La sanidad privada crece en Asturias

Una trabajadora del Hospital Begoña revisa una mamografía. /JOAQUÍN PAÑEDA
Una trabajadora del Hospital Begoña revisa una mamografía. / JOAQUÍN PAÑEDA

Más de 145.000 asturianos han contratado ya un seguro médico. El sector, que rechaza la etiqueta de elitista, se reivindica como «un complemento» de la sanidad pública Hospital Begoña, Sanatorio Covadonga, Centro Médico y Clínica Asturias conforman la oferta hospitalaria privada

LAURA MAYORDOMO

El Sanatorio Covadonga, en Gijón, es el decano de los hospitales privados asturianos. Abrió sus puertas hace más de un siglo, de la mano de las Dominicas de la Anunciata, que aún hoy ostentan su titularidad aunque buscan comprador desde hace un tiempo. En 1958 comenzó a funcionar el Hospital Begoña que, desde hace treinta y dos años, es propiedad del Igualatorio Médico Quirúrgico (IMQ). Y, dos décadas después, lo hacía en Latores (Oviedo) el Centro Médico, de la Sociedad Medicina Asturiana S.A, cuyo socio mayoritario es la Corporación Masaveu. En 1988, dentro del Grupo Laber Hospitales, nacía la Clínica Asturias. Son los cuatro centros hospitalarios privados con que cuenta el Principado. «Nuestros puntos fuertes son la inmediatez, el trato diferenciado y personal. Somos muy resolutivos en el diagnóstico médico porque tenemos los medios más avanzados y podemos disponer de ellos en el momento», resume el gerente de la Clínica Asturias, Daniel Basante.

El gancho comercial de la sanidad privada tiene un nombre: listas de espera. Aunque en determinadas especialidades tampoco escapa al problema de las demoras, ni de lejos se acerca a las cifras que se manejan en algunos servicios de la pública. Y ahí han encontrado un importante caladero de clientes. En los últimos años también se han beneficiado de la política, cada vez más extendida, de muchas empresas que recurren a los seguros médicos privados a modo de recompensa para sus empleados o como forma de retener talento.

Además, el hecho de que buena parte de sus pacientes sean funcionarios o trabajadores que cuentan con el paraguas asistencial de las mutuas es esgrimido por el sector para quitarse de encima la etiqueta de elitista.

El peso de la pública

Según el último informe del Instituto Idis -integrado por empresas del sector-, en 2018 eran 145.300 los asturianos que eran titulares de un seguro médico privado, prácticamente un 15% de la población. En 2010 ese porcentaje apenas llegaba al 9% y situaba al Principado como la región con menor penetración de la sanidad privada. En eso pesaba mucho que «competimos con una sanidad pública más desarrollada y con más medios que en otras comunidades autónomas», opina el gerente del Hospital Begoña, Pablo Hernández. También había que hacer frente a la extendida creencia de que «la privada era para las cosas sencillas, que para lo complejo había que ir a la pública», anota su homólogo en el Sanatorio Covadonga, Javier Valbuena.

Pero las cosas están cambiando. Y la impresión de los gerentes de los hospitales privados asturianos es que habrá un crecimiento sostenido en los próximos años. Aunque no se llegue a las cifras de comunidades como Madrid o Cataluña, con más de un 30% de la población con seguros privados, «hay margen» de mejora, dicen. Entre otras cuestiones, porque los precios de las pólizas también se han ido reduciendo en los últimos años.

Al margen de los propios, cada año los hospitales privados asturianos -salvo el Sanatorio Covadonga- reciben pacientes de la sanidad pública. Cuantitativamente, las derivaciones se llevan el 6,1% del presupuesto del Principado en materia sanitaria, según expuso esta misma semana el consejero de Salud, Pablo Fernández, durante su comparencia en la Junta General. Para la sanidad privada, esta actividad, si bien no se traduce en cifras significativas, sí es «necesaria» como un complemento de la oferta pública en determinados servicios. «Estamos para ayudar, nunca los hemos catalogado como competidores», subraya el gerente de la Clínica Asturias en referencia a los hospitales del Servicio de Salud del Principado (Sespa). Para Miguel García, gerente del Centro Médico, lo ideal sería que las derivaciones respondieran «no solo a la demanda sino a un uso racional del presupuesto». Y lo explica: «No se trata de colocar cincuenta prótesis de rodilla porque haya un lista de espera que desborda los plazos que la ley haya fijado. Se trata de hacerlas donde sea más rentable. En mi opinión, ahí hay vasos comunicantes que no están bien estudiados con vistas a la mejor utilización de los recursos».

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Hay otra cuestión que afecta por igual a la sanidad pública y la privada: la falta de profesionales en determinadas especialidades. Médicos, pero «también enfermeras, como se ha visto este verano», apunta el gerente del Hospital Begoña. «Es un problema generalizado y de difícil solución a corto plazo. Incluso se puede agravar en el futuro por las jubilaciones y la falta de relevo generacional. Hay que ponerle remedio sin dilación», anota Daniel Basante.

En este sentido, hay una crítica común: Asturias es la comunidad donde «más dificultades» se pone a los médicos para compaginar la actividad pública y la privada. Es una situación que unos califican de trabas y otros directamente de «castigo». Esto, según Javier Valbuena, motiva que muchos profesionales se vayan a ejercer a otras comunidades donde no ven reducido su sueldo en la pública por pasar consulta u operar en la privada en sus horas libres, como ocurre aquí. «Si no hubiera tantos impedimentos, estoy seguro de que habría más acceso de profesionales a determinadas especialidades en la sanidad privada», apunta el gerente del Sanatorio Covadonga.