El Comercio

El barrio gijonés de Cimavilla pide más Policía para controlar las despedidas de soltero

Un hombre, 'colgado' de un árbol de Prendes Pando en su despedida de soltero.
Un hombre, 'colgado' de un árbol de Prendes Pando en su despedida de soltero. / FOTO: AURORA_ROCIO
  • Adrián Arias, presidente de la federación vecinal, se muestra en contra de legislar: «Ya contamos con suficientes restricciones del espacio público»

A medio camino entre el beneficio económico y el denominado 'turismo de baja calidad', las despedidas de soltero son ya un elemento más del paisaje gijonés para alegría de unos y desgracia de otros. La gastronomía, la playa y el buen ambiente nocturno son solo algunos de los atractivos de una ciudad que trata de encontrar en el turismo la solución económica al paulatino cierre de la industria. Pese a que podría parecer que los hosteleros son los primeros interesados en este notable aumento de los viajes a la ciudad, la realidad es distinta.

Como muestra de ello, la Asociación de Hostelería Cimavilla, que aglutina más de veinte negocios del barrio alto, se muestra prudente al valorar este fenómeno. «Por nuestro barrio se concentran, tanto de día como de noche, muchos de los jóvenes que vienen a pasar el fin de semana de despedida de soltero. Ya lo hemos tratado en algunas reuniones y preocupa desde diferentes puntos de vista», destacan. La solución: aplicar la legislación vigente y acotar de cerca a los más problemáticos. «Que quede claro que no estamos en contra de ellas. No son un problema en sí mismas. El problema es de orden público con algunos individuos, por lo que pedimos más presencia policial en el barrio y, el que tenga un comportamiento fuera de la norma, que se le aperciba», sostienen desde la asociación.

Como ejemplo de la efectividad de esta medida, hacen referencia a una situación vivida la semana pasada, cuando un joven no paraba de gritar por un megáfono mientras él y sus compañeros tomaban una copa por la ciudad. «Cuando llevaba molestando un rato, vino un agente de policía y le dijo que moderara el tono. Que podía usar el megáfono pero que respetase ciertos límites. A la media hora, cuando regresó por el mismo sitio haciendo ronda, vio que el chaval seguía molestando de la misma manera y le cayó una multa. 200 euros que seguro que hacen que se lo piense para la próxima», sostienen. Los principales damnificados con la presencia de tanta fiesta descontrolada, asimismo, son los clientes habituales, que se ven desplazados por los visitantes y deciden cambiar sus hábitos de consumo en función de ellos. «El tema ya está legislado hay que aplicarlo. Que no se empiece a considerar que Gijón es ciudad sin ley», concluyen.

Otros de los agentes implicados en la ecuación son los vecinos. El presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos (FAV), Adrián Arias, pide calma ante el fenómeno y rechaza cualquier tipo de legislación ad hoc que trate de regular este tipo de viajes. «Su aumento exponencial durante estos últimos años es evidente, aunque no veo el motivo para alarmarse ni sacar la lectura fácil. Desde luego, hay que rechazar de plano cualquier tipo de regulación, ya que actualmente contamos con suficientes restricciones del espacio público en este país como para seguir añadiendo más», asevera el presidente vecinal. Pide, por tanto, que se eche mano del «sentido común» para que la convivencia y el equilibrio entre ocio y descanso sea el ideal. «Lo que no es de recibo es que con la excusa de las despedidas se limite la música en la calle o las fiestas de prau. Eso es peligroso», argumenta.

Media hora colgado

El último episodio que revolucionó las redes sociales fue el del novio que, el pasado sábado, fue 'colgado' de un árbol por sus compañeros de despedida de soltero en Decano Prendes Pando. La curiosa broma se perpetró tras almorzar y tomar unas copas en un restaurante cercano. Tras más de media hora en esa postura, sus propios compañeros se encargaron de descolgarlo. «Fueron una docena, pero no hubo queja con ellos», reconocen en el restaurante.

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