«Todo quedó en caldo de castañas y eso que dijeron que nos iban a ayudar»

«Todo quedó en caldo de castañas y eso que dijeron que nos iban a ayudar»

Se cumple un año del día en que una ola de fuego arrasó 12.825 hectáreas en Occidente. Esa jornada el humo ocultó el amanecer en Asturias

BELÉN G. HIDALGO CORNOLLO (ALLANDE).

Ha pasado un año de la oleada de incendios que arrasó más de 12.000 hectáreas en el suroccidente asturiano. Un año de aquella mañana del 16 de octubre que se resistió a amanecer en Asturias, cubierta de una densa humareda. Entonces, la reserva natural de Muniellos estuvo cercada por las llamas y fue necesaria la intervención de más de 420 efectivos para tratar de poner fin a los 35 incendios activos en la región. Las labores de extinción se complicaron con el viento y la densidad del humo, que impidieron actuar a los medios aéreos. La misma estampa se vivía en la vecina Galicia, donde el fuego segó la vida de cuatro personas en varios incendios simultáneos que afectaron a diferentes provincias.

En Cangas del Narcea se desalojaron tres pueblos: Larón, La Viliella y Gillón. Medio centenar de vecinos tuvieron que pasar la noche fuera de sus casas. Aquel 16 de octubre se suspendieron las clases para 2.429 alumnos de los municipios del suroccidente. Además, se cerraron los quirófanos y el servicio de rehabilitación del Hospital Carmen y Severo y Ochoa de Cangas del Narcea para poder atender cualquier situación de emergencia.

Olimpia Ibias visita la capilla de San Bartolomé, en Cornollo, reducida a escombros tras la oleada de incendios que arrasó el pueblo.
Olimpia Ibias visita la capilla de San Bartolomé, en Cornollo, reducida a escombros tras la oleada de incendios que arrasó el pueblo. / B. G. H.

El fuego quemó 12.825 hectáreas repartidas en un total de cinco concejos: (6.088), Cangas del Narcea (1.987), Degaña (1.950), Allande (1.640) y Tineo (268). Los dos mayores incendios ocurrieron en Ibias; en Seroiro, con 3.379 hectáreas, y en Uría-Morentán, con 2.700.

«La imagen de aquel día sigue ahí. Cuando hay niebla y se ven las luces del alumbrado, aún tienes la sensación de que el fuego vuelve a estar ahí», asegura José Manuel Pérez, vecino de Cornollo, el único herido que registró aquella oleada de incendios. Aquella noche ardieron cinco paneras, cinco casas, dos garajes y varios tendejones. «Parecía que venía el demonio. Hacía un ruido tremendo. Se encendía todo por todos lados. Intenté apagar todo lo posible. No podía marchar», rememora aún angustiado Pérez. Olimpia Ibias, su madre, afirma que «aquello no se olvida. Fue un dolor. Parecía el fin del mundo».

Ambos, madre e hijo, lucharon contra el avance del fuego y en su batalla contra las llamas, José Manuel se quemó las manos y sufrió daños en la vista. «Mañana (por hoy) tengo cita en el oculista. No soporto la claridad y cuando hace aire se me irritan mucho los ojos», apunta. Las heridas en las manos cicatrizaron sin problema «por suerte».

Un año después de lo que parecía el fin del mundo, las heridas siguen abiertas. En Cornollo preocupa más el agua que el fuego. Al desastre de la tierra calcinada se sumó en apenas unos días la fuerza de las precipitaciones. «Ayer, sin ir más lejos, llovió y volvió a arrollar», explica Ibias, que sigue reclamando que se actúe en el monte para frenar la virulencia con la que las lluvias arrastran el material calcinado en el monte hasta el pueblo.

«No nos dieron ninguna solución. El problema es que no solo baja agua, baja tierra y piedra», añade su hijo, que considera que para frenar ese torrente de agua y lodo la mejor opción es la construcción de bancales. «El agua aquí no para. Seguirá erosionando», lamenta.

Capilla también sin reparar

A día de hoy, siguen esperando las ayudas de la Administración, aún en trámite. «Todo quedó en caldo de castañas y eso que nos dijeron que nos iban a ayudar con los cierres y la maquinaria», recuerda este ganadero con cerca de cien cabezas de vacuno a cargo, que espera que pronto se resuelva la subvención de la consejería de Desarrollo Rural, que ofrece ayudas hasta un máximo de 30.000 euros para reposición de cierres para ganado, mangas ganaderas y colmenas.

Estima que las pérdidas que le ocasionó el fuego rondan los 120.000 euros. «Tengo que cercar diez kilómetros y calculan que puede costar unos 6.000 euros cada uno, depende de los hilos que se pongan», detalla. «Es inviable», dice enumerando la maquinaria que ardió en el tendejón y los cebaderos que no logró salvar. A ello, habría que sumar las pérdidas de forraje. Las llamas calcinaron trescientos rollos de hierba que tuvo que reponer para el invierno.

La capilla de San Bartolomé, otro de los edificios arrasados por las llamas, sigue como hace un año. Solo el altar se libró del fuego, el resto del templo se redujo a escombros. Ni rastro quedó de San Bartolomé, patrón del pueblo, San Mamés y la virgen de Fátima. «Conservamos nada más que la campana», indican. El presupuesto para recuperar la capilla asciende a unos 8.000 euros. «El sacerdote nos dijo que el Arzobispado podría ayudar con el 20%, pero no volvimos a saber nada del tema», lamenta su madre.

El ganadero está a la espera de ayudas para reparar los daños.
El ganadero está a la espera de ayudas para reparar los daños. / B. G. H.

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