«'Fuenteovejuna' me conquistó porque es un trabajo de los de picar piedra y eso me gusta»

Miguel del Arco, enmarcado por una de las obras de arte que 'Fuenteovejuna' ha inspirado y que se muestran en la plaza ovetense de Trascorrales. /  MARIO ROJAS
Miguel del Arco, enmarcado por una de las obras de arte que 'Fuenteovejuna' ha inspirado y que se muestran en la plaza ovetense de Trascorrales. / MARIO ROJAS

Lleva las riendas del primer título de la temporada de ópera, en la que se estrena esta misma tarde al quedar levantado el telón Miguel del Arco Dramaturgo, guionista, actor, productor y director de escena

PACHÉ MERAYO OVIEDO.

Estaba la ópera llamando a su puerta, pero este dramaturgo, actor, productor, empresario y afamado y premiado director de escena, considerado una de las personas más influyentes del país, no había encontrado ni el tiempo, ni el título, ni la obra que le obligara a dar vuelta a la llave. 'Fuenteovejuna', la ópera que hoy levanta el telón de la nueva temporada de Oviedo en el Teatro Campoamor, lo consiguió. Dice que le «caló» y la puerta, por fin, se abrió. El estreno mundial de esta pieza universal que un día escribió Lope de Vega y que esta misma tarde (19 horas), cuatro siglos después, toma forma lírica en las manos de Javier Almuzara y Jorge Muñiz, ha convertido a Miguel del Arco (Madrid, 1965) en algo que hacía tiempo estaba queriendo ser, en un hombre de ópera. Y está feliz porque sabe, como todos, que está participando en un hecho histórico y que esta pieza llegará al alma o al estómago, como le ocurre a él, de quienes acudan a sentirla.

-¿Emocionará de verdad esta 'Fuenteovejuna'?

-Lo tiene todo para lograrlo. A mí me conquistó enseguida. Es uno de esos trabajos de picar piedra y eso me gusta. Está muy alejado de la grandilocuencia propia de la ópera, de ese halo que a mí me ofrecía cierto rechazo. Tiene todo lo que yo buscaba para adentrarme en este mundo.

-Por fin la ópera entra en su vida.

-Curiosamente, yo estudié ópera y hasta he ejercido de cantante. Me gusta muchísimo, pero no había llegado el momento ni el proyecto y yo practico una maravillosa disciplina que es hacer solo aquello que realmente me apetece.

-Dicen que a veces lo que le apetece es reventar los clásicos. ¿Es cierto?

-Tengo esa fama, por eso, a lo mejor, me llamaron para venir aquí. Por eso, a lo mejor, mi presencia era perfecta (Se ríe).

-Se ha mostrado reacio en alguna ocasión a las óperas contemporáneas. Esta lo es.

-Sí, lo confieso. Acudo a verlas, pero me obligan a acercarme a ellas desde un plano conceptual y yo lo que quiero es que me llegue al estómago. Soy más de estómago y, si no lo siento ahí, es que no ha logrado hablarme.

-¿Y esta producción le llegó tan adentro?

-Me conquistó desde el primer momento. Me habló al estómago, sí. Tiene vuelo, tiene imagen. En realidad, me conquistaron el talento de Javier Almuzara y esa partitura de Jorge Muñiz que me pareció una auténtica sorpresa. Su trabajo ha sido increíble. Escucharla y aceptar fue algo inmediato. Además, él ha estado todo el tiempo ahí, como Almuzara, y han hecho todos los cambios, ampliaciones y hasta reducciones de aquello que lo pedía en cada momento. La pieza estaba cerrada, pero él permitió que los acontecimientos y los ensayos entraran en ella, practicó lo que se llama la inteligencia teatral, que nos recuerda que esto es un hecho colectivo. Y, por si esto fuera poco para que me gustara el proyecto, esta ópera carece del halo que envuelve casi siempre este tipo de acontecimientos y que no va conmigo.

-Todos coinciden en lo complicadísimo que ha sido el trabajo.

-Ha sido, sí, muy laborioso, muy cansado, muy complicado, pero, como todos los demás, confieso que nos lo hemos pasado en grande. Ha sido un cúmulo de trabajo y satisfacción enorme.

-¿Cómo ha sido la dirección escénica?

-Ya le digo, muy laboriosa, pero el equipo se metió de lleno en todo el proceso. La partitura de Muñiz y el texto de Almuzara comportan muchísima exigencia técnica y vocal, pero también dramática. Los hechos que acontecen en la historia son tremendos. Violaciones, torturas, enfrentamientos contra el poder, muerte. Y todo eso obliga a tener un concepto de la actuación importante.

-Sopranos y tenores ya no son solo cantantes.

-Eso quedó en el pasado. Ahora no vale únicamente con una voz portentosa y una capacidad de interpretación musical. Ahora el cantante y la cantante tienen que saber interpretar el personaje, entrar en él hasta adentro. No pueden ser un dolmen sobre un escenario. Deben ser artistas completos.

-Se estrena con una pieza de autoría española al cien por cien. ¿Eso le gusta?

-Eso es magnífico, porque una de nuestras misiones es crear una cantera. No podemos mirar siempre al pasado.

-¿Cree que Lope de Vega iría a este estreno?

-Todos estamos convencidos de que, si viera lo que hemos hecho, estaría encantado, seguro.

-¿Habrá más ópera en su futuro inmediato?

-No tengo ninguna prisa y no es mi prioridad. Pero está claro que me encanta y seguramente esta obra no será la última, sino solo la primera.

-Después de trabajar con un libreto en español y una composición contemporánea, ¿se ve enfrentándose a Puccini o a Mozart?

-Claro, me fascinan. Me gustaría mucho, pero ya le digo, la ópera no es mi prioridad, de momento.

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