El encargado de mantenimiento en el Niemeyer recibía «premios» puntuales

El fiscal y los abogados durante los interrogatorios de ayer. / EFE (POOL)

Asumió la responsabilidad tras ganarse la confianza de Natalio Grueso como chófer desde su etapa en la Fundación Príncipe

C. DEL RÍO AVILÉS.

El que fuera chófer del exdirector del Centro Niemeyer, Natalio Grueso, y posteriormente encargado de mantenimiento del centro, explicó ayer que «cada cierto tiempo» recibía «premios» por su trabajo y su total disponibilidad. En su etapa como conductor para la Fundación Príncipe de Asturias fue invitado, por ejemplo, a viajar al Gran Premio de Fórmula 1 de Mónaco después de que el piloto Fernando Alonso quedara satisfecho con sus servicios y, ya como encargado de mantenimiento del Niemeyer, alguna vez recibió «bonus». En concreto, al fiscal Alejandro Cabaleiro le consta uno de 1.500 euros, así como estancias en hoteles de Madrid y Portugal y vuelos en avión con su madre a Alicante a cargo de la fundación.

Fue el primer testigo de la decimotercera sesión del 'caso Niemeyer' que se está juzgando en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial. Definió como «amistad laboral» la relación que le unía con Natalio Grueso, para quien empezó a trabajar cuando todavía estaba en la Fundación Príncipe de Asturias. Él era su chófer habitual dentro de la empresa que trabajaba para la fundación. En su etapa al frente del Niemeyer, Grueso siguió confiando en esta empresa y también en él.

El chófer explicó que era el ya exdirector del Niemeyer quien llamaba para encargar un servicio y luego él se lo notificaba a su empresa. En esos viajes o traslados, el conductor rellenaba la 'hoja de ruta', un documento de trabajo interno en el que hacía constar, aparte del recorrido, la empresa que lo había contratado y el pasajero «si lo conocía». Explicó que antes de trabajar como conductor por cuenta ajena, lo había hecho en una empresa de mantenimiento. Por eso el exdirector del Niemeyer le ofreció más adelante cubrir ese puesto en el Centro Niemeyer.

Sobre sus estancias en hoteles en Madrid aseguró no saber nada. Explicó que esas pernoctaciones formaban parte de determinados servicios y quedaban entre empresas. En un viaje a Portugal de Grueso y su madre, en el que se visitaron localidades como Estoril, Sintra y Cascais, solo recordó «estar cada poco diciéndome una calle, recuerdo movimiento», aunque no pudo precisar más detalles porque «yo me quedaba esperando en el coche». Y respecto a haber llevado a Grueso con su madre y su abuela, cree que pudo ocurrir «alguna vez», pero en trayectos regionales, «fuera de Asturias no me suena».

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Negó haber volado alguna vez a Alicante con su madre, asegurando que sus padres viven allí y siempre que va a verlos lo hace en coche. Dijo desconocer por qué había dos vuelos a Alicante a su nombre y al de su madre cargados al Niemeyer.

Respecto al uso que Judit Pereiro podía hacer de sus servicios como chófer, afirmó que nunca le había contratado personalmente un viaje, que siempre iba en calidad de acompañante salvo en una única ocasión cuando «se nos encargó que buscáramos casonas con hórreo para Woody Allen y fuimos ella y yo a buscar localizaciones».

Viajes de terceros

No fue el único testigo que ayer tuvo que responder sobre viajes. Otros cuatro (dos de ellos, un matrimonio avilesino) fueron citados como clientes de Viajes El Corte Inglés que, en diferentes fechas, contrataron viajes a destinos como Lanzarote, Disney y La Habana que aseguraron haber abonado, pero que también fueron cargados a la contabilidad del Centro Niemeyer. Salvo uno de ellos que afirmó ser amigo del exagente de viajes, a quien llamó para que le contratara un viaje, ninguno conocía a los acusados ni había tenido nunca relación con la Fundación. Todos pagaron en metálico, excepto el matrimonio avilesino que lo hizo con tarjeta.