El Museo del Pueblo de Asturias recibió 155.000 donaciones en los últimos seis años

La copia y el negativo original de esta foto de Mario Argüelles de la famosa ballena en Gijón se guardan en el museo gracias a la donación del fondo de Luis Argüelles. / IMÁGENES: MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS
La copia y el negativo original de esta foto de Mario Argüelles de la famosa ballena en Gijón se guardan en el museo gracias a la donación del fondo de Luis Argüelles. / IMÁGENES: MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Se multiplican las personas que quieren que su patrimonio con valor etnográfico o cultural sea público

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Un gorrito de hilo blanco con puntilla de 1900, un secador Lady Braun Astronette, dos coronas funerarias con su caja, una máquina Singer de 1925, siete fototipias circulares coloreadas y enmarcadas en cristal, una colección de 12 carteles de toros de Gijón y Oviedo, cinco cilindros de fonógrafo y 44 discos de pizarra y vinilo, dos carros antiguos, dos vestidos de cristianar hechos a mano, negativos fotográficos y copias en papel por miles... El listado de donaciones y depósitos que ha recibido el Museo del Pueblo de Asturias a lo largo de los últimos seis años no solo es inmenso, sino que además va en aumento continuo. Cumplía 50 años el equipamiento cultural este 2018 que acaba pero su despegue los últimos tiempos ha sido imparable. Su tarea de recopilación, conservación y tutela de muy divesos materiales vinculados a la historia más cotidiana de Asturias se ha hecho más pública y conocida que nunca y, con ello, se ha disparado la generosidad de quienes quieren que objetos patrimoniales de valor se tutelen desde el equipamiento público, para que puedan exponerse, verse y estudiarse. «En nuestra familia consideramos que el legado de nuestro padre tiene que darse a conocer porque forma parte de la historia reciente de Asturias y el Pueblo de Asturias es el lugar idóneo para su divulgación y puesta en valor», afirma Eva Vélez, hija del fotógrafo José Vélez, cuyo impresionante fondo fotográfico fue una de los depósitos más importantes recibidos a lo largo de 2018.

Poner cifra a las donaciones no es fácil. Si vamos a la cifra general de piezas individuales, la cosa se dispara hasta rayar las 155.000. Pero quizá sea más atinado hablar de número de donantes, y la cifra es igualmente abultada: 212 en los últimos seis años. En 2013 fueron 31; en 2018, 57. «Yo mismo me sorprendí al ver los datos», apunta Juaco López, director del museo, que, a instancias de EL COMERCIO, ha hecho balance de estos últimos años. «Las donaciones son el ejemplo de que el museo funciona y de que la sociedad asturiana se siente identificada», anota este apasionado del patrimonio que ha advertido un cambio de actitud en los últimos años mucho más que notable. Juaco es consciente de cuántas fotografías han acabado en la basura; cuantas cartas repletas de información impagable han terminado quemadas en la cocina. Antes mucho más que ahora. El cambio es evidente: «La gente descubre que tiene un patrimonio, valora las cosas, y lo acaba donando», dice.

La publicación de reportajes en los periódicos sobre esas correspondencias, sobre esos fondos fotográficos antiguos, de carteles, de ropas, de todo tipo de objetos que se integran en las colecciones del espacio ha tenido una repercusión inmediata. Como las exposiciones o las visitas guiadas al museo. «Un lienzo se valora, pero el resto, el patrimonio cultural más común, como las fotografías, las cartas, los carteles, los objetos de todo tipo, no tanto; pero de pronto hacemos una exposicíon de carteles y alguien se da cuenta de que tiene en casa unos que guardó su padre, o unas pegatinas, o unos cromos de la palma y advierte que tienen interés, tienen valor y que hay un sitio donde todo esto se recoge», anota el director del Museo del Pueblo de Asturias.

Las herencias por la muerte de algún pariente hacen que esa conciencia de que el patrimonio no es solo un cuadro o una joya, que puede ser una hucha del Domund o una máquina de coger los puntos a las medias, se destape, aflore. Y es ahí cuando se acude el museo. Pero no siempre todas las donaciones se aceptan. No se trata de vaciar el piso heredado sin más: lo que vale, se recoge; lo que está ya presente en la colección, no queda otro remedio que rechazarlo. El espacio es limitado y la conservación y estudio del patrimonio consume trabajo y fondos públicos. Pero en el museo municipal gijonés se atiende a todos y se ve la posibilidad de incorporarlo. Carlos Espina subraya que cuando se da el paso de donar se hace desde el convencimiento, pero aún así desprenderse de objetos de gran valor sentimental siempre es doloroso. «Una señora nos donó su traje de novia, el de su madre y el de su abuela, ella consideró que estaban mejor aquí; también otra persona los trajes de cristianar de todos los niños y niñas de su familia, son cosas sentimentales y cuesta, pero nosotros siempre les damos esa coletilla de que 'aquí va a estar siempre', y cuando quieras puedes venir a verlo», asegura Elena Pérez Morán, una de las trabajadoras que atiende a quienes llegan al museo con ánimo de compartir lo suyo.

Todo lo que entra en el museo ha de ser catalogado, inventariado convenientemente. Y luego puede o no formar parte de exposiciones y publicaciones. Aquí no hay condiciones que valgan: el hecho de donar o depositar no significa que el material acabe formando parte de exposiciones. Eso se aclara siempre a los donantes: «Ese es un pequeño problema, hay quien piensa que se va a exponer todo, y eso no es así, no puede ser una premisa para la donación», afirma Carlos Espina.

En los almacenes del museo, en todo caso, todo lo recogido está a disposición de los investigadores. Da para muchas tesis doctorales todo el material que se conserva, con especial interés en las correspondencias. Su colección de cartas atrae a estudiosos nacionales e internacionales. «Nosotros tenemos una colección de cartas de emigrantes que es espectacular», apunta Juaco López, quien subraya que cada vez está más en boga el estudio de los escritos de la denominada gente común, esa que solo escribía por motivos o bien bélicos o migratorios.

El boom de las donaciones y depósitos ha servido para incrementar el patrimonio cultural asturiano protegido en los últimos años, pero no es suficiente. La crisis ha traído la práctica desaparición de los fondos para adquisiciones, algo que puede hacer que nos quedemos sin elementos interesantes. «Con la prórroga presupuestaria, la inversión desaparece, y eso es terrible, porque a veces en Madrid, Barcelona o Bilbao salen carteles, fotografías, cosas de Asturias con mucho interés y no podemos comprarlas», lamenta Juaco López.

Todo tiene valor. No solo el pasado; también el presente. Una de las últimas incorporaciones al museo es un cartel que clama «Alcoa no se cierra». No puede ser más rabiosamente actual. Pero el cartel de marras no tiene depósito legal, luego la Biblioteca de Asturias no lo conservará. Es tan efímero que si no se guarda ahora posiblemente en poco meses habrá desaparecido para siempre. Ahora ya está protegido para la historia.