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Asturianos en la diáspora

«Soy un belga con el corazón asturiano»

Víctor Manuel Mier Pérez, a los mandos de su cámara. / E. C.
Víctor Manuel Mier Pérez, a los mandos de su cámara. / E. C.

Víctor Manuel Mier vuelve por vacaciones a Asiegu, el lugar donde nació y donde tiene su casa | Cámara de TVE, este cabraliego de padres emigrados a Bruselas y luego retornados, es un enamorado de Asturias

A. VILLACORTA

«Desde Bruselas, Asturias se ve muy lejos y con mucha morriña por la tierrina». O, al menos, así la observa un profesional en el arte de eso de enfocar llamado Víctor Manuel Mier Pérez, cámara de Televisión Española desde hace veintiocho años, además de productor, montador, sonidista y un montón de oficios siempre relacionados con el mundo audiovisual que se define como «un belga con el corazón asturiano». Tanto que, año tras año, regresa a pasar sus vacaciones de verano, Navidad y Pascua en Asiegu, el pequeño pueblo de Cabrales en el que le nacieron hace 51 años sus padres, Ramón y Aquilina, casi por casualidad.

«Resulta que mi padre bajaba desde Bulnes a cortejar con mi madre a Asiegu y, después de casarse, allá por los años sesenta del siglo pasado, los dos decidieron emigran a Bruselas a trabajar. Ella, sobre todo, en la limpieza y él, en cadenas de montaje y en una cantera, picando piedra», explica lleno de admiración Víctor Mier, que cuenta también que, de los tres hijos que tuvieron Ramón y Aquilina, solo él -el mediano- nació en Asiegu, mientras que los otros dos lo hicieron en Bruselas. Pero que, con apenas «dos o tres años», dejó atrás la aldea cabraliega para crecer y asentarse en una ciudad que hoy es epicentro institucional de toda Europa.

Allí lo pueden intuir, tras las cámaras de los Informativos de TVE, enfocando al periodista gijonés José Ramón Patterson, corresponsal del ente público desplazado a la capital belga y de quien habla maravillas: «Es uno de los mejores fichajes de Televisión Española para Bruselas. Desde que él llegó, las cosas funcionan».

Así que este tándem asturiano se dedica a contarnos la actualidad de la UE puntualmente en La 1. «Sobre todo, política. Aunque es verdad que nos gustaría meter más contenidos de áreas como la cultura, pero la actualidad manda». Un campo en el que el todavía presidente de la presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, les suele «dar mucho juego, porque, además de ser muy besucón con todo el mundo, siempre bromea y saluda».

No extraña, por tanto, que Víctor Mier se declare europeísta, pero de los que también son capaces de denunciar las vías de agua de la Unión «como su excesiva burocracia, que lo ralentiza todo mucho».

Pero no siempre ha estado el cabraliego tomándole el pulso a su país de acogida, sino que ha hecho coberturas en varias zonas calientes del planeta como Haití, donde grabó «llorando al ver las condiciones de miseria que sufrían los niños». Una travesía «difícil» -y no solo en lo psicológico- de la que volvió con una urticaria en todo el cuerpo por comer algún alimento en mal estado y que obligó al médico del avión en el que viajaba a intervenir de urgencia. O como Cuba, donde tuvo la oportunidad de ser el único de los informadores que pudieron pasar a captar imágenes de Fidel Castro en una reunión en la Embajada de Francia. ¿Su percepción? «Que hablaba mucho. No me pude mover hasta que terminó la reunión y se me hizo eterna», bromea.

Nada que ver La Habana con el carácter de los belgas, «menos juerguistas y más reservados que los asturianos, pero, que, cuando los conoces, se abren de verdad». Un país donde triunfan las patatas fritas con mejillones y donde conoció a su mujer Judith -periodista riojana con la que coincidía en las ruedas de prensa, «así que no hizo falta bajar de Bulnes a Asiegu a cortejar», bromea-, con la que tuvo dos hijos. Y también donde el enfrentamiento entre flamencos y valones, «el eterno problema», les afecta en el día a día: «Por ponerte un ejemplo, yo vivo en una zona flamenca y, cuando voy a hacer algún trámite al Ayuntamiento, hay un cartel que te avisa de que lleves un intérprete si no hablas neerlandés».

A él, personalmente, le encanta y vive «muy a gusto», pero está deseando estar en Cabrales este verano, a donde regresaron Ramón y Aquilina y donde su prole se vuelve «un poco salvaje»: «En Asiegu soy feliz».