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«No queremos televisión ni máquinas tragaperras»

«No queremos televisión ni máquinas tragaperras»

Cocina 'gourmet' y treinta referencias en la carta de vinossuponen la nueva apuesta de un establecimiento con historia

Jessica M. Puga
JESSICA M. PUGAGijón

La historia de la hoy Vinoteca Casa Velarde (Bustio, Ribadedeva) empezó hace 150 años. El negocio se abrió en 1868, siendo fonda, ferretería y abacería en función de las necesidades. Casa Velarde cerró en 1986 al no haber sucesor que mantuviera su historia. Hasta ahora. Guillermo Fernández Ursueguía (natural de Narganes, Peñamellera Baja) ha recogido el testigo y reabierto el establecimiento convirtiéndolo en vinoteca. El actual propietario, que además del nombre ha mantenido parte del esqueleto del local, quiere hacer de él un hervidero cultural.

Una historia para recordar. «En 1850, se hizo el puente de madera sobre el río Deva, el cual colocó a Bustio como parada de la ruta que unía Llanes y Potes. Para aprovechar el tirón, en 1868 se funda la Casa Velarde, que sirvió de fonda hasta el comienzo de la guerra. Se quedó mucha gente ilustre; hay varios libros y fotografías que lo prueban. En 1926, dieron de alta el establecimiento como ferretería al por menor, en donde se podía encontrar desde menaje de hogar a alimentación, lo que hoy consideraríamos una abacería. Cuando fallecieron los Velarde, la casa la cogieron Quinito y su hermana Lola Pereda. Fue él quien se encargó del negocio. Lo cerraron en 1986».

El bacalao del oriente. «En el bajo de la casa montaron la abacería, en la que vendieron de todo, desde carbón a toda clase de semillas y legumbres a granel. Pero de todo lo que salía de la tienda, lo principal fue el bacalao, producto que traían desde Irún procedente de Irlanda. Encontré papeles que lo prueban, y es que era de Velarde, de Bustio, de donde salía todo el bacalao que se degustaba de Llanes a Potes».

Siglo XXI. «Yo estaba pintando la casa a principios de 2013 cuando un coche tiró a la dueña, a Lola, que tenía 95 años, y se rompió el brazo. A los 15 días, cayó otra vez dentro de casa y ya le dijeron que había que buscar una solución porque sola no podía estar, así que o metía a alguien a cuidarla o se tendría que ir a una residencia, a lo que ella era muy reacia. Yo, que le daba la medicación cada ocho horas, me ofrecí a quedarme porque me daba igual, vivía solo en Narganes. La cuidé hasta el final, hasta que falleció en enero de 2017. Me lo dejó todo y ya entonces estaba la obra en marcha. Ella fue laque me mandó poner otra vez el cartel en la fachada con la condición de mantener el nombre. Hay más cosas originales: vigas vistas, algunas paredes en piedra, los suelos y parte del mobiliario».

Nuevos aires. «Abrí la vinoteca el viernes 13 de julio a las 13 horas. No soy nada supersticioso. Era pintor y lo mismo pasaba por debajo de la escalera que por encima (Ríe). Lo que damos de comer en Casa Velarde es muy sencillo, pero muy bueno y de excelente calidad. Nos asesoró Aramburu. Servimos, por ejemplo, ensalada de virutas de foie y jamón ibérico y carrilleras ibéricas guisadas con setas y pimientos. También, tostas, empanadas, anchoas y quesos de las dos peñamelleras. Tenemos 25 clases de vinos: Monasterio de Corias, Albariño, rosado de Navarra, Ribera del Duero, riojas, un Toro, vermú de solera... También refrescos, carta de infusiones frías y calientes y, ahora, carta de chocolates para dar meriendas».

Revolución cultural. «Quiero un local diferente enfocado a la cultura. No tenemos televisión, solo hilo musical, y tampoco máquinas tragaperras ni de tabaco. Ni las queremos. Creo que no contar con ellas es una forma de facilitar la conversación. La televisión muchas veces solo genera crispación. El día 3 pasará por Bustio la gira Le Piano Du Lac; sus responsables entraron a ver el piano que tenemos en la casa, que tiene 150 años y está bien afinado. Mi idea es lanzar 'los viernes de Velarde' con música en vivo. También quiero tener alguna exposición de artistas locales, presentaciones de libros, charlas, poesía, coloquios...».

Más que un restaurante. «También vendemos legumbres, harina de maíz, conservas, sidra... Y traeremos miel y mermelada. Quiero ofrecer el máximo de productos asturianos porque, aunque estamos en el límite de la comunidad, es en ella en la que pagamos los impuestos. También tenemos sobaos y corbatas de Unquera, pero comercializados desde Asturias. Menú del peregrino aún no lo tenemos oficial, pero estamos en ello. Aún así, quienes vengan acreditando su objetivo, tendrán sello».

 

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