El Comercio

Las curvas de la ruta

La dimisión de Pedro Sánchez, en el Comité Federal más tormentoso de las últimas décadas del centenario PSOE, ha despejado un poco la inmediata hoja de ruta del Partido pero todavía será una hoja den ruta con muchas y difíciles curvas. El reto que hoy estrena la Comisión Gestora es duro y comprometido. A sus diez miembros, y de manera especial a su presidente, el asturiano Javier Fernández, el valor que están demostrando confirma con creces el que se les suponía.

Quizás en estos momentos de desconcierto y resaca especialmente amarga el primer problema que les estará quitando el sueño es por dónde empezar. Porque es evidente que lo más urgente será devolverle al Partido la normalidad alterada, unir de nuevo a la militancia y calmar las discrepancias encrespadas entre los votantes. Pero entre tanto, está la crisis institucional que inquieta y afecta a todos los españoles cuya solución no se hará esperar. Ya queda menos de un mes para evitar unas terceras elecciones.

En cuestión de días la Gestora tendrá que tomar contra el calendario una decisión entre seguir oponiéndose frontalmente a la investidura de Mariano Rajoy y dar paso a las terceras elecciones que casi nadie quiere, o taparse la nariz, decir Diego donde dije dije, y abstenerse en la investidura. La tercera posibilidad, intentar liderar un Gobierno de izquierdas sin una base aritmética clara, es evidente que queda descartada sin Pedro Sánchez. Así, la alternativa única, abstención o elecciones, resulta endiablada.

Una buena parte de la sociedad española la reclama, pero la mayoría de la militancia socialista la rechaza. Mantener un Gobierno que en la pasada Legislatura actuó de manera tan desconsiderada con la oposición, tal salpicado por la corrupción y tan refractario a todo lo que suene a políticas sociales, será un trago amargo y predestinado a restarle apoyos al Partido a plazo corto. Pero en la situación actual, y más después del espectáculo del sábado, en unas terceras elecciones seguramente sin tiempo para recuperarse del shock también los perdería.

La Gestora tendrá que evaluar las dos salidas de este callejón cerrado y si, como es probable se inclina por la razón del interés nacional inmediato, negociar la abstención, que también tiene un precio político, presentarla de manera hábil para que ni militantes ni votantes se sientan estafados con ese respaldo a Rajoy que tanto rechazan. A partir de ahí, también tendría que apresurarse a estimular al grupo Parlamentario para que olvide agravios e inicie sin dilación una oposición drástica que descarte la creencia de un contubernio con la derecha.

Pero ahí no acabarán los retos que asume la Gestora. Entre tanto, tendrá que trabajar pensando en su principal objetivo que será reencarrilar las estructuras del Partido y devolverle la normalidad para su funcionamiento. La organización del Congreso que Sánchez quería precipitar, necesita tiempo, pero no demasiado, una preparación minuciosa, respetando la neutralidad sin abandonar la gestión del día a día, y poder entregar la Organización a los nuevos dirigentes libres de secuelas penosas, y con ilusión renovada.