Casi 146.000 asturianos toman tranquilizantes y pastillas para dormir

Casi 146.000 asturianos toman tranquilizantes y pastillas para dormirGráfico

El Principado lidera además el consumo de antidepresivos, que se recetan a más de uno de cada diez adultos en la región

AIDA COLLADO GIJÓN.

El del consumo de medicamentos psiquiátricos es uno de esos rankings que el Principado tiene el dudoso honor de liderar. Casi 146.000 asturianos, el 14,23%, toma tranquilizantes, relajantes o pastillas para dormir. Un récord porcentual que en España solo supera Galicia y no por mucho, con el 14,85%. Un paso más allá, la cosa se pone aún más seria. Ni siquiera la comunidad vecina alcanza el consumo asturiano de antidepresivos y estimulantes. 97.300 personas de quince años o más toman este tipo de pastillas, más de uno de cada diez adultos.

Estas cifras corresponden a la Encuesta Nacional de Salud de 2017, cuyos datos recoge el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. En las tablas que profundizan en los datos por comunidades autónomas, queda reflejado que no siempre es una orden médica la que invita a asumir estos tratamientos. Pero sí en la inmensa mayoría de los casos. De las 145.800 personas que, según recoge la estadística, han recurrido a la química durante las dos últimas semanas para tranquilizarse o dormir, más del 97% lo hizo con receta. Pero casi un 3%, que en números absolutos es la nada despreciable cantidad de 4.300 asturianos, tomó estas pastillas por su cuenta y riesgo, sin que les fueran recetadas. En el caso de los antidepresivos no ocurre lo mismo y ninguno de los encuestados admite el consumo sin una orden facultativa.

El catedrático de la Universidad de Oviedo, presidente de la Real Academia de Medicina de Asturias y de la Sociedad Española de Psiquiatría, Julio Bobes, señala no obstante que «la mayor parte de los ansiolíticos y los antidepresivos no los recetan los psiquiatras, a pesar de tratarse de psicofármacos». De hecho, ellos solo prescriben el 18%.

Más información

El primero que trata los trastornos depresivos y de ansiedad es el médico de familia. Y, en atención primaria, estos medicamentos «no se utilizan solo en los casos de depresión grave o de trastorno endógeno. Muchas veces se utilizan en situaciones de duelo», explica. De este modo, se recetan para trastornos de adaptación que pueden deberse a un sinfín de imprevistos (pérdidas, dificultades laborales...) para los que el paciente no estaba preparado psicológicamente. Pero también cardiólogos, internistas o ginecólogos recetan estos tratamientos. En ocasiones, para intentar paliar la pérdida de ánimo continuada que conllevan algunas de las enfermedades que sí corresponden a su especialidad.

Si se atiende a criterios de género, llama la atención la prevalencia de las mujeres, mucho más habituadas a los medicamentos psiquiátricos. El porcentaje que toma tranquilizantes se eleva al 20,43%, lo que se traduce en 109.000 mujeres. El de hombres, sin embargo, apenas llega a un 7,5%, lo que ayuda a moderar la media general. En cuanto a los antidepresivos, también son muchas más las mujeres que los toman, 75.400 (un 15,77%), que los hombres, que con 21.900 consumidores apenas superan el 5%.

Y otro patrón: a mayor edad, mayor consumo de estas sustancias. «Tenemos que pensar que tenemos una población más envejecida que otras comunidades», advierte Bobes. «La gente cuando está en los estadios finales del ciclo vital tiende a estar más decaída. Su estado anímico es más bajo y surgen más dificultades del sueño; particularmente, insomnio».

El hecho de que dos comunidades autónomas vecinas, Asturias -que también destaca por su tasa de comportamiento suicida- y Galicia, se sitúen a la cabeza no es casual. «Otras regiones gozan de un mayor desarrollo, más aporte económico por habitante y mejores condiciones favorables. No nos podemos comparar a País Vasco, Madrid o Cataluña», puntualiza Bobes. Además: días de sol, como el de ayer, «no curan a los enfermos, pero facilitan el estado de ánimo».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos