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«Suiza es un mercado exigente»

Ada Alexandre, en el lago de Ginebra./
Ada Alexandre, en el lago de Ginebra.
Ingeniera informática de Gijón, Ada Alexandre llegó en 2008 a Ginebra

«Aquí la flexibilidad de horarios y trabajar en casa está más normalizado que en España», apunta

M. F. ANTUÑA

Desde octubre de 2008 vive en Suiza y desde entonces añora de Asturias todo eso que no cabe en una maleta. Ada Alexandre Metola, nacida en Madrid en 1981, aunque gijonesa por parte de padre y porque a los dos años se mudó a la ciudad, es ingeniera informática con sede en Ginebra. Tres han sido sus destinos laborales desde que hizo el petate: «Primero estuve cinco años en el CERN, luego un año y medio en una consultora y ahora llevo casi tres en una empresa de gestion de patrimonio inmobiliario», resume.

En el verano de 2007 se puso en marcha un programa entre el CERN y la Universidad de Oviedo para ingenieros superiores y en 2008 consiguió una de las plazas. Ahora su día a día es otro: trabaja en una oficina a 15 minutos de casa y puede empezar entre las siete y las nueve de la mañana. «A diferencia de España, tengo la impresion de que en Suiza la flexibilidad de horarios y el trabajar desde casa está más normalizado. Es muy comodo, por ejemplo, poder gestionarte el tiempo de la comida, entre 30 minutos y dos horas».

En un espacio abierto compartido con ocho personas, y en inglés y en francés transcurren los días. «Hablar idiomas con nativos es de lo que más me gusta de trabajar fuera», apunta. Pero Suiza tiene más puntos a favor: «Siempre y cuando se tenga una carrera e idiomas, el mercado laboral suizo es muy atractivo y sí que hay buena oferta de puestos interesantes. Sin embargo, la remuneración de los trabajos poco o no cualificados es bastante baja en comparacion con el coste de la vida; es un mercado exigente».

Envidia y admira de sus nuevos vecinos el apoyo que «se profesan los unos a los otros y la conciencia de proteger lo suyo». Compran sus productos, negocian con sus empresas y, si hace falta, renuncian a días libres. «Se hizo un referéndum en el que salió que preferían cuatro semanas de vacaciones en vez de cinco, y fue así porque esa semana de vacaciones afectaría muy negativamente a las pymes». Pese a ser un país pequeño, donde ese de tipo de situaciones son más fáciles de gestionar, no les resta ni ese mérito ni otros. «Me parece admirable también la valentía de ser políticamente incorrectos si es para defender sus intereses». En resumen: «Una buena definición para Suiza es la de país tradicional, proteccionista y conservador en el sentido de que son muy conscientes de que este sistema les funciona, y cuidan y se esmeran por mantener y defender lo suyo. Y luego están las ciudades grandes y más internacionales como Ginebra y Zúrich, que tienen un espíritu muy abierto».

Pero no todo son ventajas. «Echo de menos el sistema de la Seguridad Social en España porque en Suiza todo es con seguros privados y franquicias, y es francamente caro». Lo es también la hostelería, que en materia culinaria nada tiene que ver con la española. «Aunque suene a tópico, es cierto que ya no solo es que nuestra oferta gastronómica sea mil veces más rica y variada, es que la cultura gastronómica española está a años luz de la suiza».

El mercado immobiliario es también complicado, especialmente para el alquiler. «En Ginebra lo normal es ir a visitar un piso para alquilar y que haya otras 20 personas haciendo cola en la escalera para verlo por turnos».

Pero, pese a todo, la vida es agradable: «Ginebra es una ciudad muy cómoda para vivir, es pequeña así que la bici se convierte en el mejor transporte». Es también un cruce caminos para gentes de aquí y allí. «Tiene un número altísimo de expatriados de todo el mundo así que te relacionas con gente de muchos países y es muy enriquecedor».

El verano es especialmente atractivo. Sus 'playas' y sus terrazas alrededor del lago son el punto de encuentro. «La ciudad organiza muchas actividades como cine al aire libre y conciertos que son la excusa perfecta para salir todos los días». En invierno, en cambio, toca esquiar. Y durante todo el año, es buen momento para bailar: «Una sorpresa muy agradable que me llevé es la aficion que hay a bailes como la salsa o el tango. Hay muchas escuelas y fiestas prácticamente todos los días de la semana, invierno y verano».

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