«Hay que volver sobre la guerra civil, porque todo puede volver a repetirse»

«Hay que volver sobre la guerra civil, porque todo puede volver a repetirse»
Carlos Iglesias, escoltado por Julio de la Fuente. / Pablo Lorenzana

El intérprete madrileño rueda con Julio de la Fuente un corto sobre la historia familiar del director asturiano

DIEGO MEDRANOOviedo

Julio de la Fuente es un entusiasta del cine. Productor y director de sus propias creaciones, ha recogido éxitos nacionales e internacionales. Su público entiende cada vez menos la escasa presencia de su obra en la región, festivales de aquí con actores regionales, aunque él espera que todos los vetos o malentendidos cobren nuevo rumbo y cede protagonismo a su autor estrella, Carlos Iglesias (Madrid, 1955), animal escénico, entrañable personaje en el imaginario de todos en series como 'Manos a la obra' (introductor del gotelé en España, como algunos caricaturizan), director de películas con gran éxito de crítica sobre la guerra civil española ( 'Un franco, 14 pesetas'; 'Dos francos, 40 pesetas') o innumerables títulos en teatro y cine. Ahora protagonizará un corto del director asturiano.

¿Qué le cautivó de esta historia?

–El corto lleva por título 'Al Alba'. Es la historia de la familia de Julio. Todo él planea sobre el tema de la memoria histórica y su marco temporal es el del año 37 en la guerra civil española. El jefe de estación de una estación de El Vasco (hoy Feve) pide la readmisión de un trabajador de empleo y sueldo, ello le acaba costando la vida. Lo encarcelan y lo fusilan sin haber hecho nada salvo pedir lo más justo. Es la historia con la crece Julio, es una deuda moral y había que llevarla a la gran pantalla. Creí en ella desde el principio, desde que me la propuso mi agente.

–¿Por qué es importante volver sobre la guerra civil?

–Porque no podemos perder la realidad, porque no podemos perder la memoria, porque todo puede volver a repetirse si no lo aprendemos despacio. Es muy higiénico, muy sano, recordar siempre de dónde venimos. Para superar una guerra cualquiera se calculan cincuenta años. Una guerra civil, entre congéneres, lleva cien. Las heridas de uno y otro bando siguen abiertas y restañan.

–¿Seguimos en las dos Españas?

–Son situaciones distintas, pero Europa ya es de derechas. Los países ricos tienen miedo a que los pobres les quiten lo poco que tienen. La crisis auténtica lo es de identidad. Vamos en contra del otro y si la llamada derechona sigue venciendo no tardaremos en vivir un escenario muy similar al de la II Guerra Mundial. Lo poco que somos se lo debemos a quienes se fueron y lucharon por nosotros desde el extranjero. No acabamos de comprenderlo. Ellos hicieron en los años 60 este país.

–¿Es un héroe el personaje que interpreta?

–No, es una persona que cree en hacer lo más justo. El valiente es Julio, por lo mucho que lucha por sacar adelante su obra. Doce cortos hasta la fecha y estrenos en Madrid que fueron para quitarse el sombrero. La historia tiene toda la fuerza de los hechos reales y mi protagonista es un antihéroe, como son los personajes más ricos, regido por la rectitud, por la honradez, por la honestidad. No tiene miedo a enfrentarse al enemigo. Acepta el hecho de que pueda ocurrirle lo peor. El corto tiene densidad, esencia, intriga. No puede estar mejor escrito.

–¿Hay que empezar por el corto una carrera?

–¡Siempre! Yo me arrepentir de haberlo hecho al revés, porque después de cuatro largos hice cortos. Hay cortos larguísimos, una barbaridad. Es uno de esos exámenes cruciales en la era del telegrama, donde no vale alargar los tiempos, y debes convencer en breve lapso de tiempo, sin viejos trucos del oficio.

–¿Se trataría de una tragicomedia?

–No. Es una tragedia. A nivel popular se aprecia mucho el humor pero en este país no te dan premios por él. Es un corto con clara vocación dramática. Hoy en día nadie se muere de hambre en España, pero puede morirse de pena, de abandono. Estamos en otra época distinta pero la crisis de valores y educación está ahí. Viví mucho en Suiza, hice dos películas desde allí sobre el drama guerracivilista español y la secuela podría ser la educación.

–¿Cuál sería la marca de la casa de Julio de la Fuente?

–La conciencia. El espectador se enfrenta a su propia conciencia. Busca el estímulo de la inteligencia. Su proyecto es la dignidad. Comparte historias con el público sin imponer nada.