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Cien años dan para mucho

Cien años dan para mucho

Ángel Rodríguez Ortea lleva 35 años al frente del bar Ortea de Tudela Veguín

MILIO'L DEL NIDO

Tudela Veguín es un pueblo tranquilo, demasiado tranquilo para el gusto de Ángel Rodríguez Ortea, ahora al frente de un negocio a punto de cumplir cien años desde su esquina de la calle Paulino García, 45, en la antigua carretera Oviedo-Laviana.

«Mi abuelo se fue de emigrante a California y tras unos años allá se vino a buscar a su mujer y al hijo que tenían, ya había hecho algo de capital y se encontraba bien allá, pero enfermó su madre y se quedó para cuidarla. Aquí, en su pueblo, abrió tres negocios, una tienda, un bar, y un salón de baile, que pasados los años heredaron sus hijos. La tienda y el salón ya hace años que cerraron, ahora sigo yo, su nieto, al frente del bar, desde 1981, acompañado por mi mujer Chefi».

«El pueblo cambió muchísimo por la crisis, pero no esta de ahora, aquí empezó en los años 60 del siglo pasáu. Teníamos mines, fábrica de hidrocarburos, hornos de Coke, serrería industrial, caleros, cerámica, ahora solo nos queda la cementera, con la agravante de que antes trabajaba en ella mucha más gente y de aquí, dando vida al pueblo, ahora los pocos que son trabajan a turno continuo, traen la comida de casa y cuando termina su horario cogen su coche y desaparecen, en el pueblo solo queda el polvo y los malos olores». Para Ángel, «lo que es una pena es la alternativa que surgió, el polígono industrial, aparte de que está semi vacío, le gente llega con su coche y se va en él, para el pueblo no representa nada «.

Aunque se crió detrás de la barra, «no trabajé en ella hasta que me casé, primero estuve estudiando Derecho, pero lo dejé cuando estaba en tercero, porque tenía muchas actividades: fui secretario de la asociación de vecinos y en el club cultural organizábamos de todo; luego, desde el bar hicimos excursiones por toda Asturias y fuera de ella. Una vez llevamos tres autocares, dos grandes y uno pequeño, para hacer un recorrido por los Picos de Europa, desde Fuente De a Poncebos. Por el verano recorríamos toda la costa y en el invierno, la montaña. Fuera de la provincia, fuimos a ver las grullas a Villafáfila, el museo del Botijo a Toral de los Guzmanes en León no parábamos», comenta nostálgico.

«Mi mujer y yo viajamos todo lo que pudimos, primero con el chaval que tenemos, que es ingeniero informático, y otras veces solos, recorrimos muchos países del Mediterráneo, Túnez, Egipto, Grecia, Croacia, Italia, en el último que hicimos recorrimos el Tirol alemán».

En el bar trabajan «muy bien las comidas», aunque tienen la clientela por tandas: «Los paisanos echan la partida hasta las cuatro, luego vienen les muyeres que jueguen al parchís hasta les nueve y a partir de ahí, los chavales a comer pizzas».

Mirando al futuro «lo ve mal». Este año tienen La Ascensión, q pero sería mejor, dice, que «se acabara creando un recinto ferial permanente, que Oviedo no tiene, y aquí hay espacio de sobra, bien comunicado». Tras la barra sigue Ángel, con cien años de historia, soñando futuro.

 

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