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Asturianos por el mundo

«Hay que votar sea como sea»

Alba Barbado, en La Haya. / E. C.
Alba Barbado, en La Haya. / E. C.

«Los asturianos estamos en todas partes», confirma esta graduada en Economía que se renonoce como una «leyenda urbana más» La gijonesa Alba Barbado hace prácticas en la ciudad holandesa de La Haya

A. VILLACORTA

«Mi güela, que vive en Sama, piensa que estoy por Madrid o por ahí, así que ahora igual se da cuenta por el periódico de que estoy un poco más lejos», bromea y no bromea la gijonesa Alba Barbado Fernández, 25 años, que efectivamente anda a bastantes más kilómetros de Langreo. Concretamente, en la ciudad holandesa de La Haya, donde hace prácticas «en un fondo que desarrolla proyectos de energías renovables» tras concluir el grado en Economía en la Universidad Carlos III.

No estaba previsto que Alba fuese para economista. «De hecho, de pequeña, quería ser muchas cosas, como directora de cine o arqueóloga», cuenta entre risas, pero, finalmente, los números se impusieron y se está empleando a fondo en conseguir su primer empleo en condiciones mientras sus padres -naturales de la Cuenca y residentes en Gijón- la ayudan con los gastos.

«Antes de llegar a La Haya, estuve en Londres y en Copenhague con la beca Erasmus+, porque, para darte trabajo, todo el mundo te pide que tengas experiencia», explica el círculo vicioso en el que se encuentran muchos recién graduados desde la sede del gobierno de los Países Bajos, una ciudad «llena de extranjeros, por lo que todo el mundo está acostumbrado y suele ser amable con ellos, y en la que todo el mundo habla inglés», lo cual no deja de ser «una gran ventaja» para quien no chapurrea más que «tres o cuatro palabras» en holandés: «Hola, gracias y poco más».

Nada que ver con su experiencia londinense, que coincidió con el surgimiento del 'Brexit', en la que sufrió alguna que otra experiencia desagradable: «Me escucharon hablar en español por la calle y me gritaron que me fuese a mi país».

Y, aunque ambas urbes comparten «lo complicado que es encontrar vivienda y las habitaciones como zulos», en el centro administrativo de Holanda las cosas son bastante más civilizadas y Alba está a gusto en el equipo de inversiones en el que trabaja, donde se ha dado cuenta de varias cosas.

Por ejemplo, de que «el mundo está lleno de leyendas urbanas, a 'puñaos'». O de que «hay mucha gente muy buena y muy preparada por ahí». Y una más: «De que siempre, siempre, te encuentras algún asturiano. Estamos por todos lados».

Así que, «preocupada por el desempleo que hay en Asturias» y convencida de que en realidad somos bastantes más de lo que revelan las estadísticas oficiales, Alba Barbado se dedica a explicarle a todo aquel que se lo pregunta de dónde es. «Y lo sorprendente es que mucha gente lo conoce o bien porque ha viajado por Europa o bien por el Sporting».

Otra cosa que la gijonesa ha aprendido en los últimos meses es a no hacer planes a corto plazo. «Planifico lo del día siguiente y poco más porque nunca sabes lo que va a pasar». Sobre todo, porque su contrato concluye el próximo mes de abril y porque, en ocasiones, también se lleva sorpresas agradables.

Una de ellas es que el Gobierno holandés ha decidido que figure en sus programas de subvenciones atendiendo a parámetros como el nivel de renta. Y eso implicó, entre otras cosas, que, en enero, dejase de compartir piso para vivir en un estudio individual.

O que tenga cubierta la sanidad, lo que la exime de «contratar un seguro médico privado que sale por ciento y pico euros mensuales».

Ese «arréglate como puedas» es la parte que menos le gusta de La Haya. Y eso es «lo que puede pasar si en España se repiten los resultados electorales de Andalucía», defiende. O lo que es lo mismo: «Hay que votar sea como sea. Yo voy a pedir el voto rogado. No nos podemos quedar en casa si no queremos retroceder en derechos».

Por lo demás, echa de menos a su familia, a sus amigos, más horas de luz y, «aunque sea un topicazo, la comida, porque es que es verdad que en Asturias se come muy bien. Aquí lo despachan con un sandwich en media hora y a correr. Y, claro, el verano y una sidrinas en la Cuesta del Cholo».