«Un hombre tan poderoso es como Dios en este negocio. ¿Quién le dice que no?»

Plácido Domingo, tenor reconvertido en barítono, director de orquesta y hombre de negocios. / EFE

Nueve artistas estadounidenses acusan a Plácido Domingo de haberlas acosado en la década de los 80 y 90

ISABEL URRUTIA CABRERABILBAO.

El mundo de la lírica recibió ayer un mazazo brutal. Plácido Domingo (Madrid, 1941), el titán de la ópera, que acaba de celebrar por todo lo alto una gala española en las Termas de Caracalla, ha sido acusado por nueve artistas (ocho cantantes y una bailarina) de acoso sexual. Los hechos, ya sean besos o caricias indeseadas, se remontan a las décadas de los 80 y de los 90. Todavía no se ha formalizado ninguna denuncia al respecto. Los testimonios, recogidos por la agencia AP, son casi todos anónimos y recogen la experiencia de mujeres estadounidenses.

La respuesta del tenor madrileño (reconvertido en barítono) no se ha hecho esperar, con una reflexión bastante ambigua que no desmiente taxativamente los hechos: «Reconozco que las reglas y valores por los que hoy nos medimos -y debemos medirnos- son muy distintos de cómo eran en el pasado. He sido bendecido y privilegiado de haber tenido una carrera de más de 50 años, y me ceñiré al más alto estándar». Hasta ahora, solo una de las afectadas se ha presentado con nombre y apellidos.

Se trata de Patricia Wulf, una mezzosoprano retirada de 61 años que vivió su momento más álgido en un montaje de 'Fedora' en la Washington Opera, a finales de los 90. Le tocaba interpretar un rol menor (Olga Sukarev), pero se sentía exultante. No era para menos: compartía escenario con la mítica soprano Mirella Freni y el tenor madrileño. Domingo ya era entonces director artístico del teatro lírico más importante de la capital de Estados Unidos. Una situación de poder que, en palabras de Wulf, le hacía sentir muy cohibida. Hasta el punto de que, pese a tener 40 años y estar casada, le resultaba «extremadamente difícil» rechazar los avances del español.

«Que un hombre tan poderoso -¡es como Dios en mi negocio!- se acercara a ti con una proximidad tan grande... ¡A pocos centímetros de mi cara! ¿Quién le dice que no? En aquella época no dejaba de esperarme a la salida del camerino. A veces incluso entraba sin avisar... Me pedía para salir después de las funciones... ¿Qué podía hacer? ¿Tendría que haberle acompañado? No, no lo hice. Entre nosotros no existió contacto físico pero... ¡aquello era acoso! ¡Yo lo percibí como acoso! Un comportamiento así revela una intencionalidad. Se quería acostar conmigo», ha afirmado con rotundidad la excantante ante las cámaras de la televisión estadounidense, antes de tragar saliva y enjugarse las lágrimas.

Su marido, Richard Lew, estaba al corriente del presunto hostigamiento de Domingo. No obstante, en ningún momento intervino para dejar las cosas claras. El único que actuaba sin tapujos era el artista madrileño: «Recuerdo que una vez, en el transcurso de una fiesta después del estreno de una producción de 'La flauta mágica', se me acercó, me cogió de la mano, la estrechó, me besó las dos mejillas y me susurró: 'Me gustaría conocer a mi rival'». Al final, ambos hombres intercambiaron palabras de cortesía y nada más. Según ella, el miedo a las represalias laborales les paralizaba. «Toda la situación era terrible. Un compañero de trabajo se animó a apoyarme si yo denunciaba... Pero era imposible... De hacerlo, me habrían despedido a mí y no a Plácido Domingo».

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«Incómodas» y «confusas»

La trayectoria de Patricia Wulf, de todas formas, no fue más allá. Ni en Estados Unidos ni en Europa. Con las funciones de 'Fedora' en Washington tocó techo. En los cuatro años siguientes, la mezzosoprano apenas actuó en su país, limitándose a temporadas de segunda, ya fuera en Carolina o Baltimore. Así quedó zanjada la tensión entre ella y el tenor madrileño. No se han vuelto a ver.

El resto de acusaciones contra Domingo ofrecen muchos detalles íntimos, del cariz de «me tocó la pierna debajo de la falda», «me dio un beso húmedo» o «me llamaba constantemente al móvil de madrugada». Supuestamente son declaraciones de artistas veinteañeras que reconocen haberse sentido «incómodas» y «confusas» ante el proceder del tenor más poderoso del panorama internacional. Una de ellas llegó a tener relaciones sexuales consentidas con Domingo. «Me dejó un billete de 10 dólares pero me dijo que no me sintiera una prostituta, que me lo daba para pagar el párking», apunta la mujer, escudada en el anonimato.

«Las acusaciones de estas personas que se remontan hasta tres décadas atrás son preocupantes y, tal como se presentan, inexactas. Aun así, es doloroso oír que he podido molestar o hacer sentir incómodo a alguien, da igual cuánto tiempo haga de ello y a pesar de mis mejores intenciones», lamenta el cantante madrileño. Muy activo dentro y fuera de los escenarios, como intérprete y director de orquesta, además de máximo responsable de la Ópera de Los Ángeles y de la Ópera de Washington, le sobra tiempo para presidir el concurso Operalia. Tiene 78 años y su lema vital es 'si me detengo, me oxido'. ¿Su próximo compromiso? El día 25 cantará en Salzburgo. No quedan entradas.