Carcedo no recuerda haberse «interesado por la situación económica» del Centro Niemeyer cuando fue patrona

A la izquierda, Natalio Grueso / PABLO LORENZANA

El exsubdirector del Centro Niemeyer ha defendido hoy el trabajo realizado y ha desvinculado a Natalio Grueso de su contabilidad

Cristina Del Río
CRISTINA DEL RÍOAvilés

La consejera de Hacienda Dolores Carcedo, que fue directora de la Oficina de Evaluación y Seguimientos de Políticas Públicas en la Presidencia del Principado, ha asegurado hoy en el juicio por el 'caso Niemeyer' que se sigue en la Audiencia Provincial que «no recuerdo haberme interesado por la situación económica» cuando fue patrona del Centro Niemeyer, en el año 2011.

Antes de sustituir al entonces consejero Francisco González Buendía en el patronato, a ella le había pedido en calidad de directora de la citada oficina que se interesara por «dos cuestiones puntuales», a saber, la solicitud de autorización de un crédito ante la Consejería de Hacienda que había realizado la Fundación Centro Niemeyer y la situación de otra tramitación, la de una subvención concedida por la Consejería de Cultura. Respecto a la primera, ha explicado que, conforme al criterio general de la Hacienda autonómica, «si bien la fundación no era sector público en sentido puro y no computaba a nivel de deuda con la comunidad autónoma, sí se corría el riesgo de que llegara a contar».

Confirmó haber recibido la cuentas de la Fundación de 2010 por correo electrónico y con el informe de salvedades adjuntado por la auditora KPMG. No obstante, no se dio cuenta o no vio nada extraño en los créditos concedidos porque, según ha explicado, «muchas veces es necesario pedir créditos de tesorería porque ingresos y gastos no suelen ir acompasados».

Por su parte, Joan Picanyol, que fue subdirector del Centro Niemeyer, ha defendido hoy el trabajo realizado en el Centro Niemeyer y la necesidad de viajar continuamente para crear círculos de confianza y amistad que permitieran desarrollar a la postre el proyecto. Ha afirmado que «yo no hacía ningún gasto directamente, más allá de la tarjeta Visa. Juraría que me la dio el director, Natalio Grueso. Los posibles gastos que yo podía tener son lo que se llaman gastos de representación. Este un trabajo de relaciones personales... Yo me aburría de ir a comer con gente, artistas, representantes, taxis... Lo que serían hoteles y vuelos ya veían pagados», ha resumido hoy en una larga comparecencia en la que el presidente del tribunal le ha cortado numerosas veces. Él ha asegurado que si daba tantas explicaciones es porque está en su ánimo «ayudar» a aclarar las cosas.

Ha afirmado que «siempre» ha pagado sus viajes personales y de su entorno familiar y, de hecho, ha mostrado en la sala los correos electrónicos en los que le pidió al agente de viajes que los vuelos de sus padres los cargara a su tarjeta de crédito, con número incluido en el cuerpo del mensaje. El fiscal le ha recordado que a él no le estaban acusando de nada, simplemente era un testigo.

Ha asegurado que Natalio Grueso no llevaba la contabilidad del Centro Niemeyer, que de ello se ocupaban personas ajenas al centro, y que él tenía capacidad para encargar vuelos al agente de viajes o a la empresa de transporte por carretera, aunque esto lo hizo en pocas ocasiones. Debido al frenesí de actividad, hasta última hora no se sabía muchas veces quién iba a viajar.

El juicio continuará el 11 de julio.