Diez años sin Michael Jackson

Michael Jackson, junto a Slash, guitarrista de Guns N'Roses, que esa noche se subió con él al escenario. / E. C.
Michael Jackson, junto a Slash, guitarrista de Guns N'Roses, que esa noche se subió con él al escenario. / E. C.

El rey del pop actuó en Oviedo en septiembre de 1992 con Slash como guitarrista | El martes se cumple el aniversario de la muerte del músico estadounidense que marcó una época y dejó huella en Oviedo

MANOLO D. ABADOVIEDO.

El 25 de junio de 2009 moría una de las estrellas más rutilantes del planetario del pop, quizás la más grande, Michael Jackson. Tras unos primeros momentos de confusión -se sabía que había parecido muerto en su mansión de Bel Air, en Los Ángeles- se supo que la causa del fallecimiento había sido una intoxicación de propofol y benzodiazepina, dos potentes fármacos con los que se trataba. Su médico personal, Conrad Murray, fue condenado a cuatro años de prisión por homicidio involuntario por habérselos suministrado. Algunos años antes, un 21 de septiembre de 1992, esa macroestrella aterrizaba - con un día de retraso- en Oviedo para ofrecer un concierto en el desaparecido estadio Carlos Tartiere.

Aprovechando la efemérides, convocamos a quienes vivieron esa fecha en la historia de la ciudad desde diferentes situaciones para revivir unos tiempos que se pierden en el túnel del tiempo sin solución de continuidad. «Lo viví con mucha excitación. Michael Jackson era, por entonces, el cantante preferido de mi hermana. Y, en aquellos tiempos, todo lo vivíamos con esa intensidad propia de la juventud», explica el escritor Ovidio Parades, que acaba de publicar hace unos meses su último libro de relatos 'Mujer en el bar' (Trabe).

Alberto Toyos, por aquel entonces coordinador musical de Radio Asturias, recuerda que «cuando lo anunciaron lo vi con incredulidad, dado el enorme caché. Después, con más tranquilidad y reposo, pensé que si Oviedo llevaba muchos años gastándose un pastón en ópera y clásica, no estaba nada mal que se fundieran algo en pop». Y así fue.

«Viví su llegada como la segunda oportunidad que tenía Oviedo de entrar en los circuitos musicales internacionales, con todo lo que hubiera supuesto para esta ciudad», afirma Yolanda Lobo, copropietaria del legendario local ovetense La Santa Sebe. Lo cierto es que la vida y el mundo del rock, en dos décadas y media de trayecto de entonces a hoy, han cambiado mucho. Ya nadie habla de ese «circuito internacional del rock», puesto que los gustos ya no son uniformes ni los públicos tan homogéneos. Los tiempos han cambiado y hoy son los festivales los que marcan el ritmo de los acontecimientos musicales de masas.

«Creo que Michael Jackson, cuando tocó en Oviedo, estaba en una gran momento de forma», concluye el líder de Stormy Mondays, Jorge Otero, para quien ese día fue trascendental en su trayectoria. «El 21 de septiembre de 1992 es una fecha que nunca olvidaré. No fui al concierto de Michael Jackson, pero parte de su concierto vino a mí. Unos primerizos Stormy Mondays tocábamos en el chiringuito Pinón Folixa cuando los gritos de entusiasmo del público nos hicieron sospechar que algo pasaba. 'Es el guitarrrista de Michael Jackson, tenéis que dejarle una guitarra', me dijo alguien a mis espaldas. Me di la vuelta y era... ¡Slash!», recuerda el ovetense. Jorge Otero cree que, probablemente, fue el único concierto del célebre componente de Guns N' Roses junto al finado astro.

No es seguro, no hay constancia de ello, pero ambos se encontraban en gira y en la cresta de la ola y aquello pareció una invitación muy especial, que el melenudo guitarrista aprovechó para disfrutar de la noche ovetense en plena eclosión festiva. «Fueron veinte minutos que pasaron como si fueran veinte segundos. En aquel momento, Slash era, literalmente, el guitarrista más famoso del mundo, te gustasen o no los Guns N' Roses. Yo tenía diecisiete años, la emoción y el impacto fueron increíbles. Fue como estar en una película», concluye Otero.

Mucho ha cambiado

Veintisiete años después, la vida es diferente en Oviedo: no hay recintos para conciertos de gran aforo, ni queda rastro de los lugares que acogieron a Jerry Lee Lewis, Elton John, Beach Boys o Michael Jackson (el demolido y añorado Carlos Tartiere) o a Lou Reed, Kevin Ayers, The Long Ryders o Camarón de la Isla. «Si seguimos hablando de un concierto como el de Michael Jackson tantos años después, es porque dejó una gran huella en la ciudad», expone Yolanda Lobo.

«Ojalá, a día de hoy, Oviedo pudiese albergar acontecimientos de esta envergadura. Jackson era una gran figura de la música y tenerlo tan cerca suponía (o eso imaginábamos) que muchas otras cosas también podrían llegar a pasar», resalta Parades. Veintisiete años después, solo queda la huella, en el difuso recuerdo, de unos tiempos inolvidables que merecieron la pena ser vividos.