Lágrimas en Picos por Guillermina

El funeral por Guillermina Mier fue oficiado por el párroco Pedro Fernández y congregó en Bulnes a más de un centenar de vecinos, familiares y montañeros. / FOTOS: NEL ACEBAL
El funeral por Guillermina Mier fue oficiado por el párroco Pedro Fernández y congregó en Bulnes a más de un centenar de vecinos, familiares y montañeros. / FOTOS: NEL ACEBAL

La pionera del turismo en el Parque Nacional fue «una institución» del pueblo y será recordada por su «dignidad, laboriosidad y honradez»

GLORIA POMARADA ARENAS.

Fue una mujer venerada en vida y ese sentimiento de respeto y cariño se mantuvo hasta su último adiós. Guillermina Mier fue despedida la pasada tarde por más de 120 cabraliegos, familiares y montañeros en un funeral celebrado en pleno corazón de los Picos de Europa, con los que este año compartía centenario. El Bulnes que tanto amó se quedó pequeño para la ceremonia religiosa, que tuvo que oficiarse en la plaza del pueblo dada la falta de espacio en la iglesia parroquial de San Martín. No fue la única peculiaridad en la despedida de una mujer considerada por todos como «única», pues la subida del féretro comenzó por carretera desde Arenas, para continuar después en el funicular y recorrer los últimos metros hacia la aldea a hombros de media docena de hombres, entre ellos sus nietos. Para las numerosas flores enviadas por quienes disfrutaron de su compañía en las últimas décadas hizo falta un tractor.

Pasadas las cuatro de la tarde, la comitiva enfilaba el tramo final del camino que conduce a un Bulnes repleto ayer de turistas. Un tímido aplauso servía para recibir a la centenaria hostelera y dar comienzo a las honras fúnebres, oficiadas por el párroco de Cabrales, Pedro Fernández.

Como tantos otros vecinos del concejo, el sacerdote fue uno de los muchos amigos de Guillermina y tuvo para ella palabras de afecto y admiración. «Todos los que estamos aquí, en esta catedral natural que son las peñas, nos sentimos muy amigos de Guillermina, una mujer inteligente y trabajadora a más no poder», ensalzó durante la homilía.

Pionera de la hostelería en los Picos de Europa con la apertura hace medio siglo de Casa Guillermina en Bulnes, la mujer y su esposo Rafael tuvieron siempre las puertas del negocio abiertas para montañeros, turistas y vecinos. «¡Cuántos kilos de patatas habrá pelado, cuántas raciones de fabada habrá hecho y cuánto picadillo y huevos fritos!», rememoró el párroco sobre su trabajo, ejercido siempre con «dignidad, laboriosidad y honradez». Como ella misma le decía al cura, «Don Pedro me gusta ser muy legal».

De la vida de la abuela de Bulnes destacó además su devoción por la Virgen de las Nieves, cuya lámpara «mantenía desde pequeña encendida». Incandescente permaneció también su llama desde aquel 11 de enero de 1918 en el que llegaba al mundo, a los mismos pies del Urriellu donde permaneció hasta su muerte este jueves y donde yace desde ayer, en el cementerio local. «Le falló el cuerpo pero la memoria la tenía tan despierta como siempre», señaló el párroco.

Por su parte, el alcalde pedáneo del pueblo, Rufino Mier, verbalizó el sentir de unos vecinos que quedan un tanto huérfanos. «Era una institución de Bulnes», elogió. De sus cien años en las entrañas de los Picos de Europa quedan innumerables recuerdos y unos versos que ella misma recitaba hace apenas nueve meses, el día de su cumpleaños: «Yo de Bulnes soy nacida/fui pastora en Camburero/adiós Naranjo de Bulnes/ que en el corazón te llevo».

 

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