El Santo Encuentro, una saeta popular

Las cofradías de Nuestro Padre Jesús de Galiana, San Juan Evangelista y la Dolorosa, en la plaza de España durante el sermón del Arzobispo. / FOTOS: OMAR ANTUÑA
Las cofradías de Nuestro Padre Jesús de Galiana, San Juan Evangelista y la Dolorosa, en la plaza de España durante el sermón del Arzobispo. / FOTOS: OMAR ANTUÑA

El arzobispo Jesús Sanz tiene un recuerdo para los trabajadores de Alcoa en el sermón de la procesión | Una abarrotada Plaza de España sigue la representación de Nuestro Padre Jesús de Galiana, San Juan Evangelista y la Dolorosa

C. DEL RÍO AVILÉS.

La procesión del Santo Encuentro, una «impronta religiosa tan bella y original», volvió a congregar a cientos de personas en la Plaza de España, en la representación del Evangelio que reproduce el episodio en el que Jesús, torturado y con la cruz a cuestas camino del Calvario, se encuentra con su madre y con su discípulo amado, San Juan Evangelista. El arzobispo Jesús Sanz Montes pronunció un sermón que acercó el misterio religioso a las preocupaciones cotidianas de los fieles, sin olvidar el conflicto de Alcoa.

El tiempo permitió, este año sí, que la más popular de las procesiones de la Semana Santa avilesina se reencontrara con avilesinos y visitantes que desde media hora antes del comienzo oficial cogían sitio en la plaza, en algunos casos una pérdida de tiempo al tener que ser reorganizadas varias esquinas sobre la marcha por las necesidades de las cofradías.

La primera en asomar por la calle de San Francisco fue la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores, que anunció su llegada con el sonido de los tambores y de las trompetas. El paso de La Dolorosa cruzó imponente y solemne una plaza que tenía los ojos puestos en ella. Portada a hombros, se colocó al principio de la calle de La Ferrería a la espera de que entrara la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de Galiana.

Apenas quince minutos después, un guion de la cofradía encabezaba la entrada en El Parche de Jesús con la cruz a cuestas, en un trono adornado con más de 2.000 claveles rojos que llamaron la atención.

El arzobispo, desde uno de los balcones del Hotel NH Collection Palacio de Avilés, saludó a unos fieles a quienes presentó una imagen curiosa, una procesión como «saeta popular que convida a todos a adentrarse en el misterio más hondo de nuestra fe». «Una procesión es saeta que no se canta, sino que se escenifica con piedad y se lanza como una flecha que quiere conmover el corazón de los creyentes». Silencio absoluto en la plaza.

Jesús Sanz Montes afirmó que «no queremos ser espectadores curiosos de un drama tan antiguo como ajeno, sino que ahí y aquí, nosotros estamos dentro». Sin restar poesía al sermón comenzaba a vincularlo con la cotidianidad. Estamos dentro «cada uno de nosotros con su vida real, esa que se emociona o que se acartona, la que es capaz de ensoñar sueños hermosos y a la que a veces se asusta con terribles pesadillas que aplastan», indicó.

De nuevo en el relato evangélico, el arzobispo recordó que el Jesús Nazareno de Galiana nunca estuvo solo porque siempre tuvo a su lado a su madre María. Salió la imagen a al centro de la plaza, arropada por las mujeres de la cofradía, con mantilla negra y vela.

El sermón señaló que la tradición cristiana supo entender y reconocer la actitud creyente de María pese al rosario de insultos que padeció su hijo. «Toda la vida, la de cada uno, estará siempre rodeada de situaciones que nos llenan de luz o tal vez nos revisten de gloria o acaso nos transmiten un gozo sereno, e incluso nos pueden arrugar de dolor», porque «son los componentes cotidianos de tantas cosas que a diario nos suceden al empezar la jornada, al adentrarnos en el día y sus afanes, cuando vamos y venimos en el vaivén de nuestra prisa», advirtió.

El arzobispo resaltó con sus palabras la importancia del amor incondicional, la lealtad y la sencillez con San Juan entrando en la plaza por la calle de La Cámara. De él destacó que no le preguntó a Jesús «qué votas o qué títulos tienes, ni cuánto tienes en el banco o cuál es tu estrategia». Solo quiso saber cuál era su casa para no apartarse de él nunca más. Esta es la enseñanza que quiso subrayar del discípulo, el compromiso de permanecer al lado del que sufre.

El reloj del Ayuntamiento marcaba las nueve y media de la noche, una hora exacta desde el comienzo de la saeta popular, cuando San Juan comenzó a 'bailar' hacia la calle de La Ferrería. En esa imagen también encontró ejemplo que mostrar el arzobispo. «Hemos de saber continuar de un modo nuevo en la procesión de la vida, esa que a diario recorremos vestidos con nuestros habituales atavíos, acompañados por las personas que nos rodean por motivos familiares, laborales o amistosos», aconsejó.

Las tres cofradías, con San Juan a la cabeza y La Dolorosa cerrando, procesionaron hasta su regreso a la parroquia de San Nicolás de Bari.

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