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Asturianos en la diáspora

«En Dubái todo va muy rápido»

María con Rashid, su marido, en el Museo Louvre de Abu Dabi. / E. C.
María con Rashid, su marido, en el Museo Louvre de Abu Dabi. / E. C.

La gijonesa María Olmeda pasa la Semana Grande con su marido libanés en Emiratos | Formada en Madrid, Corea del Sur, Canadá y su ciudad actual, siempre ha trabajado en el campo del diseño

M. F. ANTUÑAGIJÓN.

Tiene 27 años y muchos sellos en el pasaporte María Olmeda Franco (Gijon, 1991), arquitecta superior y licenciada en Bellas Artes por la Universidad Europea de Madrid, donde estudió: dos años en Madrid, uno en Seúl (Corea del Sur), uno en Ottawa (Canadá), uno, en Nuevo Mexico (Estados Unidos) y el último en Dubái. Casada con un libanés, Rashid, es madre de un bebé, Fernando, y siempre ha trabajado como arquitecta, diseñadora de interiores, diseñadora de marca y diseñadora de gráfica medioambiental. «Actualmente trabajo para la empresa más importante de Oriente Medio, que se llama Emaar, es la compañía que construyó el Burj Khalifa, Dubai Mall y la dueña de la mitad de Dubái», relata. Y explica que la empresa es en parte propiedad pública y en parte de la familia real dubaití. Antes de llegar allí, trabajó para un holding que se llama Meeras, «un fondo de inversion también gubernamental que desarrolla y explota activos inmobiliarios».

Son ya cuatro años los que lleva viviendo en Dubái. En 2013 pisó por primera vez el emirato en una escala a Hong Kong. «Me gusto la ciudad y pedí a mi universidad abrir un convenio de estudios. En 2015 empecé mi quinto curso de arquitectura en la American University». Luego se fue a Chicago varios meses a trabajar en la multinacional Gensler y de regreso a los Emiratos encontró trabajo.

Se gana dinero, y eso es importante, pero también se trabaja muchas horas «y con bastante responsabilidad y estrés». Eso sí, no siente que ser mujer sea un hándicap.

La vida, eso sí, es bien distinta. «Muchas cosas están prohibidas, la vida es diferente, la gente da importancia a cosas que en Asturias no daría». El choque cultural es evidente y sorprendente. Para empezar, porque se vive con un punto de superficialidad y materialismo. Hay quienes pagan por tener un número de teléfono bonito o uno corto en la matrícula del coche. «Por ejemplo si alguien tiene mucho dinero, tendrá solo dos números en la matrícula, así todos pueden ver que tiene una posición económica desahogada», revela. Y atención: no se puede ir de la mano en muchos sitios, ni pasear perros ni usar el monopatín.

En Ramadán, la situación se complica: «Es duro porque está todo cerrado hasta las 7, incluso las cafeterías de las empresas. Si no te organizas bien para llevar la comida contigo, puedes pasarte el día sin encontrar nada que comprar, y no comer». Las altas temperatura son otro inconveniente. «Este verano la temperatura más alta ha sido unos 42, que todavía se puede aguantar; hace un par de años llegamos a 52, y eso es horrible. Yo me he desmayado dos veces visitando las obras».

Pese a todo lo dicho, su vida y su familia están en Dubái y, aunque volver es una opción, María se queda allí, por mucho que eche de «la vida sencilla y con pocas preocupaciones» de la tierra lejana, donde ahora se celebra la Semana Grande. «En Dubái todo va muy rápido y cambia constantemente y eso trae siempre problemas; Asturias, por el contrario, es más rutinario y predecible. Echo en falta que no pase nada».