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Carnaval de Avilés: Un entierro irreverente, caótico y pasado por agua

La comitiva fue de la plaza del Carbayo hasta la plaza de España desafiando a la lluvia y el viento. / OMAR ANTUÑA
La comitiva fue de la plaza del Carbayo hasta la plaza de España desafiando a la lluvia y el viento. / OMAR ANTUÑA

La desenfadada comitiva fúnebre se concentró en la plaza del Carbayo y azuzada por la lluvia llegó a la de España en tiempo récord

J. F. G. AVILÉS.

Fue entierro de la sardina más caótico y anárquico de la historia, que ya es decir, unas honras fúnebres pasadas por agua que pusieron punto final al antroxu más seco de los últimos años y quizá también de la historia. Caer cayó de lo lindo, «pero al menos esperó al último día», se consolaban los miembros de la Cofradía del Santo Entierro de la Sardina que, ya entrados en años pero sin perder chispa, se concentraron a las siete y media de la tarde en la plaza del Carbayo, punto de reunión y de partida. No faltó ninguno: el obispo, el militar, el municipal...

Las dudas iniciales sobre si salir o suspender pronto se dispararon. No así la lluvia, que lejos de amainar arreció. Ante este panorama no se esperó ni a la carroza ni a la sardina, que a hombros de la Cofradía Sardina Arenque se incorporaría una vez iniciada la marcha.

Fue visto y no visto. Al ritmo que marcaba la charanga El Felechu la desenfadada e irreverente comitiva fúnebre corrió hacia la plaza de España. Una vez allí, atechados bajo el escenario, se procedió a la lectura del testamento, con la letanía habitual -«Apúntelo usted señor escribano, apúntelo usted con la pluma en la mano, tintero y papel»-, y sus mandamientos, empapados no por el agua, sino por el tinte político, casi teñido siempre del mismo color y con salidas de tono. «Jesucristo se cae de la cruz y se inventa la hostia», decía el primero.

Hubo referencias «al títere de turno que se autoproclama presidente de un país al margen de las urnas porque lo digan los yankees», en clara referencia a Juan Guaidó, al «descerebrado llamado Trump», al «ultraderechista Bolsonaro», a «los que a día de hoy se en vuelven en una bandera y se les llena la boca de patria» y «a los corruptos que entran o siguen en la cárcel y a los que tienen que estar, políticos, empresarios, manadas y demás escoria de esta sociedad». Tras el testamento, las coplas. «Pa los borbones en pleno la espada de don Pelayo se la coman enterita sin que sufran un desmayo», decía el primer. Y así hasta 55. Después la sardina pasó a mejor vida, poniendo así el punto final al desenfreno.