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«Ahora cuesta encontrar platos tradicionales en los restaurantes»

La cocinera María Teresa Camacho, en el comedor del Bar Camacho. /SUSANA SAN MARTÍN
La cocinera María Teresa Camacho, en el comedor del Bar Camacho. / SUSANA SAN MARTÍN

Maria Teresa Camacho Ruiz, cocinera del Bar Camacho, nueva guisandera del club: «Lo que jamás cambiaría de mi establecimiento es el nombre, porquees el bar de mi padre, me da igual que suene poco glamuroso o que no pegue»

Jessica M. Puga
JESSICA M. PUGAGijón

Era un sueño que veía inalcanzable, «como cuando te dicen que puedes ganar unas olimpiadas, pero no te lo terminas de creer del todo», compara María Teresa Camacho Ruiz (nacida en Oviedo un invierno de 1963), la recién elegida nueva guisandera del club asturiano, la número 23 en activo. No ha sido fácil entrar, de hecho, han pasado dos años desde la primera vez que Yvonne Corral, de Casa Telva (Valdesoto, Siero), propusiera su nombre. Ahora, por fin, tanto María Teresa como su Bar Camacho (Anieves, Oviedo) forman parte de un grupo de cocineras que trabaja a diario para que no se pierdan las recetas tradicionales.

Vuelta a casa. «El Bar Camacho lo abrió mi padre en Anieves hace muchos años. Yo me crié en él, viendo a los clientes y aprendiendo la labor de mis padres. Cuando eran ellos los que estaban al frente, el establecimiento funcionaba más como bar al uso, aunque mi madre servía menús del día y ese tipo de cosas. Tras casarme, me fui con mi marido, Eugenio, a trabajar fuera de Asturias. Vivimos en otras provincias hasta que mi suegra se quedó viuda. Entonces estábamos viviendo en Barcelona y ambos teníamos ya muchísimas ganas de volver a casa. Mis padres se habían jubilado y cerrado el bar y nosotros sentíamos que era la hora de volver, y fue lo que hicimos».

Nuevos tiempos para el Bar Camacho. «Reabrimos el Bar Camacho en 2012 con la idea de hacerlo más restaurante que bar, pero fuimos poco a poco cambiando el modelo de negocio, a medida que las demandas de comedor iban aumentando. Mi madre tenía una sala de trabajo que nosotros acondicionamos como comedor cuando el negocio se fue quedando pequeño. Aunque tenemos una puerta externa que da acceso directo a las mesas, nos acostumbramos a que los clientes pasen por dentro, aun atravesando la cocina. Algunos se sorprenden, pero otros ya están acostumbrados a entrar y vernos guisando o fregando los cacharros. Para mí el negocio es mi casa, de verdad. Esta es una prueba. Lo que jamás cambiaría es el nombre porque es el bar de mi padre, me da igual que suene poco glamuroso o que no pegue».

Festín de callos. «Mi madre cocina muy bien, aún hoy viene por el bar a organizarme todo (Ríe). Cuando mi padre abrió el negocio, ella preparaba algunos platos porque había mucha demanda de aquella. Su receta de los callos es famosa en Asturias y tiene una historia muy bonita. La fórmula se la enseñó una señora que se llamaba Eugenia y había tenido un bar hacía años. El mismo día que transmitió su legado, ya cuando el sol se había ido, la mujer falleció. Los callos empezaron a venderse muy bien, hasta llegaban al Club de Tenis de Oviedo y a Madrid, y eso que en la elaboración no tienen nada especial. No llevan ni chorizo ni morcilla, solo callos, manitas, jamón, pata de ternera y pimentón de la Vera. El único truco es dedicarle tiempo».

Sueño hecho realidad. «Entrar en el Club de Guisanderas de Asturias fue un milagro. A mí me gustaban de siempre, la cocina que defienden es la que yo hago y me gusta comer. Pero entrar, por considerarlo inalcanzable, era más un sueño que un plan. Cuando conocí a Yvonne de Casa Telva me dijo que yo tenía que ser guisandera, que me iba a proponer, que es la única posibilidad de entrar. Me hizo una ilusión tremenda. Pasados dos años, lo consiguió. La noticia la recibí como una locura, como uno de los mejores regalos de la vida, sin duda».

Guisandera en primera persona. «Soy la guisandera en activo número 23, que es mi número: yo nací el 3 del tres de 1963. Qué más puedo pedir, es el destino (Ríe). Tengo muchas ideas que aportar al club. Veo muchas posibilidades en las redes sociales. Las guisanderas participan en muchas actividades y creo que estas son un buen lugar para difundirlas. Lo próximo que haremos es un nuevo libro, que ya está casi listo a la espera de publicación. Este verano estará listo. La juventud viene pisando fuerte, y muchos apuestan por tendencias novedosas. Ahora cuesta encontrar platos tradicionales en los restaurantes, comer hígado encebollado es hasta difícil».

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