De las urnas al concierto de Dylan

Un grupo de amigos procedentes de Turón. /
Un grupo de amigos procedentes de Turón.

La mayoría de asistentes al recital se confesaban pendientes de las eleccionesEl público que acudió a escuchar al músico estaba tan emocionado por el evento como expectante por los resultados electorales

KAY LEVIN GIJÓN.

La llegada de los aficionados del genio de Minnesota al Palacio de Deportes se hizo esperar. En una jornada de domingo intensa, que en Gijón sumó a la convocatoria electoral el partido del Sporting y el concierto, los espectadores comenzaron a llegar en masa a cincuenta minutos del inicio del recital, cuando se formaron largas colas que discurrían de forma serpenteante por la rampa de acceso al recinto.

La mayoría venía tras haber votado antes, como Isaac Murciego, que tenía ganas de ver por primera vez a Bob Dylan. «Tenía la espina clavada porque no pude verle en el Jovellanos en 1999», señalaba, aliviado por «poder aprovechar esta última oportunidad». Para él, el artista es «una figura importante en la música y la literatura, con una capacidad de condensar la historia en apenas unos minutos de canción que ya quisieran muchos novelistas». Además, se mostraba a favor de la prohibición de grabar con el móvil en el evento. De Noreña venía Juan Ignacio Díaz con su hija Sofía. Él estuvo en el concierto que dio en la Plaza de Toros hace tres décadas, mientras que su hija le admira porque, confiesa, «es la música que me enseñó mi padre, la banda sonora de mi infancia». Directamente desde El Molinón se acercaba Emilio, con la camiseta del equipo, junto a su progenitor, José Manuel Aparicio. «Dylan significa mucho para él», decía Emilio sobre su padre. «A mí me lo inculcó él, siempre me agradaron sus canciones y me gustaría que cantara 'Hurricane'». Mientras tanto, José Manuel, de la generación del cantante, recordaba sus tiempos 'hippies', cuando comenzó a escuchar sus temas. «Hicimos triplete: votar, Sporting y Dylan», declaraban, aunque esperando «alegrarse» con la música tras «la decepción del empate, porque era la última opción de meternos en la lucha por el ascenso». Con la misma esperanza estaba en la entrada de acceso la francesa Lorette Meyé, que buscaba con un cartel «una entrada amigable» que alguien le regalara para ver en directo al Nobel de Literatura. Lo lleva haciendo desde que comenzara esta etapa de la gira en Düsseldorf (Alemania), hace un mes, siguiendo a la banda en su recorrido. «En el 80% de las ocasiones lo consigo, la última vez en Pamplona», afirmaba esta fan confesa del compositor, que mañana estará en Santiago de Compostela. Desde Turón venía un grupo de ocho amigos que se mostraban ilusionados por ser la primera vez que verían «al mito». «Teniendo la oportunidad, no se puede desperdiciar», decía María Carrera. Antes habían visto el partido del Sporting por televisión, tristes por el empate, y estaban «a la expectativa del resultado de las elecciones», tras haber votado por ser «muy necesario para que no pase el fascismo», respondía serio Rafael Fernández, citando el tema 'The times they are a-changin' para ilustrar su confianza en que los electores lo detengan. Con más suerte, invitadas, venían Sara Zapico y Paula Vicari, que pese a no conocer bien su obra querían ver al artista. «Hemos votado antes, estamos acojonadas y expectantes a ver qué pasa con las elecciones. Esperamos no salir con un disgusto después, porque las mujeres nos jugamos mucho en esta cita». Con la emoción a flor de piel se presentaba el británico Ian Bytheway, acompañado por su mujer gijonesa y sus dos hijas. Ellas le habían regalado la entrada «como sorpresa» por su cumpleaños. Como seguidor acérrimo de Dylan, estaba con ganas de «escuchar sus clásicos de leyenda». Además, habían acudido a las urnas nada más salir de casa, excepto él, que se mostraba «indignado» con el proceso del Brexit. A última hora, Jesús Manuel Argüelles había conseguido uno de los tickets extras sacados a la venta y, aliviado, expresaba su satisfacción por poder acercarse a «disfrutar de una ocasión única con uno de los grandes de la música», porque «a su edad tampoco le quedará mucho más», en referencia a los 77 años de edad del cantautor.