagner y siempre da un respeto enorme. Aunque no sé por qué, porque cuando me meto en la vocalidad y la música me siento encantada. Pero para mí significa muchísimo más trabajo en todos los sentidos. No es más difícil que cualquier otro compositor, pero la densidad orquestal que recibimos nos hace preocuparnos de cómo trabajar este mastodonte musical.

-Usted se ha preparado con un 'coach' en Alemania.

-En Múnich, con el maestro Richard Trimborn, un hombre que ha estado preparado a las mejores cantantes wagnerianas.

-¿Cómo se prepara un papel como este?

-Primero me estudié un fragmento para hacer una audición, luego di un vistazo a todo el papel, hice otra audición con el maestro Guillermo García Calvo (el director musical de esta ópera y de toda la tetralogía wagneriana en Oviedo) para ver qué opinaba. Antes había hecho un 'coaching' de alemán, con etapas muy intensas de trabajo, después hubo un parón por otros compromisos y más tarde retomé y me fui a Múnich.

-¿Le es difícil cantar en alemán?

-Es complicado memorizarlo, es un proceso de aprendizaje para que se acaben fijando las palabras a la acción y a la emoción.

-¿Es una especie de relación amor-odio con el personaje?

-El personaje, cuando le das tu voz y le metes en tu cuerpo, es muy agradecido, lo disfruto mucho, pero el proceso hasta llegar a esa felicidad, a ese éxtasis amoroso, es largo y difícil. Es como ponerte un pantalón estrecho, te cuesta, hasta que se adapta a ti. Es como decir: «Esto no va a entrar», pero al final te das cuenta de que es elástico.

-¿Las mayores dificultades?

-El idioma y cambiar la mentalidad, porque Wagner se canta de una manera diferente. Aunque la técnica sea la misma, requiere una serie de dinámicas y preparaciones que en otro personaje se abordan de otra manera.

-O sea, cambiar el chip.

-Sí. Una vez que lo pillas es muy enriquecedor. A mí me aporta satisfacción personal. Para mí era algo impensable.

-¿Por qué era impensable?

-Por mi historia personal. Llevo en el mundo de la ópera poco tiempo. Para mí es un sueño, en los últimos once años he tenido oportunidad de dedicarme a esto como solista y nunca pensé que Wagner pudiera entrar en mi repertorio. Y ahora me encuentro con él e intuyo que me va dar muchas satisfacciones. Me sorprende que mi voz se encuentre tan cómoda. En 2013 empecé a hacer alguna gala Wagner por el 200 aniversario de su nacimiento y la voz ha evolucionado de una manera que me sorprende. Siento que cuando canto mi voz está contenta. Esos pantalones engañan, no son tan estrechos (Risas).

-¿Qué tiene Wagner que engancha tanto?

-Es algo desconocido, que da respeto, pero, cuando lo vas conociendo, te va enamorando. A pesar de lo terrenal, a mí me conecta con mi parte más espiritual. Yo escucho la orquesta y levito.

-¿Cuáles son los retos del personaje a nivel actoral?

-Cuando se queda dormida es una diosa y cuando se despierta es una mujer. Y eso significa que puede sentir y puede amar. Creo que vive una transformación y pasa por una montaña rusa de emociones.

-Dos orquestas por primera vez en una ópera en Oviedo, la OSPA y Oviedo Filarmónia, y 106 músicos detrás de usted. Supongo que no es lo mismo para un cantante.

-Para nada. Debe ser abrumador sentir esa masa orquestal detrás de ti. Wagner requiere ponerte al servicio y compartir, pide trabajo en equipo.

-En Oviedo ha hecho 'La Valquiria', 'Nabucco', 'Turandot' y 'Norma'.

-Es como mi segunda casa. Me siento de la familia. El equipo humano artístico y técnico favorece la buena onda para trabajar. El teatro además es muy bonito, es mágico cantar aquí.

-¿Le quedan muchos papeles en los que debutar?

-Sí, me quedan muchos papeles. Entiendo todos los proyectos que me llegan como regalos. Y ya tengo dos para el año que viene en alemán, uno de ellos una 'Elektra' con la Orquesta Sinfónica de Galicia. Quiero seguir por este camino y espero que este 'Siegfried' me abra puertas.

-Es usted todo lo contrario a una diva del bel canto.

-Lo sé, soy natural.

-¿Pero sigue habiendo divismo en la ópera?

-Todavía queda algún coletazo de divismo, pero muy poco. Siempre me he encontrado con gente muy maja y cercana en la profesión. Hay que tener claro que esto es una labor de equipo y estar al servicio de la música. Es un privilegio estar en este mundo y estar en Oviedo para cantar la Brunilda.

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