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«Aquí la vida laboral no está nada mal»

«Aquí la vida laboral no está nada mal»
Laura se formó en Gran Bretaña como ingeniera y allí sigue viviendo.

La ingeniera Laura Menéndez estudió en Liverpool y trabaja en Birmingham

M. F. ANTUÑA

Si existiese la máquina del tiempo, Laura Menéndez González (Gijón, 1991) seguramente echaría mano de un viejo Citroen AX para repetir con sus amigas aquellos días de verano en la playa de la Ñora. Ahora, esta ingeniera afincada en Birminghan, donde trabaja para la empresa Tarmac, vive Asturias como un lugar de vacaciones y de añoranzas: Castiello, el Carmín, los Fuegos, San Juan siguen ahí presentes. Pero ahora su día a día está en Gran Bretaña. Se formó en los jesuitas hasta 2009, año en que se mudó a Liverpool para estudiar Ingeniería Civil: «Tengo un MEng, lo que significa que mi carrera tenía un máster integrado», explica. Finalizados los estudios, se mudó a Londres, pero pronto le ofrecieron empleo en Birmingham y volvió a hacer el petate.

De eso hace ya cuatro años. «Trabajo como Design Support Technoligist en el departamento técnico de la compañía. Tarmac es la mayor compañía proveedora de materiales de la construcción en Reino Unidos, controla dos terceras partes del mercado total», apunta. Ella trabaja en la seción de asfalto, así que su día a día está relacionado con especiaficaciones técnicas para todo tipo de aplicaciones: carreteras nacionales, autovías, puertos, aplicaciones industriales, aeropuertos comerciales y militares.... «La vida laboral no está nada mal: horarios flexibles, contratos idefinidos y promociones cada dos años aproximadamente», resume. Algo que no es tan común en España. En la parte social, la cosa cambia. Hay diferencias, aunque en realidad todo conduce al mismo lugar: «Siendo de Asturias, crecí con gente solo de allí realmente; al llegar aquí e ir a la Universidad, con esa gran variedad de europeos, británicos y asiáticos fue un poco 'shock' al principio, pero te adaptas rápido». Hoy su grupo de amigos es muy variado: «Hay gente británica, polaca, búlgara, portugesa, brasileña».

No le van mal las cosas. Hasta acaba de recibir un premio, el Journeys Newcomer Award, un galardón regional que distingue a la persona con menos de diez años de experiencia que ha hecho una contribución notable en el sector del transporte. También recibió una nominación a otro premio nacional, aunque en aquella ocasión no hubo suerte. El premio le ha dado visibilidad y ya le han llegado ofertas de otras compañías. Pero, por el momento, no duda en que se queda en Tarmac. «Estoy trabajando para conseguir el estatus de Cahartered Engineer con una especialización en materiales y no quiero moverme de Tarmac hasta que lo consiga».

Echa de menos a la familia, aunque la distancia no es demasiada, y no duda de que las videollamadas no se acercan ni por asomo al calor del cara a cara. Pero siempre hay que mirar las cosas por el lado positivo: «Aquí no se está tan mal, al menos este verano. Llevamos con una ola de calor desde mayo y estoy más morena de lo que he estado en muchos años».

El Brexit está ahí acechando. A los europeos les va a tocar pagar 65 euros por un permiso de residencia: «Es algo injusto, pero yo para ahorrar problemas me planteo sacarme la nacionalidad británica también». Ella sabe que las compañías respaldan y apoyan a sus trabajadores. «En caso de haber problemas, me han asegurado que Tarmac haría lo posible para que me pudiese quedar en el país».

Volver no está en sus planes. No quiere renunciar a su vida en Gran Bretaña y además tiene sentimientos encontrados sobre Asturias: «Por un lado dulces, por estar en casa, pero por otro agrios porque se ve por la calle que no hay mucha gente joven, que han emigrado, que es una región envejecida, y es lógico, si los jóvenes solo van a encontrar buenos trabajo fuera de Asturias, ¿quién puede echarles en cara que se vayan?».

 

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