CICLISMO | VUELTA

El ciclista de la eterna sonrisa

Ángel Madrazo, en el podio tras la duodécima etapa. /  EFE
Ángel Madrazo, en el podio tras la duodécima etapa. / EFE

Ya con 31 años, Ángel Madrazo, que lucha por el reinado de la montaña, se ha ganado el cariño de toda la afición

J. G. PEÑABURGOS

. A Ángel Madrazo, el ciclista cántabro que pelea por el reinado de la montaña en esta Vuelta, se le conoce como el 'Gorrión de Cazoña'. Heredó el mote de su padre, Cipri, que es el 'Águila de Cazoña', el barrio santanderino donde creció el corredor del Burgos BH. Madrazo es como el pájaro, pura alegría. «Soy de los que se despiertan con una sonrisa», dice.

Lucas, su hijo mayor, tiene solo cuatro años, pero es edad de sobra para insistir en una pregunta: «Papá, ¿cuándo vas a ganar una carrera?». Los niños, como los ancianos, no se callan nada. Madrazo tenía una par victorias como profesional: la Clásica de Ordizia en 2015 y una etapa de al Estrella de Besseges en 2016. Lucas era demasiado pequeño. No las disfrutó. Y por eso, erre que erre, seguía con la pregunta.

Su padre, Ángel, el 'Gorrión', pudo responderle al fin en la quinta etapa de esta Vuelta a vencer tras un final pleno de emoción en la cima de Javalambre. El gran día. Pensar en Lucas, en su hijo viéndole por la televisión, le dio a Madrazo ese plus para ir más allá en la frontera del sufrimiento. Lleva 'Lucas' tatuado en un brazo. Ganó por él. «Para que me viera ganar», comenta el ciclista de la vecina comunidad.

En la meta, vacío, el corredor cántabro se tiró al suelo. Rompió a llorar. «Lucas no entendía nada. ¿Por qué lloraba si había ganado? Luego se lo explicaron». Su familia, sus padres (Cipri y Ana), su esposa (María) y sus dos hijos -uno recién nacido- son el motor del 'Gorrión'. El combustible para su alegría.

«Ven que cada día lucho, que lo doy todo. Puede que no me vean logrando triunfos, pero desde luego no me verán nunca rendirme. Yo nunca dejaré de luchar», jura. Por eso peleará hasta el final con el francés Bouchard -líder actual- la clasificación de la montaña. Les separan apenas seis puntos y restan aún dos grandes etapas repletas de puertos. «Ufff. Subir con el maillot de lunares al podio de Madrid sería..., perdón por la palabra, sería la hostia».

Cercano y entrañable

El foco mediático se ha fijado en él cuando ya tiene 31 años. La rueda de prensa posterior a su victoria en Javalambre le concedió un premio extra: el cariño del público. Pocas veces se escucha a un deportista tan cercano, abierto y entrañable. Emocionó a los espectadores con su manera de ganar y más aún con sus declaraciones. Su humor. Es de esos tipos que contagian la felicidad, la mejor de las plagas.

«Valora más la felicidad que el dinero», le define Fernando Ateca, figura clave del ciclismo cántabro. Y la amistad. Cada vez que le recuerdan su victoria en Javalambre, la comparte con todos sus compañeros. «Es de todos. Ellos dejan de meterse en fugas para protegerme», agradece. Eso sí, con humor: «Aunque bueno, el otro día, cuando hubo esa caída masiva en la parte delantera del pelotón, ya les dije que por ir conmigo rezagados se habían librado del golpe, ja, ja». La alegría del 'Gorrión de la Vuelta'.

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