Arcelor endurece los recortes mientras China aumenta su producción de acero un 10%

Arcelor endurece los recortes mientras China aumenta su producción de acero un 10%
D. ARIENZA

La sobrecapacidad del gigante asiático, apoyada por las ayudas públicas, tira los precios y lastra la competitividad de las plantas asturianas

P. LAMADRIDGIJÓN.

La guerra comercial que mantienen Estados Unidos y China provoca alteraciones en el ritmo del corazón industrial de Asturias. Las medidas proteccionistas adoptadas por ambos gobiernos causan daños colaterales que repercuten principalmente en la siderurgia. Por un lado, el cierre del mercado americano -Donald Trump decidió imponer aranceles al acero y al aluminio extranjero en 2018- favorece la entrada en Europa de productos procedente de países como Turquía, Rusia y la propia China, que no tienen que pagar derechos de emisión de CO2 y se benefician de costes más baratos. La consecuencia directa de esta entrada de acero 'sucio' en el viejo continente es un exceso de la oferta y el desplome de los precios.

Por otra parte, este incremento de las importaciones destinadas a Europa está íntimamente relacionado con la sobrecapacidad del gigante asiático para producir acero y aluminio, favorecida por las ayudas que reciben las compañías del sector por parte del Gobierno. Una tendencia que no parece que vaya a revertirse en un futuro cercano. Buena prueba de ello es que la producción de acero se incrementó casi un 10%, hasta llegar a 492 millones de toneladas, en el primer semestre en comparación con el mismo periodo del año anterior, según datos de la Asociación del Hierro y del Acero de China (CISA). Mientras que China incrementa su producción, las compañías siderúrgicas europeas se aprietan el cinturón. De hecho, Arcelor ha endurecido los recortes previstos para este año, que afectan a las plantas de Gijón y Avilés. La multinacional siderúrgica prevé que la demanda de acero experimente «una contracción de entre el 1% y el 2% en Europa». Ante esta debilidad y los elevados niveles de importaciones, Arcelor ha decidido adoptar nuevas medidas encaminadas a ajustar los niveles de producción.

Es decir, que prevé recortar aún más el porcentaje de productos que sale de sus plantas en el viejo continente. Se suma así a los ajustes anunciados en mayo, cuando comunicó una rebaja en la producción de acero de 3,2 millones de toneladas: 700.000 en Asturias, 1,5 en Cracovia (Polonia) y un millón en la factoría italiana de Ilva. El recorte adicional, hecho público el pasado 1 de agosto en la presentación de resultados del primer semestre, se incrementará en un millón de toneladas, hasta los 4,2 en el conjunto del año. Por el momento, se desconoce dónde se va a aplicar el tijeretazo. Las plantas asturianas han registrado un aumento de la producción «puntual y leve» por los problemas que enfrenta la factoría de Ilva, que Arcelor compró el año pasado. Coyunturalmente, se ha pedido a varias instalaciones europeas que incrementen su producción en cantidades muy pequeñas.

Acción «urgente»

Ante este panorama, el presidente de Arcelor, Lakshmi Mittal, urgió a las autoridades europeas a solventar «la ineficacia de las medidas de salvaguardia» tras revelar unas pérdidas cercanas a los 30 millones de euros en la primera mitad del año. Ya en junio, 45 directores ejecutivos de las empresas del acero europeas hicieron pública una carta abierta en la que reclamaban una acción «urgente» para ayudar a esta industria ante los efectos distorsionadores del mercado y advertían de que están en peligro miles de empleos.

Entre las cifras aportadas en la misiva destacaba la relativa a las importaciones, que se han más que duplicado desde 2013, hasta llegar a casi 30 millones de toneladas con la imposición de aranceles por parte de Estados Unidos, mientras que la demanda de acero en la Unión Europea (UE) ha aumentado solo marginalmente desde 2013 y se espera que caiga en 2019.

En este contexto, señalaron que «el rendimiento económico de la UE está fallando» y, a la vez, alertaron de que el sector sufre el alza de los precios de las materias primas y la energía, que «son altos y volátiles», y los costes extra de los derechos de emisión, que también se han disparado.