La Fura inunda la Laboral con su fantasía

Un momento de la versión de 'Carmina Burana' de la Fura dels Baus. / DAMIÁN ARIENZA
Un momento de la versión de 'Carmina Burana' de la Fura dels Baus. / DAMIÁN ARIENZA

La compañía catalana impresionó al público con una propuesta multisensorial cargada de imaginación

KAY LEVIN

Efectos especiales, proyecciones audiovisuales, intérpretes en entornos acuáticos y aromas primaverales, literalmente. También música en directo, claro, que nace desde el espacio de los espectadores. Nadie diría que asistimos a la representación de una ópera, pero es más que eso: es la impactante versión de 'Carmina Burana' que anoche mostró La Fura dels Baus en el Teatro de la Laboral de Gijón, dejando a más de uno boquiabierto. Un espectáculo intenso, con la firma de Carlus Padrissa, miembro fundador del grupo, a partir de las composiciones del alemán Carl Orff.

La actuación comienza con un despliegue que contradice el canon, pues es desde el patio de butacas de donde salen los intérpretes entonando el tema inicial, ideado por César Belda, para llegar así al escenario. El paso previo al reconocido tema 'O Fortuna', que se lleva el primero de los aplausos de la noche. Eso mientras la relación de la música con la audiencia crece, con una interpelación incluso del director de orquesta, batuta en mano, al público.

La escena, en la que la luz es un elemento más de la escenografía, la domina un enorme telón cilíndrico traslúcido que, con aspecto de pantalla de televisión, envuelve a la orquesta mientras las imágenes proyectadas sobre él ilustran la obra: la luna flotando en el universo, el deshielo, el despertar de la primavera, la vendimia, la fiesta de Dioniso... Y todo ello mientras los cantantes representan su papel de las formas más expresivas posibles, dando vueltas a la imaginación, ya sea colgados de una grúa o sumergidos en vino, acompañados de una catarata de agua o del fuego. 'Carmina Burana' se convierte en una fantasía multisensorial, una orgía para los sentidos que envuelve a cada uno de los presentes, ya sea mediante las imágenes, adornadas por una 'performance' sensual y hasta provocativa en muchos sentidos, o los vívidos sonidos de la orquesta sinfónica, o el aroma que se hace fluir en el coliseo, o el vino que se desparrama entre personaje y personaje. Todo para degustar un 'show' que realza los placeres de la vida terrenal sin freno, tal como sugiere el guion.

El subtexto, sin embargo, habla del papel de la mujer al ser consciente de su poder, del cambio climático, del desenfreno, del modelo de consumo o de la creciente importancia de la tecnología.

Un trabajo que estimula los sentidos y sumerge al espectador, que narra el viaje de una niña hasta convertirse en mujer, con una crítica satírica a la sociedad que aparece intermitentemente. Un orgasmo visual, sin fin aparente, pues la Fura realizará tres sesiones más hasta el domingo. Es todo eso, es vida, es arte y es ópera, en otra dimensión.

 

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