Christina Rosenvinge: «No hay que dar nunca nada por ganado»

Christina Rosenvinge./PAOLO AGUILAR
Christina Rosenvinge. / PAOLO AGUILAR

Christina Rosenvinge presenta mañana su primer libro en el Niemeyer. «El éxito está en conseguir conmover», afirma

PABLO SUÁREZ

Hay un regusto especial en vivir a contracorriente, en la sensación de caminar por lo distinto. De eso sabe mucho Christina Rosenvinge (Madrid, 1964), voz femenina y feminista cuando ninguna de las dos cosas estaba de moda y cuya carrera es un amplio territorio minado de ideas, sensaciones y sentimientos que le han valido el reconocimiento de crítica y público, cristalizado en el Premio Nacional de las Músicas Actuales 2018. Ahora, Rosenvinge echa la vista atrás en 'Debut. Cuadernos y canciones', un libro en el que la madrileña repasa las letras de cada disco, contextualizándolo en el momento del que surgieron. Mañana lo presenta en el Centro Niemeyer (20 horas).

-Por el ejercicio de introspección que conlleva, ¿cree que ha hecho un libro para usted o para el público?

-Bueno, cuando una escribe, lo hace para los demás siempre. Realmente todos tenemos en común muchas cosas y de lo que yo hablo es de esos puntos comunes que tengo con todo el mundo. Experiencias que engloban a muchísima gente.

«Los prejuicios son una manera de ahorrarse el pensar las cosas»

-¿Hacer canciones es una forma de vida o una forma de vivir?

-El poder traducir todo lo que te pasa en forma de canciones es una forma de analizar tu vida y tu experiencia, pero todo ello nace de una vocación. Una vocación que, además, tiene poco de racional, porque probablemente la vida sea más fácil si te dedicas a otra cosa (risas). Pero cuando tienes esta pulsión dentro es muy difícil renunciar a ella. Es cierto que es algo que te da de comer, pero además también te hace muy feliz.

-¿Dónde reside para usted el éxito en el oficio de hacer canciones?

-Para mí es conseguir hacer cosas que te sorprendan a ti mismo y que sorprendan a los demás, conseguir conmover. Hay veces que eso se traduce en momentos profesionales buenos, de reconocimiento y hay veces que lo que has hecho no se entiende en el momento en que lo haces y se entiende después. Estamos ahora muy acostumbrados a toda esta cultura de las listas. A mí me hace mucha gracia cuando alguien viene hablándome de números uno, de esta lista o la otra. No debemos caer en la trampa de medir las cosas con números, escuchas o listas. Es mucho más complejo que eso. Bandas o discos que han sido un fracaso total en su momento han tenido sin embargo un impacto de influencia alucinante en todos los movimientos que han venido detrás.

-Dice que vivimos en la era del blanco y negro. ¿Qué hemos perdido con todos esos grises que se nos están escapando?

-El lenguaje súper conciso y radical de Twitter, que la gente se lea solamente los titulares de las entrevistas... es algo que nos está llevando a un mundo polarizado en el que el contexto y el matiz se pierden. Y es ahí donde está todo. Nada es simple, todo es complejo. No podemos medir las cosas en términos absolutos.

-Su carrera siempre ha estado en el centro de prejuicios.

-Absolutamente. Lo sigo sintiendo a diario. Los prejuicios siempre están ahí, aunque no me lo tomo como algo personal. El ser humano es vago por naturaleza e intenta ahorrar energía. Los prejuicios es una manera de no pensar las cosas y tener que analizar cada caso. Si no entras en el canon general, en lo establecido, y juegas con elementos distintos parece que provocas desconfianza.

-Al hilo de eso que dice, la industria tiende a ser el refugio de los cómodos.

-Sí, es la parte digerible y canónica. No digo tampoco que sea mala, hay gente ahí dentro que es fabulosa haciendo eso. Tampoco considero que yo esté dentro del 'underground' ya.

-Usted reivindica el feminismo desde hace mucho tiempo, ¿hasta qué punto es bueno para el feminismo estar de moda?

-Bueno, hay una corriente feminista impagable. Es cierto que a veces se le da una apariencia de moda y se trata de una manera trivial y frívola, pero no me parece muy significativo. Lo que es significativo es que ahora haya una conciencia general de que existe la desigualdad. También hay una contraola muy potente, que muchas veces se alimenta desde los propios medios 'amigos', por su capacidad para generar titulares. No hay que dar nada por ganado.

-Hablábamos antes de Twitter, ¿no tiene la sensación de que con las redes sociales cada vez hay más falso intelectual y menos intelecto?

-Toda la razón. El hecho es que para reflexionar sobre una idea no vale con una frase o una idea ocurrente. Necesitamos artículos largos y sesudos para entender. La gente no tiene paciencia para esto. Hay una especie de déficit de atención general que nos hace cometer este error.