CICLISMO

Valverde y Mas ponen al rojo vivo la Vuelta a España

Enric Mas, Valverde y Yates, durante los metros finales de la etapa de ayer que terminó en Oiz. /  MANU CECILIO
Enric Mas, Valverde y Yates, durante los metros finales de la etapa de ayer que terminó en Oiz. / MANU CECILIO

Arañan ocho segundos a Yates en una subida apasionante y tras una etapa repleta de público que ganó Michael Woods

J. GÓMEZ PEÑA OIZ.

Era tan emocionante el final que el cielo se echó encima del monte Oiz para disfrutarlo de cerca. La niebla se tragó a los corredores, arrodillados al borde del manillar sobre el camino de cemento. No se veía nada. La senda la marcaba el público, digno del Tour.

Arriba, frente a unos aerogeneradores invisibles, de la niebla salió primero el canadiense Michael Woods, que fue atleta, que subía más lento en bici que a pie, y que pisó primero esta nueva Luna del ciclismo. Oiz. El Balcón nublado sobre Bizkaia sí aclaró por detrás que Valverde es el líder del Movistar. Oiz le quitó el maquillaje a Quintana. Valverde y el joven Mas se metieron en esa niebla que les rodeaba. Y, cuando salieron, ya no les aguantaba ni el líder Yates.

Valverde y Mas hicieron su cosecha: recaudaron ocho segundos frente al líder. Se arriman a Yates. Valverde, cuchillo entre los dientes, se acerca a 25 segundos del británico. Y Mas, tercero a 1 minuto y 22 segundos, dice que la tercera semana es la suya. Aunque enseguida se da cuenta de lo que ha dicho y se frena. «Bueno, tengo los pies en el suelo». Hay Vuelta. Se vio claro bajo la niebla abarrotada de este Balcón. «Bueno, ahora todo parece más favorable para que yo sea el líder de mi equipo», concluyó Valverde. Al fin, Quintana coincidió: «Vamos a respaldar a Alejandro». Ya era hora. Valverde y Mas buscarán el cuello de Yates en Andorra. El líder, bien respaldado por su hermano gemelo, se siente seguro.

Lloraba Woods en la cima. Reaccionó así tras la agonía total. La muerte de las piernas. Se había dejado el alma en los 300 metros finales. No avanzaba. Se giraba. Nublado, venía a Teuns. Todos iban clavados. Crucificados en esa pared oscura. Su equipo, el Education First, se había despertado con un disgusto: con varios vehículos manchados por pintadas contra la Vuelta. Un vándalo y un espray bastan para eso. La afición, multitudinaria, le aplaudía en Oiz. A él y a todos. Era un etapa especial. Sobre todo, para Woods. «Mi esposa y yo perdimos a nuestro hijo cuando estaba embarazada de 37 semanas. Ella, además, ha perdido hace poco a su padre. Ha sido un año difícil», contó.

Woods fue el mejor de una fuga llena de corredores y calidad. Fraile y Castroviejo se subieron a ese barco. Plazas reservadas. Tras el paso por el nuevo y turístico Bilbao, la subida a La Arboleda, cementerio de minas, hizo que la Vuelta saltara por los aires. En un lugar así, tan duro como su pasado obrero, sólo los fuertes salieron a flote para montar una escapada repleta de talento: Fraile, Castroviejo, Nibali, Majka, Zakarin, Mollema, De la Cruz, De Gendt, Herrada, Clarke, Amador, De Machi...

La escapada, pese a la oposición por detrás del Euskadi-Murias y el Astana, entró con tiempo de sobra por la puerta de Oiz. Abrió el Balcón. Fraile pisaba su tierra. Escuchaba su nombre. A todo volumen. Las rampas del 25% se le vinieron encima. De la Cruz, ya remando en la niebla, le puso ritmo. Quiso. Pero tampoco. Woods, Teuns y Majka le ganan en remate. Y, en ese infinito kilómetro final, a ciegas, Woods cerró los ojos. Pensó en sus cosas, en el hijo que no tiene, en la pena de su esposa, y a eso se agarró cuando ya no tenía piernas. Su huella fue la primera que quedó impresa en la Luna de Oiz. Material para la historia de esta Vuelta que Valverde le discutirá a Yates en Andorra.

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