Análisis

Messi apaga todos los fuegos

Leo Messi, al término del partido ante el Inter, con Arturo Vidal. /Reuters
Leo Messi, al término del partido ante el Inter, con Arturo Vidal. / Reuters

El capitán del Barcelona asume la responsabilidad en el césped para liderar una remontada ante el Inter y tiende puentes entre la plantilla y la directiva tras el incendio de Piqué

P. RÍOSBarcelona

Luis Suárez, ya pitado en el Camp Nou pese a sus números de pistolero letal; Arturo Vidal, uno de los jugadores menos apreciado por el entorno purista en cuestiones relativas al estilo; Ernesto Valverde, sin el cariño de los aficionados desde hace tiempo como castigo por Roma y Liverpool. Los héroes de la remontada del Barcelona ante el Inter fueron inesperados. El uruguayo, por sus dos goles cuando parecía peleado con el mundo. El chileno, por su aportación tras el descanso en lo que mejor sabe hacer: luchar de forma anárquica. Y el entrenador, porque con sus decisiones cambió el desarrollo de un partido que iba camino de drama.

Y además de los citados, Messi, en su versión más humana, sin pretemporada, sin entrenamientos, sin ritmo competitivo, saliendo de su segunda lesión muscular en dos meses, sin la chispa de siempre, con los dolores de sus 32 años. Completó su primer partido de la temporada tras haber jugado sólo media hora en Dortmund, la segunda parte en Granada y la primera ante el Villarreal. Acabó fundido, pero inventando una maravillosa jugada final para asistir a Suárez en el 2-1 definitivo. Todavía no ha cantado gol esta temporada y esta fue su segunda asistencia tras otra a Griezmann en Liga, pero hay detalles que a veces valen tanto como un 'hat trick'. Ver al mejor jugador del mundo dejándose la piel en la presión e implicado con el equipo con la humildad de un personaje secundario no tiene precio. Se sabía en inferioridad de condiciones físicas y aun así compitió hasta tener premio al final.

Messi fue el apagafuegos en el césped y también fuera de él. Con la madurez, el barcelonismo está descubriendo a un capitán de verdad, lanzando arengas con tranquilidad a sus compañeros en el descanso con 0-1 y saliendo a dar la cara ante los medios de comunicación al acabar el encuentro. Eso no tuvo nada de casual. Piqué había creado un incendio por voluntad propia, sin que nadie sospechara nada, haciendo público un cisma con la directiva por la doble gira veraniega a Japón y Estados Unidos, entre otras cosas.

El '10' tiene alergia a esas comparecencias tras los partidos en zona mixta, pero entendió que era el día para serenar ánimos y acercar posturas. Habló de giras «entendibles» por las necesidades económicas del club, pero no «ideales» para entrenar en una pretemporada. Un caramelo para cada uno y a otra cosa, como su supuesta mala relación con Griezmann. No es un secreto que el vestuario no recibió del todo bien al francés por su plantón un año antes, pero queda claro que todos quieren lo mismo: ganar la Liga de Campeones. El ex del Atlético no está brillando, pero trabaja en el campo como un juvenil que tiene que ganarse el respeto. Y el de Messi ya se lo ha ganado.

Eso sí, esta historia tiene un final feliz casi de milagro, porque el Inter pudo romperlo todo antes del descanso. Con una derrota, difícilmente hubiese salido Messi a matizar el lío de Piqué, Suárez seguiría señalado, Vidal sería un bulto sospechoso, el sacrificio de Griezmann sería invisible y Valverde peligraría. Al Barça le falta fútbol esta temporada. Con Messi ya recuperado quizás vuelva a ser un candidato a todo creíble.