Ribera pide a la UE medidas de protección para las eléctricas españolas frente a Marruecos

La ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera. / EFE
La ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera. / EFE

En una carta a Cañete, la ministra advierte de la desventaja competitiva que supone que las empresas del país magrebí no paguen por contaminar

LAURA CASTRO GIJÓN.

La ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, reconoce que la importación de energía producida en las centrales térmicas de Marruecos supone un problema de competitividad para las empresas eléctricas españolas. Y así se lo hizo saber al comisario europeo de Acción por el Clima y Energía, Miguel Arias Cañete, el pasado mes de febrero a través de una carta en la que solicitaba a la Unión Europea que arbitrara medidas de protección. «A raíz de la entrada en funcionamiento de plantas de generación eléctrica a partir de carbón en Marruecos, las plantas españolas que queman combustible fósil se encuentran en una situación de posible desventaja en su competitividad ya que deben soportar los costes de emisiones de CO2 frente al precio cobrado por instalaciones extracomunitarias que no internalizan el coste de CO2», detallaba Ribera en su misiva. Aún no ha recibido respuesta, pero fuentes ministeriales aseguran que el tema «está en la mesa de la Comisión Europea».

Asimismo, el secretario de Estado de Energía, José Domínguez Abascal, remitió una carta al presidente de la Comisión Nacional de los Mercados y La Competencia (CNMC), José María Marín Quemada, informando de «los posibles efectos adversos» que tendría instalar una tercera interconexión con Marruecos. En ella transmitía su preocupación por «el precio del mercado ibérico de la energía, los costes regulados y peajes, las necesidades de inversión en refuerzo, los mecanismos de gestión de la interconexión, las emisiones de CO2 y el efecto sobre la competencia en generación eléctrica entre los dos países». No obstante, desde la CNMC aseguran que no tienen potestad para invervenir en este caso.

Hasta finales del pasado año, era España quien exportaba energía producida con renovables a través de estas interconexiones. Sin embargo, en noviembre de 2018 se invirtieron las tornas, coincidiendo con la puesta en marcha en el país magrebí de dos nuevas centrales térmicas. La más grande de ellas, la de Safi, a 250 kilómetros de Casablanca, consume cada día 10.000 toneladas de carbón y emite más de 20.000 toneladas de CO2. Y juntas, ambas instalaciones emiten gases contaminantes con una intensidad 3,5 veces superior a la de España, según denuncia la Red de Apoyo Mutuo en respuesta a los Megaproyectos Energéticos (RED), integrada por medio centenar de asociaciones medioambientales y ciudadanas.

Marruecos no tiene una política ambiental como la europea y de hecho sus empresas no pagan por emitir CO2 en su proceso productivo y pueden así vender la energía a un precio muy inferior al que tendría en España. Por tanto, al mercado mayorista nacional (pool) le resulta más económico comprar la energía marroquí en lugar de la española.

No obstante, el conflicto va más allá de la mera competitividad, pues España trata de cumplir con los ambiciosos planes de descarbonización -más exigentes, incluso, que los marcados por la Unión Europea-, mientras que importa energía producida en Marruecos con los mismos recursos fósiles que pretende erradicar. Es «un ejemplo paradójico, pero no sorprendente» de las consecuencias de las políticas «ambientalistas bienintencionadas», criticó el consejero de Presidencia, Guillermo Martínez, ayer al término del Consejo de Gobierno.

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