«Aunque ahora no hay Uber o Cabify en Asturias, llegará»

ManuelParrondo, junto a su taxi, en la concentración ante la sede del Ministerio de Fomento, en la Castellana./P. P.
ManuelParrondo, junto a su taxi, en la concentración ante la sede del Ministerio de Fomento, en la Castellana. / P. P.

Manuel Parrondo, natural de Luarca, es uno de los taxistas concentrados en el Paseo de la Castellana contra la «especulación de las licencias VTC»

PABLO PARACUELLOS

Manuel Parrondo tiene 58 años, es de Luarca pero trabaja desde hace más de veinte como taxista en Madrid. Voló del Principado cuando tenía 21, al acabar la mili, y lleva dos días con su taxi aparcado en pleno Paseo de la Castellana, frente al Ministerio de Fomento, desde que empezó la huelga. «Y estaré toda la noche, hasta que no quede nadie; y mañana, seguiré», añade. De hecho, Manuel no tiene pensado moverse hasta que los taxistas estén convencidos de que se ha llegado a una solución. Una solución, según explica, tan sencilla como hacer que se cumpla la ley. Por un lado que se regularice la normativa que establece un límite de una licencia de Vehículo de Turismo con Conductor (VTC) por cada treinta taxis. Y por otro, el hecho de que «licencias VTC concedidas en otras comunidades, como la propia Asturias, trabajen ilegalmente en Madrid», explica este luarqués viudo y con un hijo de 30 años.

Parrondo asegura que su experiencia como taxista es «buenísima» y que le hace feliz, pero el problema de las licencias VTC, «que viene arrastrado de hace tiempo», pone en riesgo el sustento de su familia. También, por extensión, peligra el trabajo de sus compañeros, «muchos de ellos muy jóvenes y que se han empeñado comprando una licencia de taxi para los próximos diez o quince años», lamenta Parrondo. La alternativa, según él, es «un mísero salario de 800 o 900 euros» como los que cobra un conductor de Uber o Cabify, y que, «como mucho» suelen aguantar dos meses contratados.

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Pero Parrondo matiza que el problema de esta huelga «vital para los taxistas» no es culpa de los conductores, «sino de los dueños de las aplicaciones que pretenden barrer al gremio de España para poner los precios que ellos quieran». También recuerda Parrondo que, en su día, hubo taxistas que, «para hacerse ricos», compraron muchas licencias VTC por su precio habitual de unos 30 euros y más tarde las revendieron por más de 60.000. «Se ha especulado con las licencias VTC, y esto también hay que condenarlo», sentencia.

A sus compañeros de Asturias les recomienda que hagan huelga porque «aunque todavía no haya coches de Uber o Cabify allí, llegarán» y que si no luchan ahora, para cuando lo hagan será, a su juicio, demasiado tarde.

 

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