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Tras los pasos de Willy Fog

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Tras los pasos de Willy Fog

20.01.13 - 01:39 -
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Lo puesto, una muda, cuatro útiles de higiene, ordenador y cámara de fotos. Con este ligero equipaje, cuatro palabras de inglés y una tonelada de ilusión, Alberto Campa Montes se encuentra embarcado en el nuevo viaje de su vida, una vuelta alrededor del mundo por el hemisferio norte. Una aventura en toda regla para la que este naveto de nacimiento, residente en Castrillón, copropietario de Alojamientos Rurales Naveces, se moverá, principalmente en tren, desde la fría Ucrania hasta Canadá pasando por Rusia, Mongolia, Corea, Japón hasta Canadá. En total, 80 días para cubrir miles de kilómetros a temperaturas bajo cero la mayoría de los días. Un viaje más a la larga lista de este empedernido trotamundos con sed de experiencias, hambre de cultura y una enorme curiosidad por descubrir el mundo que le rodea.
El pasado día de Reyes, con solo dos mochilas a cuestas, puso rumbo a Ucrania, la primera parada de su larga ruta. A bordo del Transiberiano estos días, Campa sobrevive a las extremas temperaturas de la zona, con el mercurio la mayoría de los días rondando los veinte grados bajo cero, y con una gran ilusión por ir cubriendo etapas. De todas ellas da cuenta siempre que puede en su blog 'Pasión por viajar'.
A sus 49 años, acumula en su bagaje viajes por más de la mitad de los 194 países que como tal distingue la Organización de Naciones Unidas. Su ilusión sería visitarlos todos, pero los conflictos armados de muchos de ellos harán imposible esta gesta. Presente en su memoria está el miedo al cruzar la frontera de Burundi a pie. Unos tres kilómetros de zona boscosa con movimiento de guerrilleros del antiguo conflicto ruandés entre hutus y tutsis.
En cualquier caso, no es un reto que le quite el sueño. La aspiración de este amante de la geografía y de la historia solo es conocer, descubrir, imbuirse de nuevas experiencias o conocimientos y, por supuesto, transmitirlos. Su blog, que solo actualiza cuando está de viaje, es la parte más laboriosa de sus viajes. Después de toda una intensa jornada de rastreo, llega la hora de seleccionar entre las decenas de fotos y escribir un artículo para compartir las vivencias de su periplo. Es laborioso, la parte que más «pereza» le da pero lo cierto es que no escatima documentación ni esfuerzo en unos textos salpicados con pinceladas de humor pensados para transmitir a sus amigos «sitios y gentes que nunca se aventurarán a conocer».
La vida que lleva Alberto Campa es, sin duda, la que a muchos les gustaría llevar. Cada año dedica unos tres o cuatro meses a esta gran pasión. «Trabajo la temporada alta de los apartamentos y ahorro el resto del año. Mi frase preferida es: gastar poco, disfrutar mucho», explica desde el Transiberiano a través de Facebook. «Ahora ya no, pero durante más de veinticinco años mi mujer y yo hemos trabajado muchísimo, muchísimas semanas los siete días completos, ahora toca recoger los frutos del trabajo y del ahorro», puntualiza.
La afirmación de Campa no es baladí. Viajar es, muchas veces, sinónimo de carestía, una afirmación que él trata de desmitificar. «En mi último viaje por África», explica, «saqué una media de unos siete euros al día en alojamiento y unos tres en comida». «Puedo pasar un mes en algunos países con lo que algunos gastan en una semana en Canarias», apunta. Esta austeridad buscada le permite no solo estirar el presupuesto sino también estar más en contacto con la vida cotidiana del país. «Cuando estoy un poco cansado, me tomo un cafetín en uno de esos hoteles. ¡Como un señor!», comenta con humor.
Poco presupuesto y menos equipaje. Campa viaja con lo puesto y una muda extra para moverse con libertad. Normalmente solo una mochila, excepcionalmente dos en este viaje por el hemisferio norte por la ropa técnica que exige el frío. «Hago la colada cuando puedo o compro camisetas que en el 90% de los países del mundo cuestan un euro», explica. «Al final por mucho que la gente critique, la camiseta de Nike, la de Zara y la que no tiene marca la hacen las mismas manos obreras de China, Indonesia o Guatemala, costando lo mismo pero vendiéndose a diferentes precios», razona Campa.
El sueño de Naveces
El castrillonense ya viajaba de pequeño viendo mapas de todo el mundo. Palpitaba en su interior una pasión latente que con el tiempo iría tomando forma hasta convertirse en una forma de vida. A ello dedicó todos sus esfuerzos, incluido su primer trabajo, con 16 años, cuando todavía estudiaba en el instituto. Fue en la editorial Salvat. Simultáneamente consiguió unas prácticas en 'Viajes Aramo', una red de agencias hoy desaparecida. Cuando le ofrecieron ir de director para una nueva oficina en Gijón, Campa no dudó en cambiar las 200.000 pesetas que ganaba vendiendo libros en la editorial por las 49.000 de la agencia. «Hay cosas que dan más placer que un buen sueldo», sentencia.
Ya dentro del sector turístico, ejerció de guía para grupos españoles en Portugal, Francia, Alpes, Marruecos o Egipto, en una época en la que estos destinos tenían aún un marcado componente exótico dado el carácter minoritario del turismo. En total, veinticinco años, la mitad como director de varias oficinas y empresas del sector y la otra mitad junto a su mujer como propietarios de distintas agencias. Pero llegó internet y con él una forma distinta de viajar. Tocaba, de nuevo, decidir el camino y en esta ocasión parecía claro que «había que adelantarse». «Fuimos vendiendo las agencias, incluso hasta el piso en Oviedo para comprar un terreno en Naveces, una vieja caravana y construir otro sueño». Tres años tardaron en tomar forma los Alojamientos Rurales Naveces. «Siempre he dicho que como más dinero uno puede ganar en la vida es gastándolo. Si gastas bien, si negocias, si consumes lo necesario y sin fijarte en marcas o caprichos, la cantidad de dinero que entra en tu cuenta es importante». Y así lo hicieron.
Mónica es la horma de su zapato. Una gran viajera con la que ha recorrido los cinco continentes. Sin embargo, sus prioridades han cambiado y ahora no le apetece pasar tanto tiempo fuera de casa. No le acompaña en esta vuelta al mundo pero sí se encontrará con él en su tramo final, cuando viajará con un grupo de amigas hasta la costa este canadiense en las últimas jornadas de la aventura de su marido.
Mientras tanto, Alberto Campa sigue exprimiendo al máximo cada hora de su experiencia y compartiéndolo en su blog. Cuando regrese a casa abrirá otra etapa de su viaje, esta vez centrada en organizar todo el material fotográfico de cara a una presumible proyección fotográfica con carácter divulgativo y didáctico. Como vocal del comité asturiano de Unicef, ha realizado varias actividades de este tipo en auditorios de Avilés, Gijón, Oviedo y Siero, «intentando devolver a África tantos momentos preciosos que me dieron sus gentes».
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