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«Israel se preocupa de captar talento»

«Israel se preocupa de captar talento»
Jonatan Fernández, con los Jardínes Bahadíes de Haifa al fondo.

Jonatan Fernández llegó en junio a Haifa para participar en un estudio sobre el cáncer

M. F. ANTUÑA

Jonatan Fernández García (Gijón, 1991) tiene un currículo que impresiona. Estudió Biología en Oviedo, trabajó en el Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca (CSIC) mientras hacía un máster en análisis avanzado de datos multivariantes y 'big data' y, tras dos años allí, le concedieron una beca Marie Curie para participar en un proyecto de la UE llamado Meta-Can que busca analizar las adaptaciones metabólicas que llevan a cabo las células cancerígenas y cómo estas les permiten evadir la respuesta inmune. Su trabajo se centra en un tipo de leucemia en el sistema nervioso central. «Es un proyecto multidisciplinar en el que pretendo aplicar técnicas de inteligencia artificial y análisis bioinformáticos de varios tipos para caracterizar y averiguar todo lo que se pueda sobre estas adaptaciones, información que se podría utilizar idealmente para el diagnóstico temprano, diseño de tratamientos, seguimiento de los pacientes, etcétera». Ese proyecto le ha llevado a Israel, donde llegó en junio, para trabajar en IBM, una de las empresas participantes. «Vivo en Haifa, que es la tercera ciudad más grande de Israel tras Jerusalén y Tel Aviv», relata. « Mi vida laboral se desarrolla principalmente entre IBM y el Technion (el Instituto Tecnológico de Israel), una universidad muy puntera en el campo de la ingenieria y la tecnología, donde empezaré mi tesis doctoral».

Lleva aún poco tiempo en el país, pero está feliz. «En IBM hay flexibilidad horaria, tu rendimiento se mide por resultados, no por las horas que pasas en la oficina, y te dan libertad para organizar tu trabajo, lo cual genera mucha responsabilidad», detalla. De modo que, salvo que tenga reuniones programadas, puede trabajar en casa si quiere. «Hay una cultura de empresa de plantearse desafíos y animarte a pensar constantemente, es muy estimulante», resume.

Además de sus nueve horas de trabajo, dedica su tiempo a aprender hebreo, a hacer algo de ejercicio y a buscar amigos. «Ya he empezado a conocer gente, muchos de ellos estudiantes extranjeros como yo, pero se nota un descenso en la actividad de ocio con respecto a España», confiesa.

Asegura que Israel es un país que invierte en investigación y tecnología, que hay conciencia de la importancia de contar con profesionales altamente cualificados que dotan de competitividad al país. «Israel es un país de ocho millones de habitantes de los cuales el 20% son graduados universitarios y con varias universidades entre las 200 mejores del mundo. Se preocupan mucho de captar talento», revela en el capítulo de pros. Los contras son otros: «Hay pocos días de vacaciones, yo solo tengo 14 al año. Generalmente con la edad y el número de años en la empresa te van otorgando más».

Existen notables diferencia culturas que requieren adaptación. Por ejemplo, el asunto del 'sabbat'. «La semana laboral es del domingo al jueves, siendo el fin de semana viernes y sábado. El 'sabbat' comienza los viernes por la tarde y termina los sábados al anochecer. Durante todo ese tiempo el transporte público y las actividades disponibles están muy restringidas, y por eso mucha gente opta por irse a pasar el fin de semana a Tel Aviv, donde la actividad no decae tanto».

No es ajeno al conflicto entre palestinos e israelíes, pero se confiesa sorprendido. «En Haifa hay una comunidad muy heterogénea con una mayoría de habitantes de etnia judía, aunque muchos son no religiosos, pero también hay un porcentaje importante de árabes y una minoría cristiana. En el día a día no se percibe ninguna clase de conflicto, la gente vive en armonía», resume. Y se detiene después en las relaciones entre los propios judíos y cómo la población musulmana está perfectamente integrada en la sociedad. «La opinión de la gente respecto al conflicto palestino es muy diversa y hay un debate muy activo, con gente muy crítica con el Gobierno Israelí, pero en general todo el mundo quiere que se acabe pronto y ambos pueblos puedan vivir en paz». En conclusión: «Es todo bastante distinto a como me lo imaginaba en España cuando leía las noticias».

Le va bien mirando al Mediterráneo y añora de esta orilla del Cantábrico a los amigos, a su hermano, las fiestas de prau y el agua fría. «Ir a la playa, meterme al agua y pasar calor es una sensación a la que no sé si me acostumbraré jamás», bromea.

Sus planes de futuro están abiertos. Dice que le encantaría volver a a casa, pero sabe que no es fácil. «Está muy complicado asentarse en Asturias de manera estable. La gran mayoría de mis amigos están desperdigados por España y otros países de Europa. En Asturias hay poca actividad económica que permita conseguir un empleo digno y estable en investigación y desarrollo».

 

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