«Soy muchas cosas, pero lo primero friki»

«Si las paredes hablaran, yo tendría algún problema que otro», confiesa la escritora Cristina Macía, que elige el Hotel Don Manuel como su lugar especial. / JOAQUÍN PAÑEDA
«Si las paredes hablaran, yo tendría algún problema que otro», confiesa la escritora Cristina Macía, que elige el Hotel Don Manuel como su lugar especial. / JOAQUÍN PAÑEDA

Cristina Macía, la traductora de 'Juego de tronos', ha hecho del ocio negocio: «Mola mucho ser yo» | Llegó a Gijón en la tercera Semana Negra, pasó su primera noche en el Hotel Don Manuel y supo que esta era su casa. Hace 24 años que vive aquí

M. F. ANTUÑA

Empezamos a lo loco: «Ser yo mola mucho, mis 'hobbies' los transformo en profesión, me pagan por hacer las cosas que me gustan». Cristina Macía (Madrid, 1965) es escritora, traductora (de 'Juego de tronos', nada menos), cocinera, fotógrafa aficionada, organizadora del Festival Celsius de Avilés, apasionada de la novela fantástica y de la vida cotidiana y una de esas personas que va prácticamente a titular por frase: «Soy muchas cosas, pero por encima de todo, friki». Tiene un sentido del humor a prueba de bomba esta pesimista confesa que en realidad rebosa buen rollo y optimismo y que desde hace 24 años vive en Gijón. Y desde la primera vez que pisó Asturias, en la tercera edición de la Semana Negra, lo tuvo claro. «Yo con diecisiete años fui a Barcelona en tren, cogí el metro y acabé en Las Ramblas un domingo de mayo a las nueve de la mañana y dije 'tengo que vivir aquí'; en Gijón me pasó lo mismo, y cada vez que volvía tenía la sensación de llegar a casa». El 10 de diciembre de 1995 se quedó en casa. Y hasta hoy y sin ánimo ninguno de decir adiós, que se acaba de comprar piso.

El caso es que su primera noche fue en el Hotel Don Manuel, ese lugar que durante la Semana Negra se llena de escritores y donde ha vivido momentos únicos. «Si las paredes hablaran, yo tendría algún problema». Pero no hace falta que hablen las paredes, ya se ocupa ella: «En aquella mesa -señala el lugar durante la entrevista- recuerdo una noche con Ángel González, su mujer Susana y el dibujante de cómic José Muñoz, lo estábamos pasando como dios y a las tres de la mañana las camareras nos miraban con odio apache, así que les dije: 'Soy como de la familia, ya sigo yo sirviendo los güiquis', se marcharon y tengo que confesar que seguramente pagamos menos de lo que deberíamos».

El Don Manuel es su casa, el lugar donde «mejor te dejan enchufar el portátil», donde «en cualquier momento puedes encontrar a un escritor dándole a la tecla». Conclusión: «Tantos escritores durante tantos años tienen que haber calado».

Gijón es el lugar elegido; Madrid, donde nació. Creció cerca del Vicente Calderón y pronto se fue a Alcobendas: «Todo lo que se puede decir es que de allí es Penélope Cruz», afirma, mientras su marido, el escritor inglés Ian Watson, apunta al magnífico Museo del Bonsái como elemento diferenciador. El caso es que cuando ella era una chica rarita a la que le gustaba leer cómics, todavía no había arbolitos japoneses y prefirió irse a Barcelona, donde se movía toda la industria editorial. Allí comenzó su trabajo como traductora, que le llevaría con el tiempo a convertirse en quien ha puesto palabras castellanas a las aventuras de George R. R. Martin.

Entre Poniente, la Tierra Media, Mundodisco, Cristina Macía ha ido viviendo una vida real de lo más entretenida. En Haití nació su hija Laura, dieciséis años para diecisiete, «guapa, divertida, inteligente, maravillosa», a la que fue a buscar a Puerto Príncipe. «Es un lugar importante para mí, pero es muy triste, es aterrador, en los supermercados junto al cartel de prohibido fumar hay otro que pone prohibido llevar armas».

Londres es otro de sus lugares en el mundo, nunca duerme, lo tiene todo y es además «literariamente la ciudad más fructífera del mundo». Pero, quede claro: «Yo no quiero vivir allí, yo quiero vivir en Gijón y poder ir a Londres», resume.

La cocina es otro de sus territorios. «No tiene nada que envidiar a la escritura y a la pintura a la hora de crear felicidad», afirma quien es autora de «diez o doce» libros de cocina. «Después de la declaración de amor a Asturias, ahora me van a querer echar, porque la cocina tradicional me aburre muchísimo, prefiero las exóticas y creativas». Sabores y saberes de quien con tanto trajín no da con un hueco para lo importante, para las dos novelas que tiene entre las manos: «Ahí están, empezadas, tú revisa mi vida y dime cuándo».

Pero regresemos a Poniente.

-¿Qué le pareció el final de la serie?

-La gente confunde el final, que es fantástico, con cómo se ha hecho el final, que estaba horriblemente acelerado. Seguramente una temporada más hubiera venido de lujo, pero, como dice Stephen King, el problema es que los fans no estaban preparados, no querían que acabara.