«Los comedores sociales ponen a los vecinos de uñas, pero son necesarios»

Sor Ana, en el Calor y Café de Lanzarote. / DIARIO DE LANZAROTE
Sor Ana, en el Calor y Café de Lanzarote. / DIARIO DE LANZAROTE

Sor Ana María Rodríguez Arango Asturiana de Pravia, es responsable de Calor y Café en Lanzarote. Ha sido elegida Mujer Canaria 2019 por su labor solidaria | «Este premio es un reconocimiento al trabajo del equipo de voluntarios, no a mi persona»

JOSÉ LUIS RUIZGIJÓN.

Ana María Rodríguez Arango (Santianes de Pravia, 1945) es la responsable del centro Calor y Café de Lanzarote y ha sido elegida Mujer Canaria 2019. El Orfeón La Paz de La Laguna homenajeará a esta asturiana en la XXXI edición de la Gala de Exaltación a la Mujer Canaria el 10 de julio en el Teatro Leal de La Laguna. Ingresó a los 23 años en la Congregación de Hijas de María Madre de la Iglesia y su primer destino fue Las Palmas de Gran Canaria, donde realizó una labor asistencial sanitaria e inició sus estudios de ATS. Tras un largo periplo por Sudamérica regresó a las islas y en 1996 abrió junto a otras hermanas y voluntarias un centro para atender a personas con problemas de drogadicción, ahora ubicado en la zona industrial de Puerto Naos, en Lanzarote.

-¿Qué supone para usted este premio?

-Es una gala homenaje a la mujer canaria y yo les dije 'miren yo no soy canaria soy asturiana'. Pero no les importó. El homenaje viene por la labor que desempeño en Lanzarote desde el año 1996. Viendo la cantidad de gente que había en la calle con situaciones de drogodependencias y de suciedad y hambre, desde la congregación decidimos abrir un comedor social donde esta gente con problemas de exclusión social pudiera acceder bajo la norma de educación y respeto. No exigiéndoles otras cosas. Desde entonces, sigue funcionando.

-¿Quiénes son las personas que acuden ahora?

-El perfil del usuario ya no es el mismo, hay algún toxicómano y alcohólico, pero también hay gente a la que no le alcanza con su pensión para vivir y también hay quienes no tienen recursos y algún inmigrante. Esos son los usuarios que hay en el comedor ahora. En aquel tiempo, cuando nosotros abrimos, Lanzarote no tenía muchos recursos. Cáritas tenía un pequeño comedor y para poder acceder a él había unas normas y unas exigencias. Pero ya se sabe que el que tiene problemas con la droga..., los horarios y las normas..., sus circunstancias no les permiten vivirlas como es debido. Pretendíamos que sin muchas exigencias pudieran ducharse, acceder a comer un bocadillo y un café caliente sin que nadie cuestione su situación. Siempre ofreciéndoles la posibilidad de mejorar su vida. Eso es lo que hacíamos y lo que sigo haciendo.

-En Gijón también hay un Calor y Café...

-Sí, existe en todas partes del mundo. Son centros de baja exigencia para gente con problemas. Cada uno tiene su política de trabajo independiente. En algunos uno tiene que llevar la comida y ellos ponen el microondas para que se caliente, otros dejan acostarse en una tumbona, cada uno tiene su organización. Pero existe Calor y Café a nivel mundial.

-El premio es a la mujer canaria, ¿no les importó que usted no naciera en las islas?

-Llevo treinta años viviendo en Lanzarote y desde su filosofía, que es promover la cultura y las artes, nunca habían dado un premio para una labor social. Pero pensaron en mí y la gente lo apoyó. Ellos cumplen 101 años, nacieron después de la primera guerra mundial con el sentido de promover la paz.

-¿Qué le ha dicho el resto de los trabajadores del centro?

-Yo a los voluntarios del comedor les he escrito un mensaje diciendo que este reconocimiento es a la labor que hacemos los 32 voluntarios que cada día rotan por allí haciendo diferentes labores. Sin ellos yo no haría nada, en un reconocimiento hacia lo que se hace, no hacia mi persona. Por lo menos no lo siento así. Yo agradezco que la labor que hacemos sea reconocida porque cada vez que se habla de abrir un comedor social, la vecindad se pone de uñas. Nadie quiere a su lado una cosa que parece que va a atraer algo malo. Entonces creo que es reconocer que esa labor es necesaria.

-¿Cuándo se fue de Asturias?

-Entré en la congregación en el año 1968 y primero estuve en Plasencia, luego en Canarias, en Colombia, Perú y cuando vine estuve un año en la Península y después me mandaron aquí de paso y aquí de paso sigo. Ahora hace tres años que no voy por ahí, los años me pesan y el viajar no me agrada tanto. Recientemente vino mi hermana a verme y sigo teniendo a mi familia en Santianes.

-¿Qué espera que suponga para el centro?

-Nosotros no necesitamos apoyo institucional. Hay diferentes establecimientos que nos dan comida y alimentos perecederos, hay particulares que van a hacer la compra y compran también para Calor y Café. Nosotros nos defendemos bastante bien y lo único que necesitamos es que se reconozca que la labor que hacemos es necesaria. A veces la gente dice 'bueno están ahí porque les da la gana, se han creado ese problema porque han querido'. Es verdad, pero a lo mejor los demás tendríamos que pensar '¿y yo por qué he tenido la suerte de no caer en ese mundillo?'. Es algo que desgraciadamente te puedes meter por ahí casi sin darte cuenta. Muchos de ellos dicen que si pudieran echar para atrás su película, qué diferente sería. Pero una vez entrado, ahí ya no es tan fácil.