«Fue culpa suya. Él me lo propuso. Es una boda guapa y muy distinta»

Beatriz Pérez y Jairo Feito, en el campo de San Roque, en Tineo. :: B. G. H. /
Beatriz Pérez y Jairo Feito, en el campo de San Roque, en Tineo. :: B. G. H.

Los novios se dejarán llevar y aseguran que «si te pones a pensarlo igual escapas»

BELÉN G. HIDALGO

Apenas faltan unos días para que Beatriz Pérez Mayo y Jairo Feito Menéndez se den el 'sí, quiero'. Como todos los novios en vísperas de casorio, los nervios van 'in crescendo'. Su boda, no en vano, será objeto de todas las miradas. O, al menos, de muchas. Son los novios elegidos para contraer matrimonio en la 61 edición del Festival Vaqueiro y la Vaqueirada de la braña de Aristébano, entre los concejos de Tineo y Valdés, que tendrá lugar este domingo. «Fue culpa de él. Vio el anuncio en el perfil de la red social de un amigo y me lo mandó. No le contesté», recuerda la novia. Ambos se ríen al contarlo. Ella pensó que era una broma, pero, al día siguiente, él insistió. «Me dijo que si no había visto el mensaje». Y al final, se decidieron.

Comenzó entonces un intercambio de llamadas con la organización para conocer los requisitos y ofrecerse al ritual que cada año llena la braña para rendir tributo a los vaqueiros, su cultura y sus tradiciones. Todo fue sobre ruedas. «Nos dijeron que nos fuéramos preparando que había un 99,9% de posibilidades de que fuésemos nosotros. Nos lo confirmaron unos días después», apunta Beatriz Pérez Mayo. «Nos decidimos. Es una boda guapa y muy distinta».

Ella es de Tineo. De la villa. Pero por sus raíces se hunden en la braña. «Mi madre era vaqueira, vaqueira. Ella tenía raíces vaqueiras tanto de madre como de padre y hacían la trashumancia. Eran de Bustellán y Adrao», cuenta con orgullo. De hecho, no será la primera de la familia que se case en Aristébano. «Fui a una boda de una prima de mi madre y siempre me gustó. Estuvimos allí juntos y nos encantó», recuerda. El novio, Jairo Feito Menéndez, es de El Cándano, en Salas. Confiesa haber descubierto sus raíces vaqueiras preparando la boda. «Mi abuelo era vaqueiro. De Somiedo», señala Feito, cuyo apellido da fe de un pasado vivido entre brañas.

Desde que comenzaron con los preparativos, la pareja ha ido conociendo los pormenores de su ceremonia. Y, al mismo tiempo, preparando a la familia para ella. Los padrinos serán el padre de ella y la madre de él. «Sabía más ella de la boda que nosotros. Un vecino mío se casó allí hace años. Al principio le daba vergüenza, pero ahora está muy entusiasmada», revela Feito sobre la futura madrina.

Todos irán vestidos de vaqueiros, siguiendo el 'dress code' de la ceremonia. Los contrayentes han optado por alquilar sus trajes en Cadavedo. Es un aspecto que preocupa, en este caso, más al novio que a la novia. Teme, sobre todo, las altas temperaturas. «La capa parece un cobertor. Como haga calor...», dijo, confesando que ya había consultado las previsiones, a las que desea acierto. «Parece ser que estará nublado», confirma.

A su futura esposa, en cambio, lo que le quita el sueño es el medio de transporte. No en vano llegarán a la braña en caballo, con el resto de la comitiva, que estiman sumará cerca de medio centenar de personas. «Si el caballo anda, no habrá problema», bromea Beatriz, poco acostumbrada a montar. Nos cuenta que el novio tiene más práctica, pero ella apenas vivió la experiencia, por lo que ha tenido que practicar de cara al gran día. Confía en salir airosa, pues los caballos irán sujetos. «Esperamos no perder ninguna pieza del traje», dijo con una risa nerviosa.

De los nervios de ese día prefieren ni hablar. «Somos más de improvisar», afirman los dos al unísono. Se saben observados por cientos de personas. Se dejarán llevar. «Si te pones a pensarlo igual escapas», advierte, con ironía, el novio.