El «levantamiento arqueológico» de la loza de San Claudio

Ángel Argüelles y María Fernanda Fernández, ante una de las obras de la exposición sobre San Claudio que hay en el Arqueológico.
Ángel Argüelles y María Fernanda Fernández, ante una de las obras de la exposición sobre San Claudio que hay en el Arqueológico. / M. ROJAS

Ángel Argüelles y María Fernanda Fernández relatan cómo salvaron de la ruina el patrimonio industrial de la vieja factoría

D. LUMBRERAS OVIEDO.

En la fábrica de loza de san Claudio, en activo desde 1901 hasta 2008, había un conjunto industrial que «se ha quebrado para siempre», pero algo aún pervive: cómo se ha salvado del naufragio parte de ese patrimonio es lo que desgranaron ayer en una conferencia en el Museo Arqueológico el archivero Ángel Antonio Argüelles y la historiadora María Fernanda Fernández. Esta definió la vieja factoría como «un espacio único», tanto en Asturias como en España: no se conservaba en ninguna parte, hasta el cierre, una empresa similar con tanto material de tanto tiempo.

Argüelles explicó cómo accedió a San Claudio en 2001, en los últimos años de la polémica gestión de Álvaro Ruiz de Alda, con un declive ya irremediable. Hallaron un archivo «ruinoso» que se empleaba de trastero, con partes de suelo que habían cedido, en el que habían entrado las palomas y lleno de trastos en completo «desorden». Allí encontraron «un poco de todo» y con ello lograron hacer una primera aproximación de lo que había, un censo-guía.

La situación económica en la fábrica siguió deteriorándose. Entonces el Ayuntamiento, a instancias de los trabajadores, intentó que fuese declarada Bien de Interés Cultural (BIC). Un juzgado obligó a la propiedad a permitir la entrada de Fernández, quien junto a su marido Roberto Álvarez, elaboró dos informes. El primero se dedicaba al «espacio industrial», mayor al principio del que conocemos, porque, sin dejar de hacer siempre loza feldespática se fue transformando y adaptándose a las innovaciones, y ahí radica «su mayor interés».

A continuación, en unas condiciones complicadas por la falta de apoyo del propietario, la historiadora y su marido hicieron prácticamente un «levantamiento arqueológico». Sin desplazarlas, y valiéndose de la ayuda de una vieja libreta y de los diseñadores, catalogaron 9.726 piezas con las que se elaboraba la loza: moldes, matrices y modelos de colección desde 1902. «El expediente debería haber alcanzado» el grado de BIC «sin ningún genero de duda», lamentó la historiadora. Un trabajo que, explicó, fue «muy emocionante» y que le sigue interesando. Falta por escribir la historia humana; saber, por ejemplo, que al principio había mayoría de obreras.

Argüelles regresó a San Claudio en 2011 y se encuentró con que «estaba igual». A pesar de los pillajes de material, parece que los ladrones no se interesaron en coger nada del archivo. Relató cómo entraron en todas partes «y donde no pudimos forzamos», hallando dentro de una caja de caudales «libros de actas de 1936». La recuperación fue «oportuna» porque un incendio intencionado en 2014 arrasó el edificio.

Lo salvado se llevó al Archivo Histórico Provincial. No fue hasta mediados del año pasado cuando se logró catalogar y poner al público todo el material: 267 cajas de papeles y 43 carpetas con calcomanías, con documentación desde 1908 hasta los años 90. Ahora se está trabajando en el legado de quien fuera muchos años director artístico de la fábrica, Luis Fumanal Otazo.

La conferencia se enmarca en las actividades de la retrospectiva 'San Claudio. In memoriam', que acoge el Arqueológico hasta el 18 de febrero. De la exposición se publicará un catálogo.

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