Las montañas rescatan a Valentina

Valentina Fernández, el pasado domingo, en una parada durante la ruta del Cares./V. F.
Valentina Fernández, el pasado domingo, en una parada durante la ruta del Cares. / V. F.

La invidente es feliz en el monte, donde deja atrás una vida de obstáculos | La deportista de Ricabo se inscribió en enero en el Grupo de Montaña El Trasgu Andayón y cada domingo sale de ruta

ANDRÉS MENÉNDEZ

Valentina Fernández es la pequeña de siete hermanos. Nació hace cuarenta y un años en Ricabo (Quirós), en una pequeña casa, humilde, entre las montañas del Gamoniteiro y Peña Rueda. Su padre, Jose, minero, falleció cuando ella solo tenía nueve años. Todo el peso de la familia recayó sobre Adamina, su madre, ganadera, que se vio obligada a sacar adelante a toda la familia. Entre 'Vale' y Leónides, la mayor, hay 22 años de diferencia.

Desde niña ha convivido con la palabra despedida. Sus hermanos fueron abandonando el pueblo en busca de una nueva vida en la ciudad. Pero a Valentina siempre le ha gustado la montaña. Ella nunca quiso salir de Quirós. Cuando Adamina se quedó viuda, Longinos, su hermano favorito, se convirtió en un segundo padre. Nada le hacía tan feliz como la montaña ni tan protegida como con Longinos, minero como su padre.

'Vale', tímida desde pequeña, siempre ha querido ser profesora. La idea de cuidar niños nunca ha abandonado su cabeza. Ya fantaseaba desde que su subía al autobús que recorría los pueblos de Asturias y paraba en Barzana, donde acudía al Colegio Virgen de Alba. Por entonces su vida era de color.

Su cabeza, como los días, siempre se ha fragmentado en dos: en la mañana, la luz, y en la noche, la llegada de la oscuridad. Nunca le ha gustado la oscuridad. Quizás porque se dio cuenta que para ella, todavía, era. Cuando llegaba la noche, se le apagaba la vista. No veía casi nada. Recorrió Asturias entre hospitales, pero todos tenían la misma respuesta: «No se aprecia ningún problema». Tras muchos diagnósticos fallidos, Valentina y Amadina, ya desesperadas, llegaron al Hospital Villa de Langreo. Se hizo una última prueba. Días después, citadas en el HUCA, el doctor mandó a su madre pasar a la sala. Querían que fuera Adamina quien le comunicara a su hija que padecía retinosis pigmentaria. Que por eso la noche era más noche. Que algún día, bastante lejano, dejaría de ver.

Una tarde de marzo de 2011, Valentina se impacientaba en Ricabo a la espera de Longinos. Tenía el presentimiento de que algo terrible sucedería. Longinos, su hermano, su segundo padre, no llegaría nunca. Esa mañana la pasó en Rodiles para ayudar a un amigo, Tino, enfermo, y no podía explotar su negocio como ganadero. Horas después, regresando de Ricabo, a la altura de La Aguadina, su coche se precipitó por un terraplén de 30 metros. Fue la despedida más inesperada. Esa tarde no solo perdió a su hermano. También entró en una profunda depresión.

La tristeza se apoderó de su vista y aceleró la retinosis pigmentaria. A Valentina siempre le ha gustado leer. Pero las hojas se hacían interminables. «No sabía decir cuándo dejé de ver. No recuerdo muy bien el día, solo que todo pasó muy rápido», reconoce.

Nunca más recuperó la vista. La noche ahora también era de día. No era la única invidente en su familia. Su hermano Basilio nació viendo sombras. 'Vale' vivía a caballo entre Gijón, con Basilio, y Ricabo, con su madre, en la montaña. El 5 de mayo de 2014, el día de la madre, 'Basi', tan apasionado a la montaña como su hermana, por entonces miembro del El Trasgu Andayón, apareció muerto.

'Vale' entró en un túnel sin salida. Hasta que, a través de Facebook, conoció a Rafa, su acompañante. «Es increíble porque no sé cómo es, pero sé que me gusta. No necesito saber nada más», cuenta, emocionada, sentada a su derecha. Rafa y la montaña le salvaron la vida. Desde hace tres años él pone los ojos en la vida de Valentina.

En 2016, juntos, subieron el Pico Pienzu. «La montaña me recuerda a Ricabo. No puedo ver, pero disfruto del paisaje», reconoce. En enero, ambos se han inscrito en el Grupo de Montaña El Trasgu Andayón. Cada domingo salen de ruta. «Desde el lunes solo pienso en que llegué el domingo para salir de ruta». 'Vale', forjada en las montañas, ha sorprendido por su capacidad para escalar. «Todos están alucinando con ella. A veces parece que puede ver. Destaca más que mucho y es valiente», explica, entre risas, Rafael, que ha logrado rescatar la vida de Valentina: «Es plenamente feliz en la montaña».