Las facturas que cambiaron el Niemeyer

Natalio Grueso, saliendo del Centro Niemeyer en diciembre del año 2011. / J. CEREIJIDO / EFE
Natalio Grueso, saliendo del Centro Niemeyer en diciembre del año 2011. / J. CEREIJIDO / EFE

El centro aún debe devolver 1,1 millones de los 3,4 de deuda contraída por la anterior gestión | Una vez saldadas las obligaciones con los proveedores, este mes se ha realizado el primero de los pagos a las administraciones

RUTH ARIAS AVILÉS.

Este mismo mes de marzo, el mismo en el que finalmente el exdirector del Centro Niemeyer, Natalio Grueso, y otros cuatro acusados se sentarán el banquillo por el caso que lleva el nombre del centro cultural, la fundación ha hecho frente al primer pago de 250.000 euros de la deuda subordinada, la que se mantiene con las administraciones públicas. Desde 2013 ya se han devuelto 1,6 millones a diversos proveedores, además de otras cantidades a trabajadores y otros acreedores. A finales del ejercicio, ocho años después de que Grueso abandonara la gestión, la deuda aún ascenderá a un millón de euros, y la previsión es que no termine de saldarse hasta 2022.

Cada año el Niemeyer debe destinar alrededor del 25% de su presupuesto a saldar la deuda contraída por los anteriores gestores. Cuando se redactó ese plan de viabilidad rondaba los 3,49 millones de euros, acumulados desde que en el año 2008 comenzase a realizar actividades culturales en la ciudad, tres años antes de que el centro diseñado por el arquitecto brasileño abriera sus puertas.

El Niemeyer se inauguró un 25 de marzo de 2011, en vísperas de las elecciones autonómicas y justo el día antes de que la junta electoral prohibiese, por la cercanía de los comicios, realizar este tipo de actos. Iba a ser el gran revulsivo de Avilés, y durante un tiempo lo fue. El reclamo del Niemeyer y de la agenda de su entonces director, Natalio Grueso, funcionó. Por Avilés pasaron Woody Allen, Kevin Spacey, Jessica Lange y hasta Brad Pitt, que se dio un paseo por las obras y le regaló a la ciudad su minuto de fama internacional. Tras ellos llegaron miles de turistas atraídos por un majestuoso producto arquitectónico, el único del brasileño en España y el más importante en Europa. Todo eran éxitos, famosos por la ciudad llegados a golpe de talonario sin que entonces nadie se preocupase de unas cuentas que no salían.

El sistema comenzó a venirse a abajo con el cambio de gobierno. A partir de mayo de 2011, y el 15 de diciembre de ese año, plazo en el finalizaba la cesión del edificio de la ría a la fundación, el Niemeyer cerró sus puertas. En 2012 se abrió un expediente de regulación de empleo para resolver los contratos de la plantilla y se presentó un concurso voluntario de acreedores. La deuda reconocida era de 2,3 millones de euros, a los que había que sumar otros 1,2 en subvenciones revocadas que había que devolver.

Las facturas

Pero los exgestores del Niemeyer no se sientan el en banquillo por la deuda, sino por las irregularidades en la contabilidad de la fundación. Ya en septiembre de 2011 el gobierno de Álvarez-Cascos denunció «graves irregularidades». Faltaban facturas que justificasen parte de los gastos. La auditoría de KPMG correspondiente a 2010 ya alertaba de este punto.

Un informe del perito de la Agencia Tributaria, confirmó posteriormente la existencia de facturas falsas, el cobro duplicado de algunas de ellas y una situación contable de la entidad que definió como «caótica». La Fiscalía sostiene que en muchas facturas se modificaban conceptos e importes, que muchos de los servicios, sobre todo viajes y alojamientos, eran disfrutados no solo por personal vinculado al centro, sino también por familiares y amigos, a veces en solitario, que disfrutaron de viajes a Tailandia, Nueva York, París, Niza, Venecia y Portugal, con gastos de alojamiento y traslados. Y además también hay otras facturas cargadas a la fundación desde Viajes el Corte Inglés que correspondían por personas totalmente ajenas al centro cultural y sus actividades, casi siempre otros clientes del exempleado de Viajes El Corte Inglés, también acusado en el caso. En total, más de 100.000 euros.

Así, Grueso, con la colaboración de el antiguo trabajador de la agencia de viajes, habría organizado una trama destinada a estafar al centro en su propio beneficio y el de otros trabajadores del centro, familiares, amigos y clientes de la agencia. Grueso sería el instigador, y José María Vigil el ejecutor, mientras que los otros tres acusados, la exmujer de Grueso, el exsecretario de la fundación y el exdirector de producción del centro, son considerados cómplices o colaboradores necesarios.

El centro reabrió sus puertas pasados unos meses, gestionado por la sociedad pública dependiente del Principado Recrea, y posteriormente su gestión se devolvió de nuevo a la fundación, en la que si bien se mantenían los principales patronos, los gestores estaban destinados a cambiar. Por el medio se perdieron algunos patronos privados, y también las aportaciones de Liberbank. Solo el Grupo Daniel Alonso y Asturiana de Zinc se mantienen como socios privados en el patronato junto al Principado, el Ayuntamiento de Avilés, la Autoridad Portuaria de Avilés y el Ministerio de Cultura, que hace años que ni aporta dinero ni asiste a las reuniones.

Nueva etapa

La nueva gestión está encabezada por Carlos Cuadros, un licenciado en Ciencias de la Información salido de un concurso internacional y que llegaba a Avilés después de hacer dirigido el Instituto de Artes Escénicas y de la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas y haber sido asesor de empresas y fundaciones culturales en Brasil.

Sus primeros años no fueron especialmente gloriosos, pero ha logrado que el Niemeyer vuelva a despuntar y a ejercer de imán gracias a muestras como la de Francis Bacon o la de Joaquín Sorolla. No han vuelto estrellas como Woody Allen o Kevin Spacey, ambos hoy en horas bajas, ni tampoco premios Nobel. La programación tiene menos tirón mediático, pero hitos en su haber como el 'Cuento de invierno' de Shakespeare a cargo de la compañía británica Cheek by Jowl.

La auditoría de 2017 refleja un equilibrio financiero y, a lo largo de los últimos años se han implantado necesarios protocolos de gestión e incluso un código ético y unas normas de conducta que prohiben, por ejemplo, los regalos que no sean corporativos y de valor «insignificante», y el período máximo de pago de las facturas es actualmente de un mes, aunque el centro asegura que «en muchos casos no supera los quince días».

Desde su apertura, hace ocho años, el Niemeyer se ha quedado sin estrellas y también se ha dejado por el camino buena parte de los apoyos privados, e incluso el del Gobierno central. Le faltan aún tres años para saldar su deuda y aún debe consolidarse como centro cultural de referencia. Para ello necesita pasar página.