Grueso declara que despachaba con el presidente regional y «no me ocupaba del detalle de las facturas»

Natalio Grueso durante el interrogatorio en la Audiencia Provincial./EFE
Natalio Grueso durante el interrogatorio en la Audiencia Provincial. / EFE

El juicio por el caso Niemeyer comienza con la declaración de Natalio Grueso, que descarga la responsabilidad en el Patronato

C. DEL RÍO

El que fuera director general del Centro Niemeyer, Natalio Grueso, ha descargado hoy la responsabilidad de la gestión del mismo en el difunto presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, y en Ana Rosa Migoya, consejera de Cultura y presidenta de la Fundación que lo dirige. Grueso ha asegurado que todas sus decisiones y actuaciones era conocidas y recibían el visto bueno del Patronato y ha negado desfases en la contabilidad. «Puede ser que se haya traspapelado una factura de manera puntual, pero de ahí a decir que se ha hecho daño patrimonial al Niemeyer hay mucho», ha declarado hoy tras asegurar que «yo despachaba directamente con el presidente del Principado».

Es el resumen de casi cuatro horas de declaración en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial en la que solo ha habido tiempo para responder a las preguntas de la Fiscalía y de la acusación particular, la Fundación Centro Niemeyer. Mañana seguirá respondiendo al resto de partes.

Natalio Grueso explicó que el Centro Niemeyer nació de «conversaciones entre el director de la Fundación Príncipe de Asturias, Graciano García, y el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, con la idea inicial de crear un Museo de los Premios Príncipe». A partir de ahí, en 2006, él empezó a trabajar en un «proyecto muy ambicioso» con un gran volumen de viajes, más de catorce mil. Dijo que se planificó una estructura de trabajo pequeña, con pocas personas en nómina, pero con colaboradores que ayudaran a sacar adelante el centro.

Aseguró reiteradamente que las facturas se correspondían con viajes de trabajo reales y justificó la presencia de su madre y su abuela en alguno «porque yo apenas veía a mi madre y si tenía que ir a trabajar y a la Fundación no le suponía ningún coste porque iba a venir en el mismo coche, pues le proponía que viniera. Hombre, si quiere ya que calcule el coste del desgaste de la rueda...», se defendió. Asimismo, dijo desconocer por qué gastos de la puesta en marcha del proyecto que tuvieron lugar en 2006 se facturaron en 2007, una vez que la Fundación Centro Niemeyer estaba ya en marcha, ya que eso a él no le correspondía decidirlo. «Hubo más de 14.000 movimientos de viajes. Era un proyecto de promoción cultural encargado por el presidente del Principado y a mí se me encomendó realizar gestiones eficientes», manifestó.

Reiteró que todos esos viajes habían sido necesarios para el éxito del proyecto y defendió la contratación de su entonces mujer Judit Pereiro, asunto que aseguró había tratado con Areces. «La quise incorporar porque es una persona que habla cuatro idiomas y con experiencia en la gestión cultural. Lo hablé con el presidente y nos pareció que era más estético que fuera colaboradora, por eso su nombre no aparece reflejado en ningún acta, al igual que el de muchos colaboradores. Qué más me habría gustado a mí que ponerle un sueldo de cinco mil euros. Ella hizo los viajes que yo encargué. Es mi responsabilidad y con el conocimiento del presidente y del Patronato. Lo sabía todo el mundo. Si no cómo podría haberse hecho entender la entonces alcaldesa Pilar Varela con todas las personalidades que vinieron», respondió Grueso a preguntas de Alejandro Riera, abogado de la Fundación.

Respecto a los pagos fraccionados, aseguró que es práctica habitual cuando se trata de grandes cantidades y afirmó que Viajes El Corte Inglés, el principal proveedor del Centro Niemeyer, facilitaba los pagos facturando con posterioridad algunos servicios en beneficio de un centro cuyos patronos no pagaban en tiempo y forma.

Natalio Grueso repitió varias veces que su cometido como director del centro era encargarse del contenido cultural y que no entraba al detalle de la contabilidad. Tan solo empleaba el «sentido común». «Si veo una factura de un cuadro de Picasso, claro que pregunto. Pero si veo una de un hotel de sesenta euros no entro a comprobar teniendo en cuenta el volumen de viajes que se facturaban», aseguró tras recordar que eso era misión de la presidenta de la Fundación, Ana Rosa Migoya, y que todos los patronos estaban informados tanto de las actividades como de las cuentas.

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