«En 28 años de servicio nunca había vivido algo similar»

José Ramón Fernández, Carlos González Quirós y Alberto Vior con Manolo Merelles. / OMAR ANTUÑA
José Ramón Fernández, Carlos González Quirós y Alberto Vior con Manolo Merelles. / OMAR ANTUÑA

Agentes y SAMU destacan el trabajo coordinado en una asistencia muy compleja por el grave peligro para la vida del afectado Los policías que salvaron la vida a un joven en La Carriona se reencuentran con su padre

C. DEL RÍOAVILÉS.

Manolo Merelles y Alberto Vior se fundieron ayer en un abrazo de mutuo agradecimiento a las puertas de la comisaría de la calle Río San Martín. El primero, porque el agente de la Policía Nacional salvó la vida a su hijo el miércoles 26 de junio. El segundo, porque no siempre su trabajo es tan bien valorado. Con el plus, además, de que en este caso todos pueden sonreír y aplaudir.

Vior, muy conocido por ser el policía que da las charlas sobre el uso correcto de internet y redes sociales en los centros escolares, fue un eslabón más de una cadena que esa trágica tarde funcionó a la perfección. La intervención era sumamente delicada y todo el engranaje respondió. La historia la publicó LA VOZ DE AVILÉS el pasado viernes. 'El Pulgui', un joven vecino de La Carriona de 19 años, se autolesionó con un cuchillo en el domicilio familiar. Se encerró en un dormitorio y se cortó el cuello. Su madre alertó de inmediato a las fuerzas de seguridad en un primer paso providencial: la rapidez.

«Está vivo de milagro. Se cortó en el cuello, donde hay venas y estructuras potencialmente mortales. Se dieron una serie de circunstancias favorables que no siempre se conjugan: su familia actuó rápido, la policía pudo desarmarle y cortar la hemorragia, nosotros estábamos cerca y libres y el quirófano del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) estaba preparado con todos los cirujanos prealertados», resume María José Villanueva, doctora del Servicio de Atención Médica Urgente (SAMU). Al padre de 'El Pulgui', a Manolo Merelles, le dijo que no tenía por qué darle las gracias, que estaba haciendo su trabajo, pero tras reflexionar acerca del caso se dio cuenta de que era el ejemplo perfecto de que «nada sale adelante por una única persona o servicio, sino gracias al conjunto».

De la misma opinión son los cinco policías nacionales que intervinieron en la calle de Galicia. Carlos González Quirós y José Ramón Fernández fueron los primeros en llegar. Con la puerta entreabierta, intentaron convencer al chico de que dejara el cuchillo que tenía en la mano. «Era evidente que quería hacerse daño a sí mismo, ya se había cortado el cuello y perdía mucha sangre», relataron. Tuvieron que esperar la llegada de Vior que, ante la escena («se estaba clavando el cuchillo en la cabeza y ni se inmutaba»), intentó aturdir al joven con spray de pimienta. Entonces, el cuchillo se le cayó de la mano y pudo entrar a taponar la herida. «Con las dos manos oprimiendo el cuello y el efecto del spray en las vías nasales, llené de baba al chaval por la tos y los estornudos. Ni me di cuenta de ponerme la mascarilla ni los guantes», se disculpaba ayer Vior con un padre que no podía ocultar su satisfacción por poder agradecer directamente a los agentes su trabajo.

Ni Vior ni Quirós ni Fernández habían vivido situación similar. «En 28 años de servicio, nunca», remarcó el primero. Suelen atender heridas de arma blanca o autolesiones de gente mayor, pero nunca un caso de alguien tan joven y tan grave.

Ellos, los policías, también ensalzan la reacción de los vecinos de Merelles. «Tuvimos que salir a la calle y no entorpecieron en ningún momento. Siguieron las labores a distancia y cuando nosotros terminamos nos ofrecieron toallas y sus lavabos para que pudiéramos limpiarnos la sangre. Estábamos llenos de sangre», relataron. «En esos momentos críticos, la gente se olvida de que eres 'poli'», reconoció Vior.

María José Villanueva, que estuvo acompañada esa tarde por el enfermero Francisco Crespo, el camillero Joaquín Rodríguez y con Ramón González como conductor, explicó que «lo más complicado fue estabilizarlo, estuvimos unos cincuenta minutos a pie de calle antes de poder intubarlo y trasladarlo al hospital». Una vez en el centro «no pasó ni por el escáner», fue directamente al quirófano. Se da la circunstancia de que ese día con el equipo también estaba la médica en formación Laura Díaz, la hija de Villanueva. «Era su última salida en rotación y fue tremenda porque las otras intervenciones habían sido más rutinarias», compartió.

Mientras, 'El Pulgui' sigue recuperándose en una habitación del Hospital Universitario San Agustín con el apoyo de su familia y el interés de todo el equipo de 'ángeles de la guarda'.