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Asturianos en la diáspora

«Ir a Ikea en China y pasar por los dormitorios es un espectáculo»

Olaya García y David, su marido, celebran el Año Nuevo chino. / E. C.
Olaya García y David, su marido, celebran el Año Nuevo chino. / E. C.

Esta avilesina y su marido dejaron Londres atrás para emprender juntos una aventura asiática | Olaya García trabaja como profesora de educación infantil en Shanghái

A. VILLACORTAGIJÓN.

«A los chinos les encanta dormir». Eso ha podido constatar la avilesina Olaya García Capa (1987) en el último año, porque, después de un lustro viviendo en el Reino Unido con su marido (David Eguidazu Vega, gijonés), decidió emprender una aventura asiática que ha llevado a esta pareja hasta Shanghái.

Todo empezó cuando, tras licenciarse en Biología en Oviedo, García Capa se fue de Erasmus a Palermo. «Allí me di cuenta de lo que me gustaba viajar y vivir en países diferentes», recuerda. Pero la crisis llegó para golpear con fuerza. «Así que, como tantos, los dos nos fuimos a Londres a aprender inglés y a buscar trabajo».

Y, después de trabajar en varias tiendas de ropa, encontró empleo en una guardería, donde descubrió que su verdadera vocación era ser profesora de educación infantil y, gracias a una beca del Ministerio de Educación británico, se formó en ese campo. Pero, tras cinco años allí, decidieron emigrar a Asia como profesores internacionales. «Necesitábamos un cambio y, pese a que China no fue nuestra primera opción, ahora estamos muy contentos», confiesa.

En el caso de Olaya, es docente de educación infantil en el Western International School of Shanghái. Una adaptación que no les costó mucho: «La verdad es que fue rápida. El colegio que me contrató ayudó mucho. Sobre todo, los primeros meses. Y, además, tenemos la suerte de contar con varios amigos allí, tanto españoles como de otras nacionalidades».

Entre las ventajas, también sitúa que, por ejemplo, en el capítulo de la comida, «chinos y españoles se parecen bastante»: «Tienen una cultura gastronómica muy importante. Como a nosotros, a ellos les encanta salir por ahí a comer y compartir platos». Y otro punto a favor es que, «a diferencia de lo que pasa en el Reino Unido, donde las relaciones familiares no son tan fuertes, los chinos, igual que los españoles, valoran mucho la familia».

Y más puntos positivos: «Los paisajes impresionantes del país y su biodiversidad. También me encanta poder moverme en moto por Shanghái y que usen motos eléctricas».

Por contra, en la balanza de los negativos, apunta a la polución, porque, «aunque dicen que las cosas han mejorado en los últimos años, los niveles de contaminación del aire siguen siendo muy altos». Y, claro, «su sistema político, uno de los menos democráticos y transparentes que existen».

De momento, ellos se quedarán viviendo allí un par de años más. Aprendiendo mandarín y conociendo más lugares espectaculares antes de volver a Europa. Entre gentes «supersticiosas (muchos edificios no tienen el número 4, considerado el de la mala suerte), extremadamente sinceras y dormilonas»: «Duermen en cualquier lado. A veces, en el trabajo. Ir a un Ikea en China y pasar por la parte de los dormitorios es un espectáculo. ¡Se tumban en las camas para dormir y hasta se tapan!».