El Comercio

Uno de cada cinco españoles ha pagado por sexo alguna vez en su vida

Prostitutas en un polígono de Madrid.
Prostitutas en un polígono de Madrid. / Archivo
  • Muchos clientes reconocen que no harían nada si descubren que una prostituta es víctima de explotación

Casi uno de cada cinco varones españoles ha pagado por servicios de prostitución a lo largo de su vida, según un estudio elaborado por investigadores de la Universidad Pontificia de Comillas para la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género.

«Realizamos una encuesta telefónica aleatoria y otra a pie de calle», ha asegurado Carmen Meneses, coordinadora del estudio e investigadora de la universidad. Según sus datos, algo más del 20% de hombres consultados por teléfono reconoció que había pagado por servicios sexuales, una proporción que se redujo al 17% entre los encuestados en la vía pública. En el último año, aclara el trabajo, publicado junto al Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, los porcentajes caen a alrededor del 2%. «Al ser un tema que se suele tratar de forma oculta, el hecho de que casi uno de cada cinco lo reconozcan nos hace pensar que el fenómeno probablemente sea mayor», ha explicado Jorge Uroz, otro de los autores del trabajo, que se ha presentado este viernes.

El estudio trata de dar una visión general de la situación española respecto a la trata de personas con fines de explotación sexual e identificar las dificultades para combatirla. «Entre los clientes de prostitución, intuyo que existe un sector importante que no se plantea que las prostitutas puedan ser víctimas de trata», ha detallado Uroz. «Identificamos dos perfiles, unos a los que ni siquiera les importa y aunque detectasen un problema no harían nada porque no quieren líos, y otros que sí actúan». Algunas redes de trata de personas se han desactivado por denuncias de usuarios de servicios sexuales. «Sobre todo de personas que se enamoran de una prostituta e intentan sacarla de ese ámbito», ha aclarado.

Uno de los retos de las fuerzas de seguridad del Estado es, precisamente, identificar a las víctimas de trata. «En la mayoría de ocasiones, ellas no se van a identificar», ha explicado Meneses. La coacción y las amenazas a las que las someten sus tratantes hace muy difícil que estén dispuestas a tomar medidas para escapar de su situación. «Van a por las mujeres más vulnerables, a las que tienen pocos recursos y poca educación», ha asegurado. Y a menudo la extorsión no es solo sobre ellas, sino también sobre su familia, incluso en sus países de origen.

Aunque los investigadores reconocen que hay mucha información sobre el fenómeno que es muy complicada de identificar, sí tienen datos generales sobre sus características. Entre las víctimas, señalan, hay cuatro grupos principales: las que proceden de Europa del Este (sobre todo Rumanía), las que vienen de África subsahariana (sobre todo Nigeria), las que llegan de Latinoamérica (sobre todo de Paraguay y República Dominicana) y las asiáticas, sobre las que apenas hay datos aunque parece un fenómeno al alza. «Es una población muy oculta, y una prostitución destinada sobre todo a su mismo colectivo de origen», ha señalado Meneses. «Aun así, nos consta que está creciendo».

Según sus indagaciones, la proporción de menores de edad víctimas de trata es minoritaria. «Hemos entrevistado a 48 profesionales y según toda la información disponible sobre el tema, el fenómeno de la trata de menores es minoritario», ha aclarado la coordinadora del trabajo. «Aunque sí las hay, y si hay menores es porque hay demanda».

En España, ha explicado Uroz, la prostitución mueve más dinero que la combinación del tráfico de drogas y de armas. «Hablamos con un empresario de alterne que nos explicó que en su club, antes de la crisis, ganaban 15.000 euros limpios al día, y eso era prostitución no forzada». Cuando trabajan por obligación, forzadas por un tratante, nada del dinero llega a la víctima.

«Hacen falta más inversión y más recursos», ha asegurado Uroz. Según su trabajo, es necesario formar a muchos más profesionales en el problema y dotar de más capacidad a los especialistas en solucionarlo. Por qué no se hace, ha asegurado, tiene un cierto componente de racismo. «Las víctimas son extranjeras, no son españolas. La droga, o las armas, pueden afectar a nuestros hijos, pero nuestras hijas no van a ser víctimas de trata, por lo que nuestro talante frente al problema es distinto», ha sentenciado.