Los escolares aprenden defensa personal

Javier Santos interactúa con uno de los asistentes al taller sobre la colchoneta. / MARIETA
Javier Santos interactúa con uno de los asistentes al taller sobre la colchoneta. / MARIETA

El AMPA del colegio Quirinal llena en media hora las plazas del primer taller de autodefensa infantil | Veinticuatro menores se instruyen en lo que deben hacer en el colegio y en la calle en caso de situación comprometida

C. DEL RÍO

En pleno auge de los cursos de defensa personal para mujeres, llegan los enfocados a menores, y parece que con el mismo éxito que los anteriores. Veinticuatro niños de 8 a 12 años participaron ayer en el primero organizado por la Asociación de Madres y Padres (AMPA) del colegio público Quirinal, que agotó todas las plazas en tan solo media hora. Hay lista de espera y están valorando organizar un segundo destinado a niños aún más pequeños.

Javier Santos Ocampo, instructor de este primer taller en el salón de usos múltiples del colegio, explicaba antes de empezar los objetivos: «Les voy a enseñar técnicas evasivas en caso de acoso en el centro escolar. No a dar un golpe, sino a correr hacia el profesor en cuanto puedan». Además, «viendo lo que pasa en la calle, pretendo que no se fíen de los extraños aunque sus padres estén cerca, que aprendan a desconfiar». Unas enseñanzas siempre desde el juego, asegura.

Santos Ocampo, instructor de Krav Magá, ha desarrollado un sistema de defensa personal propio basado en el que usan las fuerzas de seguridad israelíes. «¿Por qué nos vamos a quedar con uno solo si se puede completar o mejorar con técnicas de otros?», se pregunta el monitor, que ayer impartió el taller ayudado por su alumna Andrea Navarro.

El instructor descarta que estas enseñanzas hagan perder a los niños su inocencia. «¿A ti te gustaría que tu hijo se fuera con un desconocido?», pregunta cuando se le cuestiona si realmente es necesario que los niños aprendan defensa personal. Explica que su sistema por grados está adaptado a las edades de los asistentes y en el de ayer se enseñó a ignorar y huir de los desconocidos. «Es muy habitual que se utilice como gancho un perro o, como pasó hace poco en Piedras Blancas, al propio hijo para lograr que el niño entre en un portal», alertó.

Verónica Sal González, del AMPA, respalda los objetivos del taller y asegura que aunque los padres ya les enseñan a desconfiar de extraños, «siempre hacen más caso si se lo aconseja a alguien de fuera». «Además, es un chico joven, de un gimnasio y con experiencia, y eso les encanta», añadió.

Alarma social

Entre los asistentes estaban Ana Fernández de la Corte, Daniela Rodríguez Segade y Raquel Burgos Segade, alumnas de 5º y 6º curso, que coincidieron en señalar que asistían «para poder defendernos de la gente que te intenta hacer daño». Ellas nunca lo han vivido ni tienen miedo, pero acudieron «por si algún día lo necesitamos».

La alta respuesta al taller sorprendió al AMPA, pero no a Javier Santos que considera que es «un reflejo de la calle». «Hay una psicosis muy fuerte, cada vez más gente, sobre todo mujeres, vienen a estos cursos», afirma. El AMPA defiende que esta actividad «no trata de crear alarma, pero sí tenemos que ser conscientes de lo que hay».

 

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