«Nuestra guerra es contra las injusticias»

Adolfo Rivas en la sede de la Fundación VInjoy. /ÁLEX PIÑA
Adolfo Rivas en la sede de la Fundación VInjoy. / ÁLEX PIÑA

Adolfo Rivas, presidente de la Fundación Vinjoy. «Cuando vamos por la calle con personas con trastorno del comportamiento, la gente cruza de acera porque les tiene miedo»

ROSALÍA AGUDÍNOviedo

Es el cambio de clase en la Fundación Vinjoy. Adolfo Rivas (Barakaldo, 1963) saluda a los participantes en los diferentes cursos que tienen la institución por su nombre y les pregunta, «¿qué tal?», a lo que ellos le contestan que «bien» con una sonrisa en la boca. Este año, Rivas cumple dos décadas al frente de la institución y se le ve con más vitalidad que nunca.

–¿Cómo ha cambiado el centro en estas dos décadas?

–Llegué a la Fundación para cerrarla. Era muy pequeñita, con pocos trabajadores y once usuarios. Además, era un colegio para sordos y como la ley decía que los centros destinados a personas con sordera ya no existían, su rango de acción no tenía sentido. Hoy esta institución es el motor socioeducativo de Asturias.

–Y no solo trabajan la sordera...

–Tenemos también una línea para personas con discapacidad intelectual y con enfermedad mental y también tratamos los trastornos del comportamiento con menores en situación en riesgo social, menores en conflicto social,...

–¿Cuántos participantes traspasan cada día las puertas de la Fundación Vinjoy?

–Tenemos a 1.700 personas, que viven situaciones muy complejas. Nosotros no hacemos proyectos asistenciales, sino que les damos herramientas para que salgan adelante.

–¿La gente sigue relacionando la fundación como un centro dedicado a la sordera?

–Sí, aunque en este momento el mayor volumen de personas que tenemos son menores y jóvenes en conflicto social.

–¿Los participantes son todos asturianos o provienen de otras comunidades autónomas?

–Vinjoy quiere ser una institución de aquí. Se siente asturiana y, a pesar de las numerosas invitaciones de ampliación, nosotros solo colaboramos con otros centros.

–¿Les han invitado a llevar su trabajo a otras regiones?

–Sí, pero nosotros tenemos claro que Vinjoy nació en Asturias y va a seguir en la región. Primero el centro fue asilo de huérfanos, después un colegio provincial de sordos y hoy es el gran centro de intervención socioeducativa de Asturias.

–Siempre dice que el éxito se consigue porque todos se ayudan. ¿Estos valores se aprenden en casa?

–No. Para nosotros es esencial el planteamiento comunitario donde todos son protagonistas y todos caben. Sin ir más lejos, aquí las personas con discapacidad intelectual y que tienen un alto nivel creativo, pueden enseñar al resto y sus alumnos les acompañan el fin de semana porque no pueden ir solos.

–Uno de sus objetivos es que los participantes consigan un puesto de trabajo, ¿cómo lo logran?

–Depende. Tenemos alumnos de los ciclos que a los veinte días de acabar su formación están trabajando. Esta situación nos pasa en audiología protésica, que tenemos un índice laboral del cien por cien.

–¿Cuál es el caso más difícil con el que se han encontrado?

–No se puede comparar, pero yo suelo poner un ejemplo claro. Cuando vamos por la calle con personas con discapacidad intelectual, la gente te mira y te sonríe porque se sienten solidarios. Sin embargo si vas con personas con trastorno del comportamiento, cruzan de acera.

–¿Por qué la gente cruza de acera?

–Tienen miedo. Este es un mensaje muy fuerte y muy poderoso pero ¿qué realidad es más complicada: el que tiene una problemática por una discapacidad o el que tu familia no te quiera o te maltrate? No hay nada más ni menos grave. Aquí tenemos participantes en situaciones difíciles y que pueden salir de ahí.

–¿La gente se abre o les cuesta contar lo que les pasa?

–Aquí ha venido gente muy rota y que se abran es un proceso. Nuestra guerra es contra la injusticia y estamos siempre a favor de las personas.

–Entonces hay casos que llegan tarde...

–Ojalá pudiéramos abordarlos antes, pero para nosotros no existen los conceptos tarde ni pronto porque trabajamos desde la realidad en la que se encuentran las personas y desde ahí caminamos. También digo que las personas tienen que estar dispuestas a cambiar, aunque tengo que destacar que nosotros solo hacemos procesos socioeducativos.

–Estos objetivos no se consiguen si un buen equipo.

–Trabajamos aquí alrededor de ochenta personas y es lo más valioso que tiene Vinjoy. Es maravilloso ver cuando un grupo de profesionales se unen para construir algo de verdad desde distintos hábitos.

–¿Cómo consiguen que ochenta personas atiendan a 1.700?

–Con mucha dificultad. Sobre todo cuando hay personas que requieren mucho esfuerzo....

–¿Cuántos proyectos están desarrollando en la actualidad?

–Tenemos 31 programas y 200 acciones únicas como por ejemplo la prevención del yihadismo.

–¿Están dejando de desarrollar proyectos por culpa del espacio?

–Sí. Tenemos un problema grande y es que no cabemos. Aquí estamos como sardinas en lata, aunque nuestra parcela sea de 10.000 metros cuadrados urbanizados y 4.000 útiles. Pero hemos llegado a un punto que ya no podemos meter a más gente en los despachos, en las aulas,...

–¿Han dejado de matricular a personas por estas limitaciones?

–Exacto. No estamos acogiendo a toda la gente que solicita entrar porque quitaría calidad de intervención. Debemos de ser serios.

–A pesar de la falta de espacio, tienen una parcela anexa para construir otro edificio, sin embargo no tienen los permisos necesarios...

–Eso es, pero en el próximo patronato haremos un replanteamiento de la situación para ver si hay otra alternativa...

–¿De esta problemática han sacado algún punto positivo?

–Hemos aprendido a priorizar. Estamos constantemente cerrando proyectos para poder abrir otros nuevos.

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