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«Un vino joven bien elaborado da tanto placer como uno caro»

Gregory Pérez presentó sus vinos en Asturias./
Gregory Pérez presentó sus vinos en Asturias.

enólogo

ALBERTO PIQUERO

Nacido en tierras vitivinícolas de Burdeos, Gregory Pérez se diplomó en la Escuela de Enología y Viticultura de Burdeos Blanquefort. Sus primeros trabajos fueron en Château Grand-Puy Lacoste y, sobre todo, en Château Cos dEstournel. Pero un día quiso ampliar horizontes y los encontró en una viña en Espanillo (El Bierzo) que le enamoró. Corría el calendario de 2001. «Pensaba quedarme un año o dos», dice con humor. Y tres lustros después, ahí sigue. Esta semana presentó las últimas añadas de Brezos y Mengoba en Conde Prendes (Siero).

¿Qué le inclinó hacia el mundo del vino?

Donde nací es zona vitivinícola. Y siempre me gustó. Desde pequeño, para poder ganar un duro (la ascendencia española está muy presente en todas sus expresiones), hacía podas y me ocupaba de los sarmientos en las viñas.

¿Y qué le acaba trayendo a las tierras de El Bierzo?

En estas cosas, Francia es muy cuadriculada. Yo trabajaba en bodega y no pisaba la viña, cada función iba por su lado. Y a mí me apatecía estar en todo el proceso, desde la poda al embotellado. Así que algunos amigos, con los que colaboré al principio, me orientaron para quedarme en El Bierzo. Y a partir de 2007, inicié mi propio proyecto.

¿Qué extensión tienen sus viñedos actualmente?

Cinco hectáreas, divididas en cincuenta y cuatro parcelas. Un típico minifundio de El Bierzo.

Y la tarea la desarrolla por completo de manera artesanal...

Es un terreno muy desigual en el que no pueden trabajar los tractores, con una separación de un metro y veinte centímetros entre cepa y cepa. Tuve una pareja de bueyes y ahora dispongo de un tractor-oruga. Pero, sí, el trabajo se realiza manualmente.

¿Qué tipo de suelo hay en esas hectáreas?

Muy variado, desde las pizarras descompuestas a las arcillas, lo que favorece distintas maduraciones y una complejidad positiva. Hay suelos que ofrecen peculiaridades en una misma parcela.

Se dice, además, que usted es muy respetuoso con el ecosistema...

Lo más respetuoso posible. Y estoy plantando tomillo, lavanda... U organizando colmenas. Es verdad que en ocasiones, has de tratar el viñedo como se le proporcionan antibióticos a un enfermo. Pero no con productos sistémicos. Y, desde luego, los herbicidas ni tocarlos.

¿Cuál es el destino de su producción, nacional o internacional?

Hasta 2014, el noventa por ciento iba para fuera. Pero el año pasado ya incrementamos un treinta por ciento la venta nacional.

¿Cuáles son las caracterísiticas de los vinos que ha traído a esta cata, entre los que están el godello, doña blanca, mencía, alicante y garnacha?

Hay vinos jóvenes, frescos, de buena acidez y muy afrutados, lo que en Francia llamamos vinos de sed, fáciles de beber. Y está el tinto de Mengoba, de 2014, con mayor complejidad. O el Mengoba godello de 2015, que es una primicia, con la justa tanicidad y estructura.

¿Nos recomienda el mejor modo de disfrutar de un vino?

Depende del momento. Yo que he pasado el día de hoy cerca del mar, disfruté mucho de un rosado fresquito. Si por el medio te comes un chuletón, viene bien un tinto. Y si es una tapa o un pescado, mejor un blanco o un rosado. Lo que se puede asegurar es que un vino joven bien elaborado da tanto placer como un vino caro.

 

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